Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

“NO MIREN ARRIBA” (“DON’T LOOK UP”) – NETFLIX

Con gran ferocidad y poca mesura es como el director y guionista Adam McKay prosigue con la desacralización del sistema político norteamericano y los modelos culturales que este siglo se han nutrido como nunca del consumo de información a lo tarugo por esos canales ídem que son las redes sociales y el desmedido culto a la personalidad con esta jocosa rabieta que es “No Miren Arriba”, producción de Netflix que se añade a la placa de Petri con que el director ha procurado analizar mediante un microscopio narrativo deudor de Kubrick y su “Dr. Insólito” o la ácida pluma de Paddy Chayefsky las pueriles, inauditas y casi surrealistas aristas que definen la estructura gubernamental e ideológica de su nación destripando con su cámara de óxido todas las fallas y humoradas involuntarias que sus “líderes” aseguran son estrategias estadistas. En esta ocasión McKay se separa de sus adaptaciones a hechos históricos como el crack bursátil de hace lustros (“La Gran Apuesta”) o figuras políticas ominosas y manipuladoras (“El Vicepresidente: Más Allá del Poder”) para generar una especulación de índice alegórica sobre un colosal cometa que se dirige a nuestro planeta. El descubrimiento lo realizan un astrónomo brillante pero de cobarde contextura burguesa llamado Mindy (Leonardo DiCaprio poniendo en práctica el histrionismo inteligente que le enseñó Scorsese) y una joven idealista llamada Dibiasky (Jennifer Lawrence), percatándose de que las dimensiones del cuerpo celeste son tales que exterminarán toda vida en nuestro planeta al contacto. Apoyados por el científico de la NASA Teddy Oglethorpe (Rob Morgan) tratan de advertir a su gobierno pero sólo se topan con un muro de incredulidad y mediocridad, pues la presidenta Orlean (Meryl Streep), republicana de la misma cepa que Trump, y su secretario e hijo Jason (Jonah Hill) tienen sus prioridades en las primarias y no creen en el cometa. Al darse cuenta que la Casa Blanca está regida por idiotas, acuden a la televisión tan sólo para encontrar el mismo resultado por parte de dos famosos presentadores (Cate Blanchett y Tyler Perry) más interesados en el romance entre dos artistas chatarra (interpretados con cierta malicia por parte de McKay por Ariana Grande y Kid Cudi) que en el inminente armagedón. Poco a poco la misión por informar al mundo de la catástrofe sufre una metamorfosis cuando Mindy se ve seducido tanto por el personaje de Blanchett como por la cultura del establishment convirtiéndose en celebridad, mientras que Dibiasky se aferra a sus convicciones prefiriendo el exilio antes que traicionar sus ideales en pos de la autenticidad y la justicia, culminando con una relación improvisada con un joven callejero (Timothée Chalamet) que le cree ciegamente. Además del cometa como metáfora del cambio climático y la exposición del gobierno gringo como mezquino, pueril y de paroxismo capitalista (una escena muy hilarante muestra a un general de los EE.UU. vendiéndoles agua y frituras a los astrónomos en el Capitolio cuando en realidad son gratis), la película también retoma aquello escrito por Mario Vargas Llosa sobre que “En la civilización del espectáculo, el intelectual sólo interesa si sigue el juego de moda y se vuelve un bufón” que es justo lo que le sucede a Mindy, acentuando el poder que actualmente posee un millón de “likes” sobre la consciencia comunal. McKay le dispara a todo lo que se mueva en la cultura globalizada, incluyendo a los plutócratas tecnológicos que amasan fortunas vendiendo tecnología que favorece la despersonalización o el abandono de elucubraciones propias como la han hecho Zuckerberg o Musk en la forma de Peter Isherwell (el genial Mark Rylance), quien se ha aliado con la presidenta Orlean para manipular todo el proceso mediático sobre el cometa a su favor. “No Miren Arriba” es un discurso tan homogéneo y honrado que por ello incomodará a muchos, desconcertará a otros y desanimará a casi todos por un manejo del humor más bien negro y no complaciente, pero ésa es la idea y gracias a su efectiva dirección y un reparto coral muy logrado añade otro trozo al pavimento que crea un camino alterno al de una humanidad que marcha tan campante al suicidio ambiental e intelectual.

“OJO DE HALCÓN” (“HAWKEYE”) – DISNEY+

Después de la seriedad y relativa pompa con que la Disney se tomó a los personajes del Halcón y El Soldado del Invierno en su propia serie -tal vez por su nexo con otra figura de respeto en Marvel que es el Capitán América- da gusto ver que en el proyecto televisivo en solitario para el infalible y mordaz arquero de los Vengadores conocido como Ojo de Halcón (Jeremy Renner disfrutando como nunca el rol) las cosas se han relajado al punto que este proyecto no solo se aprecia como una obra eminentemente ‘comiquera’ por su ritmo, lenguaje y narrativa, sino permite que sus personajes crezcan un poco más añadiendo ciertas capas de lectura a sus motivaciones e incluso con bienvenidos adendos como es la también saetera Kate Bishop, interpretada de maravilla por Hailee Steinfeld. La estructura es igual de afortunada, pues tenemos como marco la ciudad de Nueva York en plena época navideña donde Clint Barton -alias Ojo de Halcón- pasa tiempo de calidad con sus hijos hasta que conoce a Kate, una vez que ella viste más a fuerzas que de ganas el atuendo de Ronin, alter ego de Barton cuando media humanidad desapareció cortesía de Thanos y su chasquido. La trama se espesa cuando Jack (Tony Dalton), pretendiente de la madre de Bishop (Vera Farmiga), parece estar detrás de un complot criminal que involucra a una jocosa mafia rusa vestida en trajes deportivos y a una mercenaria sordomuda llamada Maya (Alaqua Cox) sin saber que otra figura no ajena al Universo Marvel es la que mueve los hilos. El armazón del argumento se construye mediante la probada y aquí bien aplicada dinámica de la “pareja dispareja” con toques de “figura paterna substituta”, pues mientras Barton hará todo lo posible por resolver esta situación viéndose apoyado por los talentos con el arco y flecha de Bishop, ella tratará de subsanar la pérdida de su padre años atrás cuando los Chitauri invadieron Nueva York en la primera cinta de “Los Vengadores” (y donde vio a Clint en acción por primera vez mientras salvaba al mundo de esta amenaza, inspirándola a mejorar) auxiliando y tratando de entender a este héroe que se vale de sus recursos y humanidad en lugar de depender de superpoderes. Esto no solo aproxima al espectador al protagonista, también enaltece al personaje femenino y crea una sinergia entre ambos similar al de padre e hija mientras Clint añora regresar con su familia a tiempo para Navidad. “Ojo de Halcón” mantiene un correcto equilibrio entre episodios destinados a la caracterización y aquellos de acción pura (una persecución en el puente a Manhattan es simplemente excelente), las actuaciones de Renner y Steinfeld y un trabajo de producción digno de la pantalla grande hacen que esta serie dé sin problema en el blanco.

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