Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

(Nota: Las cintas reseñadas se encuentran en cartelera comercial y se incluyen en este espacio por la naturaleza del mismo, pero es responsabilidad del espectador decidir el asistir a una sala de cine a verlas ante la contingencia sanitaria que impera).

“TOM Y JERRY” (“TOM AND JERRY”)

En la historia de los dibujos animados, los personajes de Tom y Jerry destacan por su manejo del minimalismo en sus tramas, las cuales simplificar su tesis a la persecución perenne de un gato hacia un ratón en infinidad de contextos, generando un planteamiento argumental que empapó el subsecuente trabajo de muchos animadores y calando hondo en la cultura popular al punto de la referencia obligada. Por ello es de suponer que bajo esa estructura tan lineal una iteración fílmica no da para mucho metraje, por lo que esta nueva adaptación (hubo un intento previo el año de 1992 con escaso éxito de crítica y público, éste último deplorando el proyecto porque los preciados personajes… hablaban, rompiendo ese sacro voto de mutismo que les proveyó de popularidad) añade no solo más personajes animados, todos ellos canónigos a las caricaturas de antaño, sino además un reparto enteramente de carne y hueso al cual darle seguimiento. Lo afortunado de esta nueva correría cinematográfica del felino gris y el diminuto roedor café es que el guion de Kevin Costello procura igualar tanto tiempo en pantalla de todos los personajes como entrelazar sus arcos narrativos de manera compensada y orgánica, esfuerzo que se nota y se agradece, aún si no siempre funciona. Todo se reduce a los intentos de Tom por atrapar a Jerry en un hotel de lujo, después que una chica inexperta pero emprendedora y algo estafadora llamada Kayla (Chloë Grace Moretz) entra ahí a trabajar, siendo comisionada por su jefe (Michael Peña) para atrapar al ratón, pues busca que nada salga mal después que el local ha sido elegido para celebrar la boda de una afamada pareja farandulera. Por supuesto, la Ley de Murphy entra en acción y el resultado es todo lo caricaturesco que puede esperarse, y si bien las situaciones que se producen son las esperadas (Tom es golpeado varias veces, Jerry se sale con la suya varias veces, Kayla se enamora y se equivoca varias veces, etc.), tal predictibilidad se llega incluso a disfrutar gracias a la ligera y hermética dirección de Tim Story, director habituado a comedias o producciones donde la banalidad es primordial (“Los 4 Fantásticos”, “La Barbería”, “Taxi”) pero que le han dado callo en cuanto al manejo del humor, y el que aquí predomina es tan sencillo y pueril que despoja a la cinta de cualquier malicia posmoderna, aún si se apela a las obligadas bromas de corte millennial. “Tom y Jerry” no es una película hecha para superar la prueba del tiempo, pues su conducción narrativa está confeccionada para una experiencia sensorial momentánea, pero ese tiempo que dura la experiencia es suficiente para entretener al respetable, aún si ésta nueva y tecnológicamente avanzada aventura de los amados personajes se disuelve en la memoria poco después de terminado su filme.

“MONSTER HUNTER: LA CACERÍA COMIENZA” (“MONSTER HUNTER”)

Lo hemos enunciado antes, y por lo visto así continuará ad infinitum: los videojuegos simplemente no permiten una traspolación adecuada de su compacta narrativa al expansivo lenguaje cinematográfico, pues aún si la mitología producida en consolas caseras es intrincada y rica (y vaya que los modernos juegos la poseen), ésta no logra consolidarse mediante imágenes en movimiento que carecen de la interactividad de su inspiración electrónica, por lo que hasta el momento todas y cada una de sus adaptaciones suele arrinconarse en el apartado de los peores filmes del año. Pero si a esto se le añade del nombre de Paul W. S. Anderson como director, ya no importa si se trata de una versión fílmica de un videojuego o no, pues el señor es garantía de bodrio absoluto, y “Monster Hunter: La Cacería Comienza”, es testimonio de estas dos aseveraciones ya que adapta el famoso juego de la Capcom y además la firma Anderson, la tormenta perfecta para el churro más infecto.

La trama es de risa loca: una tormenta mística producto de una cultura transdimensional capaz de rasgar el continuo espacio-tiempo transporta a un pelotón norteamericano de élite a una tierra desértica donde abundan los monstruos. La capitana (Milla Jovovich, quien me imagino ahora sí se animará a pedirle el divorcio a su marido Anderson por andarla metiendo en estos mejunjes hediondos), una mujer aguerrida y sagaz con un punto blando para un anillo que cuida religiosamente con la inscripción “para siempre”en su interior es la única que sobrevive a los ataques de los gargantuescos seres. Todo parece perdido hasta que se alía con un hombre al que identifica solamente como El Cazador (Tony Jaa), quien mediante gestos y galimatías le indica el origen de estos seres, una torre que se conecta con todas las dimensiones y que arriesga la vida la nuestra (¿Acaso Stephen King sabe de esto?), por lo que la misión es destruirla. A lo largo de la insípida y repetitiva trama (si a eso se le puede llamar la sucesión de escenas con monstruos de apariencia muy rutinaria siendo eliminados por Jovovich y Jaa empleando técnicas de supervivencia demenciales con un montaje digno de película porno, o sea corte directo a lo bruto sin cuidar ejes o continuidad) surgirán otros personajes también arrastrados por la mentada tormenta y liderados por un leonino Ron Perlman, quien también habla inglés nomás para que los gringos no se agüiten. Y así, entre una aparatosidad visual y acústica que semeja el arañar un pizarrón en la materia gris, termina este adefesio con ganas de tener secuela según la escena final. Y por Dios, ojalá eso no suceda.

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