Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

“RUBIA” (“BLONDE”)

Marilyn Monroe es un nombre que hasta el más recluso sobre el 7º. Arte reconoce por el estatus icónico de quien lo portó, por lo que hay más mitos y leyendas sobre ella que hechos, de ahí que esta producción copula verdad y ficción para generar no sólo un retrato especulativo sobre una de las estrellas más fulgurantes en la historia de Hollywood, sino que también es una narrativa que separa a la celebridad de su genuina persona, Norma Jeane, despojándola de su cobija de diamantes zurcida en la Meca del Cine para someterla a una radiografía psicológica y existencial que devela los horrores, pesares y tragedias de una mujer que jamás quiso ser Marilyn, sólo alguien que le dijera quién era su padre. Siendo éste el primer ejercicio narrativo de ficción del fascinante director Andrew Dominik en diez años después de avocarse a varios proyectos documentales, “Rubia” -adaptación al texto homónimo escrito por Joyce Carol Oate con una prosa igual de desacralizante- su labor crea una perspectiva observacional que jamás ambiciona la ruta del tradicional biopic, sino tomar prestada la vida de la cautivadora rubia para moldear una alegoría de oscura belleza y pavorosa visceralidad sobre la pertenencia, pues Norma Jeane nunca pudo convivir con Marilyn Monroe a menos que fuera como siamesas en la tristeza, siendo su existir un paso por el purgatorio de la Fábrica de Sueños hasta su lamentable deceso a la edad de 36 años sin que pudiera siquiera asomarse a las puertas de su paraíso.
Ana de Armas (“Entre Navajas y Secretos”) realiza una impecable labor ajustándose la martirizada piel de Marilyn, llevándonos mediante un laborioso montaje por parte de Dominik a través de los puntos que marcaron su carrera y vida personal, sus inicios donde un abuso sexual marcó con violencia su ingreso a la gran pantalla, las relaciones inestables con sus grandes amores (el astro del beisbol Joe DiMaggio, interpretado por Bobby Cannavale, y el dramaturgo Arthur Miller, encarnado por Adrien Brody) y las cintas que la inmortalizaron, develándonos a la persona detrás de la personalidad sin decaer jamás en estridencias innecesarias o devaneos con el melodrama. Dominik mueve la cámara, realiza cortes y transita entre el color y el blanco y negro con precisión y ambiciones líricas que cumplen como función estética y simbólica, dimensionando la narrativa a puntos conmovedores, inmersivos y únicos que no temen lesionar sensibilidades (la película es clasificación NC-17 o “D” en México), pues la cinta crea momentos de alta grima cuando se revisa el pavoroso pasado de Marilyn con una madre psicótica que busca ahogar a la pequeña cuando no puede contactarse con el progenitor de su niña o de un dolor genuino cada vez que la protagonista disocia su realidad por una fantasía donde pueda estar con su padre, un ente ausente que es su único afiance emocional. “Rubia” no enaltece ni demoniza a la estrella de cine, sólo discurre entre las reflexiones que su tormentoso vivir arrojan con brutalidad, ardor y fuerza, dejando claro que Marilyn Monroe jamás existió, sólo un ser llamado Norma Jeane consumida por su pasión y necesidad de amar y ser amada.

“LOU”

Bajo la fachada de un thriller de acción con dos féminas al frente, yace un efectivo drama con un sólido andamiaje de suspenso en ésta cinta titulada “Lou”, donde Allison Janney (“Yo, Tonya”) realiza una buena labor como una huraña y aislada mujer llamada Lou que vive en una cabaña en medio del bosque junto a su perro Jax, incapaz de tener relaciones afectivas, ni siquiera con su vecina más próxima de nombre Hannah (Jurnee Smollett), madre soltera que vive con su pequeña hija Vee (Ridley Asha Bateman). Pero cuando un día la niña es secuestrada, Hannah recurre a Lou para que le ayude a localizarla, pues el raptor es el ex marido de Hannha (Logan Marshall-Green), un hombre formado en el ejército de modos violentos que abusó físicamente de ella cuando era su pareja, por lo que sabe que sola no podrá con él. Conforme inician la búsqueda entre el espeso bosque y con una tormenta que no cesa casi durante toda la cinta, Lou irá revelando aspectos de su pasado que la muestran como algo más que una mera ermitaña, pues manifiesta grandes habilidades para el combate cuerpo a cuerpo y el manejo de armas de fuego, siendo esto un elemento clave en el desarrollo de la cinta, así como la interacción entre ambas con sus personalidades tan distintas. La dirección de Anna Foerster reparte sapientemente los momentos solaces donde las protagonistas manejan intercambios verbales que nos dejan acercarnos a sus motivaciones y mentes con escenas bien montadas de acción que involucran tanto al antagonista como a la naturaleza misma, elemento adverso que obstaculiza la misión de ambas ante la incesante lluvia. “Lou” es una agradable sorpresa que sostiene su historia con la buena química que sostienen Janney y Smollet, así como un adversario coherentemente armado que es más humano que villano. Una entretenida producción de Netflix para un lluvioso fin de semana.

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