Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

“Borat, siguiente película documental: entrega del prodigioso soborno al régimen estadounidense para beneficio de la una vez gloriosa nación de Kazajistán” (“Borat subsequent moviefilm: delivery of prodigious bribe to american regime for make benefit once glorious nation of Kazakhstan”) – Amazon prime

Cualquiera diría que una fórmula encontraría desgaste crónico 14 años después de implementarla, pero el personaje del ingenuo, ególatra y en momentos estúpido periodista televisivo tercermundista kazajo Borat Sagdiyev, creado por el comediante británico Sacha Baron Cohen, aún tiene algo que decir sobre el estado sociocultural y político de los Estados Unidos, aprovechando por supuesto el clima electoral que lo permea y el desempeño pavorosamente caricaturesco de su premier anaranjado. Fusionando una vez más el formato de la comedia guarra (escatologías varias, gags a base de tabúes, lenguaje obsceno pasado por inocentadas, etc.) con el documental, Borat parte una vez más a Norteamérica por orden de su líder para ofrecerle un tributo a Donald Trump con el fin de sumarse a su lista de amigos (ya saben, como Vladimir Putin o Kim Jong-Un) que consiste en el chimpancé productor y guionista del canal –todo un genio- y ex protagonista de películas porno. Sin embargo, el mono es comido por la Hija de Borat, Tutar (la hilarante María Bakalova), quien se va de polizona a la travesía con el fin de emular la vida de Melania Trump, a quien literalmente visualiza como una princesa Disney. Ante esa situación, Borat decide ofrendar a Tutar en reemplazo del mico so pena de ejecución y de ese modo lo que pudo ser una nueva versión de la cinta anterior se convierte curiosamente en un relato ocasionalmente conmovedor sobre la creación de un vínculo padre e hija completamente inexistente porque, según la cinta, en Kazajistán las mujeres valen menos que un animal de granja. Este proceso se genera mediante una travesía por la pesadillesca tierra que es la Norteamérica conservadora y las esperadas interacciones con instituciones sociales y personajes reales que Cohen aprovecha para evidenciarlos como entidades anacrónicas e intolerantes que inexplicablemente prevalecen en los E.U., a la vez que se dimensiona un poco más las propiedades emocionales de los protagonistas.

El punto más brillante es Bakalova, quien se presta al juego con total desenfado creando un personaje cordial e íntimo cincelando un proceso de empoderamiento femenino sin retacarlo con fuerza al espectador, mientras que figuras prominentes como el vicepresidente Mike Pence o el hampón Rudy Giuliani son objeto directo de elaboradas bromas donde participan ignorantes de lo que ocurre desacralizando su estatus y al Partido Republicano en que se afilian. Por supuesto, no todos los sketches dan en el blanco, e incluso el filme dirigido por Jason Woliner se desinfla en momentos cuando algunas situaciones simplemente no embonan con la afilada sátira que se pretende confeccionar (v.g. la escena de la pastelería) o simplemente apelan a la repetición e incluso a cierto chantaje (la secuencia en la sinagoga), pero el conjunto se percibe vigente y demasiado actual, al punto de crearse secuencias sobre y justo en el centro de la pandemia, la cual sirve como elemento climático de la cinta de forma jocosa e inesperada. “Borat, Siguiente Película Documental…” funciona como un metadiscurso que obligadamente deberá orillar al gringo promedio a asentir con cada golpe y cachetada que el protagonista le da a su ideología mientras se pregunta cómo es que su nación llegó hasta ese punto y ojalá eso se vea reflejado en las urnas la semana entrante.

“REBECA” (“REBECCA”) – NETFLIX

No hay peor fantasma que aquel sujeto al corazón y mente de alguien. La presencia de la mujer que da título a este relato es tal que, incluso al tratarse de un personaje ausente, es inmanente, perenne y omnisciente, tanto así que sin ver su rostro ya designa la historia a contar. Su fuente es la cerebral y cautivante novela de la escritora inglesa Daphne du Maurier publicada en 1938, adaptada al cine por el maestro Alfred Hitchcock en 1940 y obteniendo el Oscar a Mejor Película (incongruentemente, Hitch se fue con las manos vacías, como si nada tuviera que ver con las bellas y ricas atmósferas del filme o las hondas actuaciones de los titánicos Laurence Olivier y Joan Fontaine), así como iteraciones posteriores para la televisión británica e incluso una con la firma Bollywood del 2008. Ahora es el turno de Netflix produciendo una versión que luce lujosa y espléndida por fuera pero hueca e inerte por dentro, ya que todo componente psicológico o emocional fue colado para que los personajes se muevan más por inercia que por genuinas motivaciones, además que los actores seleccionados para los roles principales, Lily James y Armie Hammer, posan, gimotean o gesticulan más que actuar.

La historia se ubica en 1935, cuando en la juerguista Monte Carlo una joven anónima (James) la tímida y apocada dama de compañía de una insoportable burguesa decadente, conoce al apuesto y sofisticado Maxim de Winter (Hammer), quien perdió a su esposa Rebeca en el océano en un supuesto accidente marítimo. Lo que comienza como un coqueteo termina en un pasional romance que culmina con él desposándola y llevándola a su mansión, conocida como “Manderley”. Ahí la chica comprenderá que el espectro de Rebeca es aún más fuerte que si se tratara de un ánima tangible, pues al parecer su marido no ha podido olvidarla y varios de los aspectos que rigen la dinámica e incluso la estructura misma del lugar se somete aún a lo que fueran sus designios en vida, perpetuados por una rígida e inescrutable ama de llaves llamada Danvers (Kristin Scott Thomas). La constante lucha entre la protagonista y la memoria de Rebeca serán los elementos a investigar por el director Ben Wheatley, quien pone de manifiesto su escasa experiencia en largometrajes (su labor se enfoca más a televisión y cortos) al no precisar el eje dramático de la historia, dispersando todos sus nudos argumentales y trabajando de forma descontinuada la trama, pues comenzamos con un tinte romántico para continuar con una vena de misterio y culminar con una suerte de thriller policial y de tribunales, poco apoyado además por una Lily James y Armie Hammer distantes y poco mimetizados a sus papeles. Esta es una gran historia desaprovechada para presentar una fotografía deslumbrante y escenas costeras con buena composición. Lástima que esta versión, a diferencia de la misma Rebeca, no se incruste en nuestra mente con tanta pasión.

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