Por Juan Pablo Martínez Zúñiga

“NUEVO ORDEN”

Mucho se ha escrito con fervor polémico sobre la nueva cinta del aclamado director mexicano Michel Franco titulada “Nuevo Orden”, pues curiosamente su fondo argumental arriba en un punto histórico donde se suma a esta cuasi perceptualización matemática (visualizaciones que describen espacios imaginarios, interrelaciones, movimientos y transformaciones continuas) del discurso moderno que respalda una corrección política que ya nos tocó como herencia cultural taladrada a la conciencia con base en la insistencia mediática de la representación equitativa y justa de toda etnia y sexualidad no hetero que se ha visto apoyada por las Camisas Amarillas francesas, las revueltas sociales en Chile y las avasallantes manifestaciones de índole racial en los E.U. al abordar desde una perspectiva deliberadamente ambigua el desmantelamiento del estatus quo burgués y acomodado para darle paso a la brutal instauración de un hipotético (pero relativamente posible) Nuevo Orden, donde la clase trabajadora, los desposeídos, el colectivo mexicano que conforma el grupo asalariado mayor pero menos protegido por las instituciones o el gobierno, toman el control a la fuerza gracias a una alianza con el ejército. La película luce, huele y casi me atrevo a escribir se trabaja como una mirada irónica al México de AMLO, donde la posibilidad de una utopía amorosa se ve suplantada por el lenguaje de las balas, pero al final lo que tenemos es un trabajo que expresa una labor de dirección sapiente (indudablemente Franco entiende y sabe cómo usar una cámara y el montaje intelectual) pero cosida con base en retazos de influencias narrativas que van de la mirada cáustica y demoledora de un Michael Haneke en conjunto a las pretensiones plásticas y lingüísticas de Lars Von Trier a la transposición evolutiva y social de Pierre Boullé en su “Planeta de los Simios”, pariendo un relato arrogante que cree contar algo importante mas muy deslocalizado en cuanto a exploración de la génesis de eventos o de sus personajes principales, lo que constituye la verdadera falta de esta cinta más allá de su supuesto desdén por el mexicano moreno a favor de los mirreyes de Polanco.
La trama se ubica en el 2021, donde el caos reina en una Ciudad de México socavada por los pobres, quienes les han hecho ver su suerte a los ricos mediante la fuerza. Una mujer, Marian (Naian González Norvind), acaba de contraer nupcias pero durante la celebración de su boda, parte para ayudar a un ex empleado que ha solicitado el socorro monetario de su adinerada familia con el fin de operar a su esposa gravemente enferma. En el trayecto es sorprendida por una multitudinaria manifestación y posteriormente cautiva por militares encapuchados. Mientras tanto en la mansión de sus padres, los invitados al festín son sorprendidos por militantes con el rostro pintado a modo que sugiere cierto tribalismo y obligados junto con la servidumbre a participar de juegos retorcidos donde los perdedores morirán (v.g. las orondas señoras de sociedad son obligadas a cocinar arroz o a planchar). El guion conjunta estas escenas con otras que muestran el sometimiento de los rubios y bellos capitalistas capitalinos, a quienes se les obliga a mandar mensajes en video a sus padres solicitando millones de pesos de manera hosca, además del requerido montaje donde se muestran todo tipo de vejaciones, ultrajes, violaciones y demás actos iracundos propio de un coup d’etat. Mientras que para muchos el problema estriba en la conjeturada victimización de la élite por el proletariado, en realidad todo parece constreñirse a una fantasía ucrónica donde el pueblo termina por vencer en esa guerra silenciosa que se libra en la mente del acaudalado y el indigente, patente en la diferencia clasista que se vive en todo país tercermundista, más lejos de ser una genuina catarsis sociocultural especulativa, el filme no logra despejar su propio planteamiento al no inquirir de forma más exacta los procesos que conducen a esta entropía sin aludir a nuestra realidad, pues esto es una ficción que juega con sus propias reglas en un universo sinónimo pero no mellizo al nuestro, permaneciendo tan sólo como un ejercicio que luce bien y se cuenta ídem pero ni presenta algo novedoso (títulos como “La Noche de los Lápices” lo han hecho antes y mejor con mayor puntualidad en su tesis narrativa) ni se distingue en áreas como actuación o propuesta, pues como escribí anteriormente, se asoman demasiado las influencias plásticas y discursivas del señor Franco como para que su planteamiento social y político se distinga.

“FREAKY: ESTE CUERPO ESTÁ PARA MATAR” (“FREAKY”)

El emparejamiento de comedia juvenil y el cine slasher está encontrando nuevos modelos de expresión después de que la saga “Scream” fuera enterrada y reposicionada como una de las favoritas en las barras de programación de las compañías de cable y tele satelital, amalgamándose el subgénero con la ciencia ficción (“Feliz Día de Tu Muerte” y secuela) y ahora con la fantasía, pues “Freaky: Este Cuerpo Está Para Matar” toma la manida premisa del intercambio de cuerpos para crear una cinta que place por su respetuoso empleo de los convencionalismos del cine de cuchilladas ochentero unido con gracia a los del cine preparatoriano contemporáneo, creando uno de los filmes más divertidos de esta temporada, aunque nada tan espectacular como para que exponga su salud acudiendo a alguna sala de cine, pues al final termina siendo algo que ya nos suena más que conocido.
La trama gira en torno a Millie (Kathryn Newton), una apocada e introvertida estudiante de prepa que ha perdido a su padre llevando una vida relativamente solitaria (tan sólo tiene dos amigos, una chica afroamericana y el típico chico gay de su salón mientras que los atletas y otros adolescentes la atormentan) con su hermana mayor que es agente policial y su madre, quien la sofoca con atenciones. Mientras tanto, el pueblo donde vive se ve asolado por un asesino serial apodado “El Carnicero” (Vince Vaughn), mote justificado desde la primera secuencia, quien ha hurtado un cuchillo ceremonial azteca mágico durante su último ataque a una de las casas ricas del lugar. Al toparse con Millie una noche, ambos son heridos por la daga y se produce un intercambio corporal, por lo que el maniático ahora reside en Millie y viceversa, con los resultados esperados: los bullies de la escuela comienzan a ser diezmados, así como las insoportables chicas fresa que le hacían ver su suerte a la protagonista, mientras que ella trata a convencer a sus amigos que se encuentra atrapada dentro del asesino.
El director Christopher Landon cuaja una cinta graciosa y ocurrente que se beneficia de la buena interpretación de Vaughn y Newton a la vez que confecciona logradas escenas chuscas (la secuencia de Vaughn siendo golpeado por las amistades de Millie mientras trata de hacerles ver que es ella en el cuerpo del Carnicero es un ejemplo) a la par de momentos brutales y gore sin que caiga el ritmo o se diluya. “Freaky: Este Cuerpo Está Para Matar” logra sostenerse muy bien por sí misma, aún si nos remite a Un Viernes (13) Alocado.

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