Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

“WANDAVISION”

Esta serie no sólo marca el arranque oficial de la Fase 4 del Universo Cinematográfico de Marvel, también nos provee de un manejo fresco y algo progresista de sus personajes superheroicos al tomar como base narrativa de sus nueve episodios una nutrida inspección de la atribulada psicología que detenta su protagonista indiscutible, Wanda Maximoff, alias la ‘Bruja Escarlata’, quien, a través de la montaña rusa emocional que es su psique a raíz de las dolorosas pérdidas sufridas y vistas en otras producciones (el turbio aleccionamiento sobre sus poderes, la muerte de su hermano Pietro a causa del androide monomaniaco Ultrón, el fatal destino de su amante sintético Visión a manos de Thanos, etc.), termina por corroborar el famoso dictum de Lord Acton: el poder absoluto corrompe absolutamente. En este caso, Wanda (Elizabeth Olsen, dando un gran desempeño) emplea sus dones (denominados aquí “Magia Caótica”) para tomar de rehén a todo un pueblo estadounidense y ajustarlo a su perspectiva de un mundo idílico y feliz, donde su amado Visión (Paul Bettany) es su inseparable esposo y todo el lugar derrocha amabilidad y empatía, en particular su entrometida vecina Agnes (Kathryn Hahn), quien jugará un rol muy importante en la recta final de la macrotrama. La mayor propuesta generada por el creador de la serie, Jac Schaeffer, y su equipo de guionistas es el crear un marco argumental diferente para cada capítulo, basándose en la estructura narrativa y técnica de series añejas televisivas muy específicas, abarcando desde la década de los 50’s hasta el presente, lo cual resulta una herramienta de discurso bastante efectiva, ya que la naturaleza intrínseca de cualquier comedia de situación típica de la tele gringa es el producir hilaridad mediante escenas y ritmo jocosos, pero aquí brota un profundo contraste ante la trágica identidad de Wanda, quien, vemos, utiliza estos recursos sustraídos de sus recuerdos para romantizar e idealizar un cotidiano con marido e incluso hijos. Esto, por supuesto, no pasa por alto a las agencias de seguridad del Universo Marvel, por lo que una de ellas, conocida por su acrónimo en inglés S.W.O.R.D., trata de tomar cartas en el asunto, colocando a su director Tyler Hayward (Josh Stamberg) como el antagonista por antonomasia al tratar de detener a Wanda a como dé lugar mientras que algunos lugartenientes, ya vistos en otras cintas de Marvel como el Agente Woo (Randall Park), la soldado Monica Rambeau (Teyonah Parris) y la científica Darcy Lewis (Kate Dennings), buscarán resolver esto de forma pacífica, con diversos resultados. Todo se conduce a un clímax francamente vibrante donde se involucra un enfrentamiento clave en el desentrañe de la personalidad de Wanda y sus emociones, las cuales colapsan ante el enfrentamiento de lo que ella es y lo que les ha costado a otros su felicidad.
La dirección de Matt Shakman, en todos los episodios, involucró varios desafíos, incluyendo el ajuste a los diversos formatos de grabación para que semejen la época y plástica de las series a las que se emula y homenajea de forma muy exitosa y el dimensionar el hilo conductor dramático de forma humana y sensible. El resultado es muy completo, gracias a la congruente dinámica que crean los personajes principales y el evidente compromiso de los actores que les dan vida, así como por el derroche de inflexiones viscerales, tragicómicas y conmovedoras que se manifiestan orgánicamente sin coaccionar los argumentos. “WandaVision” luce experimental, pero termina consolidando todas sus pretensiones dramáticas, sabiendo cómo hacer las cosas y dejando un agradable sabor de boca tanto a fanáticos de los cómics, quienes tienen aquí mucha tela que cortar, como a un espectador casual.

“RAYA Y EL ÚLTIMO DRAGÓN”

Ha sido por demás evidente el empeño de la compañía Disney en tratar de consolidar la fortaleza de sus personajes femeninos desde todo ángulo y capacidad, desde la princesa Rapunzel, capaz de defenderse sola con una sartén sin necesidad de un hombre que la rescate, hasta la coneja Hops, quien demuestra que incluso un diminuto pero empeñoso mamífero como ella puede hacerse de un camino trascendente en una metrópoli como Zootopia. Ahora, con “Raya y El Último Dragón”, el patrón se modifica unos grados, ya que, si bien el protagonismo recae en una mujer capaz y arrojada, encontramos que su fuerza antagónica, otra fémina que posee las mismas características, logra expandir su rol en la trama para profundizar en el hecho de que, aún si su nombre no está en el título de la cinta, su participación es integral para los eventos e incluso desenlace. Integrando elementos como expiación y superación.
La película se ubica en el mítico reino asiático de Kumandra, el cual se vio aquejado por monstruosidades gaseosas denominadas Druuns, capaces de transformar cualquier ser viviente que toquen en piedra y sólo contrarrestadas por los dragones, seres míticos que proveían de bendiciones a la tierra como lluvia o viento y que, juntos, lograron conjurar una gema capaz de detener a dichas amenazas, aunque a costa de sus vidas. Sólo una dragona sobrevivió, pero después se sumió en un sueño milenario. Dicha gema ahora se encuentra en el Reino de Corazón, ambicionada por los demás territorios de Kumandra (llamados “Cola”, “Garra”, “Columna” y “Colmillo), por lo que el jefe de Corazón decide unirlos de una vez por todas apoyado por su hija Raya, la última de un linaje que protege a la piedra preciosa. Las cosas salen mal gracias a la traición de Namaari, hija de la guardiana de Colmillo, al tratar de hurtarla, provocando que se rompa y que los demás reinos tomen una pieza. Este acto de perfidia provoca que los Druuns despierten, transformando al padre de Raya en roca y detonando una gesta por encontrar todas las piezas y, así, invocar a la última dragona para detener a estas criaturas. Seis años después, Raya continúa con su búsqueda, planteando todo el desarrollo de la cinta, en donde encontrará aliados inesperados como una bebé y sus monos ladrones, un hombrón tuerto que luce fiero, pero tiene corazón de oro, y un niño barquero que también es cocinero, todos unidos por la tragedia de haber perdido seres amados a causa de los Druuns. A la gesta, también se une la dragona Sisudato, a quien Raya logra invocar y con quien terminará afianzando una entrañable amistad, todo mientras son perseguidos por las hordas de Colmillo, lideradas por la implacable Namaari, quien guarda en su interior demonios y carga emocional que permiten mostrarla no como una villana, sino como un ser humano falible que tiene todo para ser una heroína, pero su dominante madre y sus propios complejos minan esa capacidad. Estos son los elementos que permiten que una historia algo predecible y relativamente estándar funcione, pues le otorgan madurez y profundidad a un relato que ya se ha visto en otras historias, incluso de la misma Disney. El trabajo en conjunto de los directores Don Hall, Carlos López Estrada, Paul Briggs y John Rippa pudiera dar más con la prototípica historia, pero resulta innegable la bella animación que logran conjurar digitalmente, así como algunas secuencias palpitantes por su compás armonioso entre imágenes y trama y un tercer acto intenso pero delicado en el tratamiento de las emociones de los personajes que encuentro como uno de los más efectivos en cualquier filme de Disney de los últimos años. Tal vez, “Raya y El Último Dragón” no reinventa su fórmula, pero sí la revigoriza y con ello logramos pasar un rato agradable frente a la pantalla.

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