Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

“13 VIDAS” (“13 LIVES”) – AMAZON PRIME VIDEO

La carrera del director norteamericano Ron Howard es un vaivén que demuestra su capacidad para realizar algunas cosas interesantes y bien hechas (“Frost/Nixon”, “El Rescate”, “Desaparecidos”) y muchas otras francamente abominables (“El Grinch”, sus adaptaciones a los churros literarios de Dan Browny “Hillbilly, Una Elegía Rural”). Con “13 Vidas”, su trabajo más reciente, manufacturado exclusivamente para la plataforma de Prime Video, apela a la estructura dramática de su filme “Apolo 13” en cuanto a un acontecimiento real que apunta a tragedia pero con final feliz -en este caso el confinamiento de un equipo infantil de fútbol soccer tailandés en la turística cueva de Tham Lang por una acelerada inundación- armado de buenos acores y un guion definido que le permite diseñar un drama concreto, y por fortuna, con trazos maduros que median la participación de personajes sajones con tailandeses a niveles equitativos. La película inicia con el ingreso de los 12 chicos más su entrenador a la gruta y los posteriores intentos para rescatarlos una vez que las copiosas lluvias de la región impiden su salida ante el desbordamiento de agua que sella las cámaras subterráneas. Ante la dificultad de la tarea, el gobernador del lugar (Sahajak Boonthanakit)solicita ayuda internacional y ésta arriba en la forma de los experimentados buzos John Volanthen (Colin Farrell) y Richard Stanton (Viggo Morthensen) quienes contienden con las decisiones burocráticas del gobierno regional, un monzón que simplemente no cede y el laberinto rocoso que representa la cueva inundada. Mientras los padres acampan en el lugar esperando escuchar noticias de sus hijos y los medios de comunicación hacen lo propio dando seguimiento a la historia, Volanthen y Stanton, junto a un tenaz miembro de la Marina Tailandesa llamado Arnont (Theerapa tSajakul) localizan a los jóvenes sorteando varias dificultades y enfrentando algunas nuevas, como el sacarlos a todos sin que sepan bucear o arriesgarlos a una prolongada ruta bajo el agua. Todo ello se suma a una historia que ubica sus nudos narrativos mediante la interacción de personajes y sus conflictos a la vez que focaliza la trama en los predicamentos de los buzos más que en las posibles víctimas, acierto argumental que profundiza en la psicología y emociones de los rescatadores, quienes realizan esfuerzos sobrehumanos por salvar a los muchachos. La clave está en la dinámica que entablan Mortensen y Farrell quienes mesuran sus personajes a niveles humanos y no demasiado heroicos, mientras que la exposición de la cultura tailandesa y sus integrantes es justa y bien desarrollada, diluyendo la idea sobre los arquetípicos “salvadores blancos” en aras de una misión generada en conjunto. “13 Vidas” es indudablemente uno de los mejores trabajos de Ron Howard como director y cumple su cometido tanto de narrar, adecuadamente éste momento casi trágico en la historia de los salvamentos y cooperación internacional, como de brindarnos una experiencia apasionante.

“LUCK” – APPLE TV+

Pues resulta que las formulaciones de Aristóteles sobre el azar ontológico en contraposición al autómaton y los designios de la diosa griega Tiqué eran reales, ya que la suerte en sus vías buena y mala así como la aleatoria designación del mismo son producto de una tierra mágica donde viven duendes, gatos parlantes y un unicornio panzón con acento alemán. Por supuesto, esto conforma la premisa de una cinta animada que marca el regreso del apestado (en Hollywood) John Lasseter al mundo de la cinematografía después de su controvertida expulsión de PIXAR por denuncias de abrazos prolongados y picoretes no deseados. “Luck” es el título y la trama va así: una adolescente huérfana de 18 años llamada Sam es reubicada a un departamento para que lleve una vida independiente. El problema es que deberá abandonar a una pequeña de nombre Hazel con quien lleva una entrañable amistad y su propia mala suerte, la cual parece nunca abandonarla, pues todo le sale mal. Esto cambiará cuando conoce a un gato callejero de nombre Bob que carga con un centavo mágico capaz de brindarle buena suerte a quien lo porte. El felino viene de la Tierra de la Suerte, lugar donde se distribuye la buena o mala fortuna para cada ser humano del planeta y a donde Sam cae una vez que sigue a Bob por un portal mágico, pues ella está determinada a proveerle a Hazel de ése centavo para que su suerte cambie y sea adoptada por una familia amorosa, pero por supuesto todo sale mal debido a la mala suerte de Sam y las cosas se complican para ella, Bob y un gentil duende llamado Gerry, que asiste al gato en su trabajo como repartidor de suerte en el mundo humano. Al verse perseguidos por la Capitana (algo así como la capataz de todos los duendes) deciden acudir a la líder de ésta realidad, una dragona amable pero enérgica que puede definir el destino de Sam y los habitantes del lugar. “Luck” tiene una trama que va abriendo abanicos de posibilidades con cada decisión que toma su protagonista, ampliando las capacidades narrativas de la historia y complicándose ocasionalmente de forma innecesaria, pero es imposible no notar las huellas digitales narrativas de Lasseter en el proceso, aun cuando aquí se limita a producir, pues el guion de Kiel Murray y la dirección de Peggy Holmes buscan transitar los caminos recorridos por filmes como “Intensa Mente” y “Soul” en cuanto a la exploración emocional de su personaje principal mediante la confrontación de su mente y corazón a aspectos mágicos capaces de establecer similitudes con la atribulada condición de ser humano en una Tierra donde se nos exige cierto grado de perfección conductual en antítesis con nuestra situación de ser imperfectos natos. En éste rubro, la película logra establecer con claridad la dinámica metafórica de sus personajes siendo éstos a su vez seres bien trazados y moldeados a su rol de forma muy creíble, por lo que el problema yace en una historia que tarda mucho en localizar su eje dramático mientras demasiadas cosas pasan casi de forma simultánea sin que ideas o eventos se cierren satisfactoriamente. “Luck” no es una mala película, más bien es un ejercicio narrativamente fallido que pretende contar algo importante en términos sigilosamente grandilocuentes mediante un uso esplendoroso del color, una animación de primera, amplias dosis de energía y protagonistas muy agradables que, sorprendentemente, son educados o saben disculparse cuando deben. El filme termina por desilusionar más que por frustrar o decepcionar, y para ello no hay suerte que valga.

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