Por Juan Pablo Martínez Zúñiga

“BOB ROSS: ACCIDENTES FELICES, TRAICIONES Y AVARICIA” (“BOB ROSS: HAPY ACCIDENTS, BETRAYAL & GREED”)

El mundo del arte y quienes lo ejecutan jamás han estado exentos del escándalo, la polémica o el escrutinio social (basta remontarnos al Renacimiento y a Miguel Ángel como su ente discordante), pero en el caso del pintor Bob Ross todo ello parecía inalcanzable, pues su estampa se rodeaba de un aura cuasi santificado por su tranquila disposición al momento de educar por televisión sobre los expeditos trazos con que se puede ejecutar el naturalismo pictórico en la hora que duraba su programa televisivo empleando un tono de voz calmo, casi mesmerizante, y un lenguaje optimista que rayaba en la ataraxia epicúrea donde todo era feliz, hasta las nubes y los árboles que trazaba con su pincel. “Bob Ross: Accidentes Felices, Traiciones y Avaricia” no pretende desmitificar su mesiánica imagen, para muchos intocable, pero sí logra proporcionarle del suficiente bagaje antropocéntrico para minar su transfiguración y mostrarnos al hombre detrás del tupido y pelirrojo afro. La dirección tomada por el cineasta y productor Joshua Rofées la de una deconstrucción meticulosa y gradual sobre Ross desde el punto de vista de quienes lo conocieron mejor: su hijo Steve, una figura próxima a la tragedia por su duro aprendizaje en cuanto a la convivencia con un hombre mitificado por los medios y la sociedad norteamericana mientras averiguaba quién era él y qué camino debía tomar en su vida; Jon Thamm, el mentor de Ross y quien le enseñó cómo producir y vender obras pictóricas y Dana Jester, su gran amigo quien le confió todo aquello que no salía a la luz mediática sobre sus problemas personales y profesionales. Y es que de eso se trata en realidad éste trabajo documental para Netflix, comprender a cabalidad qué lo motivaba y cuáles hilos existenciales movilizaban a Bob Ross en cuanto a su labor como educador plástico, padre, esposo y ser humano, desenmarañando a un hombre que, en efecto, tenía las mejores intenciones para con sus educandos tanto en aulas como por el televisor que era el proveerles herramientas para evadir los momentos o lugares oscuros de este mundo mediante la experiencia inmersiva que significa la creación de belleza gráfica mediante paisajes evocativos empleando frases positivas y motivadores. El traspié vendría cuando sus socios comerciales se apropiaron de su nombre e imagen para vender los productos que utilizaba en el programa, generando una batalla legal que culminaría de forma dramática y en conjunto con el deterioro de su salud debido al cáncer. El documental circunda su narrativa mediante los enriquecedores testimonios de Steve, quien aporta el dimensionamiento adecuado para comprender más a fondo la figura de su padre mientras que la narración desglosa apropiadamente los momentos que definieron la personalidad y vida privada de Bob Ross, incluyendo la relación con su esposa Vicky, la infidelidad con su agente que a la postre sería persona nodal en el conflicto legal y la dinámica en momentos problemática con su hijo. “Bob Ross: Accidentes Felices, Traiciones y Avaricia” es un documental lineal que no abusa de los recursos lingüísticos en los que ocasionalmente el documental moderno se apoya y deja que su personaje tema nos conduzca a una historia que es todo, menos feliz.

“¿CUÁNTO VALE MI VIDA?” (“WORTH”)
El abogado Kenneth Feinberg (Michael Keaton) tiene una encomienda que ni el presidente de los Estados Unidos podría o quisiera adjudicarse (señalado así mismo por él mediante una conversación telefónica): mediar y concretar el Fondo de Compensación a Víctimas del 11 de Septiembre. A pocos días del atentado terrorista en las Torres Gemelas en Nueva York, el gobierno norteamericano, temeroso de las múltiples demandas por los ciudadanos a las aerolíneas al estimar que éstas podrían quebrar en un santiamén, se conjura un fondo con el que se pretende aplacar la ansiedad de los familiares o allegados de quienes fallecieron ése fatídico día, pero de forma unidireccional que no contempla la variedad de casos y circunstancias que envuelven a los dolientes. Feinberg inicia su trabajo creyendo que es el empujón adecuado a su carrera y bufete sólo para percatarse de que su trabajo requiere ponerle un costo a la vida de una persona, sobre todo cuando varias personas incluyendo una viuda cuyo esposo bombero tenía una familia oculta y un homosexual que perdió a su pareja en la Torre Sur pero que sus padres no admiten la preferencia sexual de su hijo entre otros manifiestan la necesidad de recalibrar la fórmula del fondo para ajustarse a cada caso. Con este papel Keaton reafirma su postura como actor de carácter mediante una correcta interpretación mientras que la directora Sara Colangelo logra cohesionar una gama de elementos que ocurrieron realmente hace 20 años para hilvanar un drama humanista que conmueve tanto por los tintes trágicos que activan todo el proceso como por el desgrane psicológico y emocional de los personajes. Una cinta efectiva que orilla a cuestionamientos clave sobre el valor de una vida en el esquema socioeconómico capitalista de la nación más poderosa del mundo.

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