Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

(Nota: Estas películas se exhiben en cartelera comercial y se incluyen en este espacio por su naturaleza analítica y observadora del fenómeno cinematográfico, pero es responsabilidad del espectador si decide asistir a una sala cinematográfica ante la contingencia sanitaria que impera).

“TITANIO” (“TITANE”)

Si se toma el recetario sobre horror corporal que legó la filmografía setentera / ochentera del cineasta canadiense David Cronenberg para tomar sus alegorías más provocadoras, unirlas con un discurso sobre las irrefrenables patologías que circundan los modernos núcleos familiares producto de abandonos y aislamiento tecnológico y la mecanofilia tendremos tal vez la cinta más trapisondista del año por la forma en que incita a la riña entre la mente y el juicio sensitivo y, por ende, una de las películas más interesantes del año. “Titanio”, reciente ganadora de la Palma de Oro en el Festival de Cannes, muestra tal grado de control y autoconfianza de su directora, la francesa Julia Ducournau, que pasma el recordar que se trata solamente de su segunda película, siendo una fábula efeba llamada “Voraz” (2016) su ópera prima y aquella que expresara de facto su línea idioléctica, pues ambas poseen varios puntos que las hermanan, siendo los principales una disección visceral sobre la figura femenina aprovechando un contexto límite que simboliza la posición que actualmente ocupa la mujer en el esquema sociocultural y la colisión de una perspectiva erotizada y tanatológica sobre el ser y su cuerpo. En este caso tenemos como figura alegórica a Alexia (la excelente Agathe Roussell), una bailarina para espectáculos automotrices quien de niña sufrió un accidente automovilístico tan aparatoso que los médicos debieron implantarle una placa de titanio en su cabeza. Ahora ella recorre un camino de fornicación con autos y psicopatía desbordante asesinando indiscriminadamente, lo que la orilla a adoptar la identidad de un jovencito desaparecido hace 10 años llamado Adrien rapándose, rompiendo intencionalmente su nariz y cubriendo sus senos con vendajes. De este modo llega hasta Vincent (el veterano Vincent Lindon), jefe de una cuadrilla de bomberos y padre de Adrien, quien recibe a Alexia sin darse cuenta que es mujer y desarrollando una relación afectiva que les provee de todas las herramientas emocionales que requieren para sobrevivir, aún si ella comienza a supurar aceite y su vientre se abulta con velocidad debido a la cópula con automóviles. “Titanio” es un recorrido por el empoderamiento femenino mediante escenas que chocan cual accidente vehicular entre lo brutal, lo grotesco y lo sublime, otorgando momentos inolvidables enaltecidos por las contundentes actuaciones de Roussell y Lindon, quienes hablan más de extravío que de soledad y reflejan con sus neblinosas miradas la fría condición de su interior, él por la pérdida de su hijo y ella por un alma metálica que hace de toda muestra de amor algo impenetrable. Ducournau implanta con mirada honrada y sesuda un planteamiento femenino que no requiere de concesiones o reverencias a la susceptibilidad comunal para asirse de una imaginería en momentos posmoderna y en otros de pesadilla para retratar al ser humano que en estos momentos lidia con la despersonalización y la apatía avaladas por la cultura de la evasión, reflejada en ese impresionante clímax no apto para estómagos delicados donde la vida hace aleación con el metal en una visión poética muy ruda. Para muchos, esta cinta será un ejercicio bizarro en visceralidad, pero lo que Ducournau ha trabajado aquí es tan duro y ligero, preciado y resistente al tiempo como el titanio mismo.

“EL REY RICHARD: UNA FAMILIA GANADORA” (“KING RICHARD”)

En Hollywood, la biografía sobre figuras del deporte sólo se cocinan de dos formas: o se explota el hilo negro que las conduce a una variedad de escándalos e ignominia o se enaltecen sus orígenes humildes para enarbolarlos como ejemplos infalibles del Sueño Americano una vez que triunfan (salvo excepciones rarísimas y brillantes como “Toro Salvaje” donde el deportista es empleado como metáfora para la condición humana). “El Rey Richard: Una Familia Ganadora” es de estas últimas, programada me imagino por alguna computadora de los estudios Warner para eliminar cualquier rasgo de profundidad narrativa o exploración seria de sus sujetos tema para presentar una de esas exasperantes fantasías populistas que tanto le gustan a su protagonista y productor Will Smith quien sigue minando esa veta tan rica del chantaje emocional que tantos réditos le ha dado desde aquel trozo de abono lacrimógeno titulado “En Busca de la Felicidad” donde se sirve de una historia real sobre un hombre que busca con fruición su parte del pastel económico que su capitalista país procura servirle a unos cuantos para colgarse ahora de la historia de Richard Williams, humilde agente de seguridad que abandonó a sus hijos y esposa para vivir con otra mujer (por supuesto, esto sólo se toca convenientemente tan sólo en un par de diálogos) llamada Oracene (Aunjanue Ellis) con quien procreó a las futuras estrellas del tenis Serena y Venus Williams y quienes serán elementos secundarios en su propia película cuando por elementales razones dramáticas debieron ser las protagonistas. Pero el ego de Smith es igual al de un rey, por lo que será él quien protagonice esta pueril historia sobre un padre que hará lo que sea porque sus hijas destaquen en el deporte blanco, incluyendo trazar incontables planes al respecto, presionarlas mediante fatigantes entrenamientos (todo edulcorado mediante bromitas y picoretes cariñosos a las jovencitas) y buscarles entrenamiento profesional. La cinta no sólo pierde todos los sets en cuanto a drama y construcción psicológica al no mostrar siquiera un viso de porqué deben sobresalir en el tenis en primer lugar (la película nos muestra a las otras hijas de Orecene, una de ellas al parecer brillante estudiante graduada con honores, pero eso se relega a cuarto plano), también se diluye la presencia de Venus y Serena por no exponer cualquier conflicto que este sofocante y casi monomaníaco proceder de su progenitor debió causar en la vida de estas niñas o entre ellas en un ambiente tan competitivo como lo es la gesta deportiva. Todo el proyecto se acomoda al gusto y lucimiento de Smith, cuyo personaje es tan detestable que incluso personajes secundarios importantes como el coach de tenistas consagrados Rick Macci (interpretado por John Bernthal) no lo aguantan, pero todo pasa porque se nos obliga a interpretarlo como un hombre que sólo ve por el interés de sus pequeñas, mensaje detestable debido a que ampara varias de las facetas que defiende la masculinidad tóxica. “El Rey Richard: Una Familia Ganadora” pierde todo el set, juego y partido.

Correo: corte-yqueda@hotmail.com

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