Por Juan Pablo Martínez Zúñiga

“INFINITO” (“INFINITE”) – PARAMOUNT+

Después de ver esta película, sólo hay una cosa que queda clara: a Mark Wahlberg le importa un pepino su carrera. Habiéndose construido una personalidad fílmica mediante personajes anodinos en cintas que explotan su apariencia cotidiana (o tan cotidiana como Hollywood lo permite) donde su paso de sujeto ordinario a fulano asombroso este ex rapero ya se la lleva en automático e “Infinito”, su más reciente trabajo estrenado derechito en plataforma de streaming (de seguro a la Paramount le llegó el tufo a bodrio antes de siquiera considerar un estreno en salas de cine) no hace más que patentizarlo. El otrora “Marky Mark”, cuando quiere, se suma a proyectos interesantes donde nos demuestra que tiene el talento suficiente para destacar como un actor de carácter, pero cuando no (que es la mayoría de veces) nos castiga con películas como ésta donde se trabaja una premisa descabellada y mal trabajada: ¿Qué pasaría si todos recordáramos nuestras vidas pasadas? Bueno, lejos de urdir una trama que retome las especulaciones sobre la reencarnación platónica o budista, la película busca tomarnos el pelo con una enmarañada trama sobre dos facciones en perpetua guerra, una denominada “Creyentes” que busca mejorar a la humanidad y al planeta con el conocimiento acumulado por siglos (y en vista de cómo están las cosas, hasta ahora su desempeño ha sido pésimo) y otra conocida como “Nihilistas”, ya que buscan la obliteración global simplemente porque están cansados de reencarnar (¿?). Wahlberg interpreta a Evan McCauley, un sujeto adicto a los ansiolíticos y otros medicamentos por tener diagnosis esquizofrénica y vivir en la miseria, aun cuando tiene la impresionante habilidad de forjar espadas con un filo y temple impresionantes que intercambia por pastillas (el por qué no las vende considerando su calidad y valor en el mercado es uno de los muchos detalles irresueltos que se pasan por alto en un guion donde la lógica elemental no es prioridad). Este lastimoso modus vivendi cambiará cuando es reclutado por Nora (Sophie Cookson), una “Creyente” que le hace ver a McCauley la realidad sobre sí mismo, pues resulta que en una de sus vidas pasadas fue un impresionante guerrero llamado Treadway, además de conocer el paradero de un dispositivo mágico denominado “El Huevo” (incluso tiene la forma) construido generaciones atrás por Bathurst (un Chiwetel Ejiofor muy requerido de que lo salven de roles como éste), líder de los “Nihilistas” que desea acabar con toda la vida en el planeta nada más por su deseo de no reencarnar. Lo curioso es que además este villano de serial ha creado una bala especial capaz de sustraer el alma de quien se le dispara y atraparla en un dispositivo de alta tecnología, lo que sería la solución perfecta para su predicamento pero, como ya escribí, la lógica en esta cinta es un callejón sin salida. Y así es como la lucha entre ambos bandos se desarrollará con Wahlberg como “El Elegido” y Ejiofor como antagonista que recita diálogos de matiné.
“Infinito” no puede siquiera manejarse a un nivel básico de entretenimiento ante el reciclaje ad nauseam de toda fórmula y construcción de secuencias de acción muy vistas sin procurar la confección de un universo interesante o capaz de identificarse a sí mismo de entre tantas cintas similares, así que simplemente nos quedamos con una película cuyo factor de aburrimiento se extiende casi hasta el infinito.

“S. O Z. – SOLDADOS O ZOMBIS” – AMAZON PRIME VIDEO

Uno de los grandes problemas con el que se topa cualquier proyecto de género fantástico en nuestro país es que siempre estará sujeto a comparaciones odiosas con aquello que le precedió en cine o televisión en cuanto a temas o tramas (aceptémoslo, en México todo aquello circunscrito al cine de horror, fantasía o ciencia ficción es producto de la inspiración provocada por narrativa fuereña, con la honrosa excepción de Carlos Enrique Taboada), pero hay que reconocer que esta simpática serie del Prime Video titulada “S. o Z. – Soldados o Zombis”, creada por el argentino Nicolás Entel (“Pecados de mi Padre”) y el veterano guionista y productor californiano de ascendencia mexicana Miguel Tejada-Flores (la serie de películas “La Venganza de los Nerds”, “Asesinos Cibernéticos”), logra consolidarse como una propuesta sin posturas innecesarias consciente de su refriteo a varias producciones anteriores, en particular “El Día de los Muertos” (1985) de George A. Romero para aprovecharlas en un contexto muy reconocible en nuestra cultura: el narco y la frontera. Los 8 episodios que conforman esta primera temporada van dando a conocer a estos personajes que incluyen a narcotraficantes, científicos gringos que juegan a ser Dios, periodistas y operativos militares que una vez muertos reviven pero con instintos de lo que alguna vez fueron. Es así que la trama sigue tanto al poderoso líder de un cártel mexicano llamado Alonso Marroquín (apodado jocosamente “El Da Vinci del Crimen”), interpretado por Sergio Peris-Mencheta, quien se refugia en su narco rancho denominado “Paradiso” junto a sus achichincles de coloridos nombres (el Motosierra, el Perro, el Sin Pelotas, etc.) y su pequeño hijo Lucas (Nery Arredondo Toriz) con quien procurará una reconexión una vez desamparado por la muerte de su madre debido al cáncer y el encierro de su padre. Por otro lado, unos militares norteamericanos y en particular un genetista llamado Augustus (Toby Schmitz) investigan sobre un virus capaz de procurar regeneración celular, lo que claro terminará en el desate de la epidemia zombi. Todo se conducirá de manera gradual mientras apreciamos el desarrollo de los personajes, incluyendo una reportera (Fátima Molina) que hará lo que sea con tal de entrevistar en exclusiva a Marroquín y un agente externo corrupto (Steve Wilcox) que hace tratos con el cuñado de Marroquín para asesinarlo. El clímax será el esperado enfrentamiento entre muertos vivientes, soldados y narcos una vez que los elementales pero eficaces guiones han producido la sinergia adecuada para que brote el pathos necesario. Como escribí, no se trata de reinventar la rueda zombi, simplemente el conjurar un crossover que por su contextura idiosincrática resulta novedosa y, por ello, atractiva, aún si algunos puntos no logran cuajar adecuadamente como la actuación de Mencheta, quien se esfuerza demasiado para reflejar muy poco a través de su personaje mediante diálogos y lenguaje corporal manidos o las planas interpretaciones de la mayoría del reparto gringo, por lo que todo es un ejercicio meramente narrativo para lograr el divertimento adecuado gracias al esmero que se le pone a varios de los personajes y cierto grado de verosimilitud en cuanto al retrato de los narcos. “S. o Z. – Soldados o Zombis” deja suficiente buen sabor de boca como para darle una oportunidad a la inminente segunda temporada.

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