Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

(Nota: Estas películas se exhiben en cartelera comercial y se incluyen en este espacio por su naturaleza analítica y observadora del fenómeno cinematográfico, pero es responsabilidad del espectador si decide asistir a una sala cinematográfica ante la contingencia sanitaria que impera).

“JUSTICIA IMPLACABLE” (“WRATH OF MAN”)

Cuán grato es testificar por la rectificación de un director que pretende enmendar camino después de ofrendar su talento a la maquinaria hollywoodense con resultados mediocres. En este caso, el cineasta inglés Guy Ritchie es quien decide retomar su línea idioléctica, aquella donde desmembraba los supuestos de la moral y la ética humanos mediante sagas criminales donde nada o nadie era exactamente lo que parecía con aderezos de humor negro e ironía, después de suplantarla por grandes presupuestos e historias de incorregible memez como sus “Sherlock Holmes”, “Insólito Destino”, “El Rey Arturo” o, peor aún, la versión en carne, hueso y CGI de “Aladdin”. Con “Los Caballeros”, el maltrecho Ritchie comenzaba un camino redentor potable pero aún infectado por el virus industrial que ahora corrige de maravilla con “Justicia Implacable”, un remake de la película francesa “Le Convoyeur” (2004) manejado con pericia e incluso me atrevo a escribir con ribetes propositivos primero porque, aun siendo un proyecto estelarizado por su gran amigo Jason Statham el filme no termina siendo una sinfonía de patadas al por mayor (aunque sí rebosa la violencia en varias escenas, pero con un propósito muy claro) y segundo, la estructura narrativa es sensata, compleja y muy reminiscente a la estructura dramática en ritmo y cadencia a los thrillers de John Frankenheimer o William Friedkin de los 70’s, consolidando a este trabajo como uno de los mejores en la filmografía de su director.

Statham interpreta a “H”, un hombre monosilábico que comienza un trabajo en una compañía de camiones blindados donde se transporta cuantioso capital. El personaje es reservado y, según sus exámenes de ingreso, apenas apto en el manejo de armas y defensa personal, pero cuando un día él y su compañero y mentor apodado “Bala” (Holt McCallany) son asaltados, “H” muestra una increíble pericia con su pistola, asesinando con un solo tiro a cada rufián, lo que despierta la admiración de “Bala” y sus compañeros y la sospechas de su jefe inmediato sobre la verdadera identidad de este inescrutable sujeto. Posteriormente, veremos cómo en una narrativa análoga un grupo de ladrones se va conformando para dar un gran golpe, el cual culmina en la estación central donde se concentra todo el dinero que transportan los vehículos blindados y donde se encuentra “H”. Esta es la versión lineal de lo que sucede en la película, y decir más sería atentar contra los muy sutiles pero potentes giros que ofrece este pulido guion de Marn Davies, Ivan Atkinson y el mismo Ritchie, quienes urden una trama en capítulos fortificada por personajes excelentemente trazados y motivaciones muy personales y reales que no puedo revelar so pena de arruinar su intrincado –y sorpresivo- desglose para el espectador, mas puedo recalcar la compacta estructura en cada episodio (con títulos como “Un Espíritu Oscuro” o “Animales Malos, Malos”) que refina la presentación de situaciones y sobre todo a los personajes alterando incluso la cronología de eventos para un efecto de agrado intelectual. “Justicia Implacable” saca de la rutina sociópata a Statham y nos demuestra que Guy Ritchie aún guarda algunos efectivos juegos y trampas bajo su manga.

“UN DÍA MÁS PARA MORIR” (“BOSS LEVEL”)

El ex oficial de Fuerzas Especiales Roy Pulver (Frank Grillo) despierta una mañana en su departamento sólo para escuchar cómo su acompañante femenina grita al ser atacado por un hombre con machete. Al eliminar a su agresor, un helicóptero con una ametralladora Gatling trata de eliminarlo, escapando por una ventana y siendo posteriormente perseguido por una literal horda de asesinos de distinta variedad (mercenarias latinas, un enano especialista en bombas, redneck mugroso con cuchillos y ballesta, una letal espadachina asiática, etc.). Tarde o temprano alguno de ellos tiene éxito y Pulver muere, sólo para despertar el mismo día y revivir su persecución sin que sepa porqué es asediado o cómo es que su vida se ha vuelto un remedo de “Hechizo en el Tiempo”. Pero antes de que el lector crea que esto es un mero refrito a la ya clásica estructura narrativa popularizada por aquella película con Bill Murray dirigida por Harold Ramis, “Un Día Más Para Morir” es una jocosa y cinética cinta que toma tan solo aquella premisa para concebir un relato que tiene tanto fuertes dosis de adrenalina muy bien trabajada como un socarrón sentido del humor que la coloca un poco en el terreno de la sátira, aún si ésta se rebaja con ligeras dosis de drama cuando el protagonista, un valiente pero muy humano Frank Grillo (tres películas Marvel y dos de “La Purga”) va encontrando pistas sobre su descabellada situación, las cuales se vinculan a un experimento de física cuántica denominado “La Rueda de Osiris” que orquesta su ex esposa Jemma (Naomi Watts) para una gran compañía dirigida por el villanazo Ventor (Mel Gibson, quien se roba la película en las pocas escenas donde aparece gracias en parte a sus grandilocuentes y muy cuidados diálogos). La película comienza de lleno a la acción situándonos ya en el día 139 del protagonista en su bucle temporal y tomando la ruta directa en cuanto a diégesis con la voz en off de Pulver dándonos toda la información que requerimos para contextualizarnos. Entre balazos, golpes, luchas y corretizas vamos localizando el eje dramático del filme conforme nuestro personaje principal va uniendo las piezas del rompecabezas que le permitirán no sólo enfrentar adecuadamente a sus antagonistas, también rescatar a Jemma de un inminente atentado contra su vida una vez que Ventor descubre que ha hecho accionar la Rueda de Osiris a sus espaldas para evitar su mal uso y reestablecer contacto con su hijo Joe (Rio Grillo), un fanático de los videojuegos. De hecho, es la estructura narrativa con base en niveles y progresión de la historia superando obstáculos que escalan en dificultad de los videojuegos aplicada a este filme bien dirigido por Joe Carnahan (“La Última Carta”, “Narc”) lo que permite darle lustre a una estrategia argumental muy socorrida últimamente, pues de este modo es imposible tomarse muy enserio lo que ocurre cuando transpira la idea de que todo luce y se percibe como un videojuego, uno que posee secuencias de pelea y disparos frenéticamente orquestadas con momentos de relativo drama que no fuerzan su entrada al proceso. No sólo son caras, huesos, quijadas y el continuo espacio-tiempo lo que se rompe en esta cinta, también es el arquetipo para este tipo de historias brindando un escapismo casi festivo y muy operativo a un nivel básico, pues esto no se diseña para un gozo académico, sino para proveer una satisfacción similar a la de cualquier jugador cuando por fin arriba al Nivel del Jefe en su videojuego favorito, y a veces, con eso basta.

Correo: corte-yqueda@hotmail.com