Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

“MULAN” (2020)
Después de que en los últimos años varios de sus clásicos animados se vieran trasladados a la acción real sin algún propósito o decisión creativa clara más que el engrosar monetariamente sus arcas, esta adaptación al entretenido y muy solvente filme de 1998 por fin se atreve a abandonar la calca argumental para explorar con relativa seriedad (sin exentarse, claro, de ciertos elementos fantásticos necesarios para el paladar infantil) la leyenda de Hua Mulan, mujer que participara de la actividad bélica en su natal China disfrazada como un hombre ante el ostracismo ejercido contra las mujeres en aquella época. Por fortuna el intrincado guion de Amanda Silver, Elizabeth Martin, Lauren Hynek y Rick Jaffa, así como el rico y dimensionado trabajo de dirección de la neozelandesa Niki Caro (“La Leyenda de las Ballenas”) logra balancear el aspecto “comercial” de la historia junto con una genuina propuesta en cuanto a la presentación de su dinámica de géneros al no sucumbir a la mera exotización de su heroína asiática y el retrato de su cultura, aún si se apoya en ciertos aspectos folclóricos de su mitología.
La nobel (y muy polémica) actriz Yifei Liu le da vida a Mulán, una joven que será obligada a casarse con un hombre que no conoce ni ama durante el desarrollo de la China imperial del siglo antepasado, hasta que su tullido padre (Tzi Ma) es convocado a la guerra contra el tiránico Bori Khan (Jason Scott Lee), quien se hace acompañar de una hechicera llamada Xianniang (Gong Li) con el fin de derrocar al Emperador de la nación (Jet Li) por motivos muy personales. Ante ello, Mulán decide proteger la vida de su padre y huye de su aldea haciéndose pasar por hombre para enrolarse en el ejército y así defender el honor de su familia, mientras aprende sobre su propia identidad debido a su existencia dual, sobre la lealtad durante su experiencia en la milicia y sobre la amistad y el amor gracias a un compañero soldado que le apoya incondicionalmente (Yoson An). Esta dinámica se ve trabajada con suficiente madurez, mostrando una evolución emocional y psicológica de la protagonista conforme sus experiencias tanto en el campo de batalla como sus interacciones con los demás personajes -incluyendo a la bruja Xianniang, quien le mostrará algunos matices del sojuzgamiento femenino por parte de la machista sociedad china- la van moldeando, proceso bien retratado gracias a la excelente actuación de Yifei Liu, quien nos hace olvidar a su contraparte animada al apropiarse del personaje y engrosarlo con sus componentes y detalles propios, resaltando el hecho de que no se requieren dragones o grillos de la suerte ni mucho menos canciones para contar adecuadamente esta historia. Tal vez esta iteración de “Mulan” desanime a algunos adultos que recuerdan con añoro la versión de dibujos animados y tal vez algunos niños encuentren oscura e incluso perturbadora ciertas escenas (el duelo de voluntades entre Mulán y Xianniang en el desierto, por ejemplo), pero eso habla del crecimiento que esta historia en particular ha encontrado en este proyecto, indudablemente la mejor versión actualizada de una cinta animada de Disney a la fecha.

“LA DAMA Y EL VAGABUNDO” (2019)
El clásico relato sobre diferencia de clases realizado por Walt Disney en 1955 también ha encontrado un renacimiento moderno gracias al nuevo servicio de streaming de la Compañía del Ratón, y el resultado es por fortuna agradable y casi inofensivo, con un guion que pretende incluso actualizar la sensibilidad actual en cuanto al manejo de personajes femeninos al dotar a Reina, la cocker spaniel que hace de “Dama” en este relato, de rasgos más independientes e incluso libre pensantes que la versión animada, respetando todo el seguimiento del argumento original el cual se centra en ella y un perro callejero llamado Golfo, quien debe instruirla sobre las costumbres del perro ordinario cuando sus amos, Jaimito (Thomas Mann) y Querida (Kiersey Clemmons), ya no le prestan tanta atención debido al nacimiento de su bebé. Aunado al destierro por parte de la iracunda Tía Sarah (Yvette Nicole Brown), amante de los gatos, a Reina no le queda de otra más que vivir de algunas experiencias callejeras en compañía de su nuevo amigo y posible interés amoroso.
Todo transcurre tal cual el filme original -incluyendo la famosa escena de la cena con espagueti- pero por fortuna la dirección del veterano animador Charlie Bean logra expandir varios de los elementos sugeridos en la cinta original y le permite a su pareja titular explorar aún más su dinámica y personalidades, así como la de los personajes secundarios como el terrier escocés llamado Jock (ahora hembra) o el sabueso despistado llamado Triste. Sin mayores pretensiones más que el entretener, el filme logra precisamente eso, y creo que para el estado creativo actual de la Disney, ello deberá bastar.

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