Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

1ª Función

“LA MALDICIÓN DE LA LLORONA” (“THE CURSE OF LA LLORONA”)

Dicen por ahí que mil monos en máquinas de escribir (o con teclados de computadora) podrían, eventualmente, reproducir toda la obra de William Shakespeare. Entiendo la ironía detrás de tal afirmación, pero la imagen también invade mi mente cada vez que veo una película de horror producida, escrita o dirigida por James Wan, pues solo macacos con acceso a ordenadores podrían conjurar las aberraciones que habitualmente la Warner Bros., en contubernio con ese timador estrenan en salas con inexplicable éxito. Bueno, tal vez la razón no sea todo un misterio, pues sus películas aluden a los aspectos más básicos y digeribles del género con el fin de que los espectadores, en su mayoría millenials o de Generación Zeta, no sufran con nimiedades como dimensionamiento de personajes, suspenso trabajado o una historia inteligente, lo que me hace sospechar que, en efecto, las tramas de estas películas equivalentes a comida chatarra –se consumen sin culpa, se desechan fácilmente y tenemos plena consciencia de que no poseen algún valor nutrimental– llevan la firma de un simio con seudónimo. Y para muestra tenemos “La Maldición de la Llorona”, el producto más reciente sacado de ésta máquina de churros metida con calzador grande al universo de “El Conjuro” y “Annabelle” creado por Wan pero con una calidad argumental e interpretativa que hacen ver a “La Monja” (2018) como una obra maestra de coherencia y madurez narrativa. En esta ocasión la rienda va en manos de Michael Chaves, cortometrajista y director de series televisivas que debuta en pantalla grande con este relato inspirado en la leyenda mexicana sobre La Llorona, la mujer que primero ahogara a sus hijos para luego penar por ellos después de muerta. Como siempre, el director muestra una mano firme en cuanto a construcción de atmósferas y fotografía macabra, pero todo lo demás falla miserablemente cuando la trama no es más que clichés encadenados sin algún asomo de originalidad o propuesta. El papel protagónico corre a cargo de Linda Cardellini (“Green Book”), eficaz actriz que recibe un papel pobretón de madre compungida porque sus hijos son acosados por La Llorona. La trama replica muchos elementos de aquella cinta producida por Guillermo del Toro titulada “Mamá”(2013) donde la maternidad se transforma en una ominosa reflexión sobre la entrega, el compromiso y los vínculos que atan a una madre con prole en condiciones de angustia extrema, pero aquí con una pobreza argumental que debilita cualquier intento por producir miedo auténtico. De hecho, los rigurosos sobresaltos que distinguen a estas cintas son lo único que sacuden la modorra al espectador, ya que la trama es más de lo mismo: Cardellini debe salvar a sus hijos del espectro, los niños constantemente sufren ataques de la entidad sobrenatural, todos piden ayuda y la encuentran en un curandero con matices cómicos (Raymond Cruz) hasta llegar al obligado clímax dominado por los efectos especiales y gritos a granel. Nada nuevo, nada relevante. Tan canalla es la película por su codiciosa intención de generar taquilla y no miedo, que más valdría ver otras iteraciones de nuestra famosa madre sobrenatural con mayor valor escapista. Hasta Santo y Mantequilla Nápoles en “La Venganza de la Llorona” (1974) nos hace padecer menos que esta mentecata película.

2ª Función

“NACIDO PARA SER REY” (“THE KID WHO WOULD BE KING”)

Siempre es agradable cuando una cinta provee de una experiencia inesperadamente satisfactoria e incluso relevante, pues como demuestra “Nacido para ser Rey”, la más reciente cinta del director inglés Joe Cornish (“Attack the Block”), no hay que forjar expectativas en base a una narrativa pretensiosa o marinada en la posmodernidad, basta con un guion sólido, un buen cuadro de actores y entrega. La película no cuenta nada nuevo, pero es la forma en que lo hace lo que la trasciende: un niño llamado Alex (Louis Ashbourne Serkis –sí, el hijo de Andy Serkis–) y su mejor amigo Bedders (Deran Chaumoo), ambos marginados en su escuela y con familias no muy estables, encuentran la fabulada espada Excalibur, siendo Alex quien logra sustraerla de un pilar de concreto. En medio de un contexto geopolítico turbulento donde el espectro de la guerra se asoma disimuladamente en la trama, el hallazgo podría significar la estabilidad mundial, pues como señala la leyenda que se nos narra al inicio de la cinta, hace falta un rey para conducirnos a la paz. Desafortunadamente Morgana (Rebecca Ferguson), la media hermana del Rey Arturo presa en el inframundo, desea nuestra ruina y ahora que se ha enterado que un niño se ha apoderado de la espada, mandará a sus huestes a detenerlo el tiempo suficiente para que logre liberarse gracias a un eclipse de sol a efectuarse en pocos días. Alex no sólo se verá apoyado por su incondicional y elocuente amigo Dean, también cuenta con el apoyo de Merlín tanto en versión adolescente (Angus Imrie) como veterano (Patrick Stewart), quien les mostrará el arte de la caballería junto a Lance (Tom Taylor) y Kaye (Rihanna Dorris), los dos abusadores escolares que les hacían ver su suerte pero ahora, en un contexto de unidad y respeto como lo dicta la norma caballeresca, se han unido a la causa de Alex para combatir los maléficos planes de Morgana y salvar el mundo.

Si la película vale es por un mensaje muy claro y bien manejado de unidad y solidaridad, el cual no toca los abismos del sermón sino fluye a raíz de las acciones y decisiones tomadas por los personajes, así como por su interacción siempre creíble y varias escenas donde los diálogos y sus componentes emocionales son atendidos con cuidado. Pero también hay acción, y son estas secuencias las que brillan por su dinámica atención a los detalles y sus repercusiones, ya que los chicos no son héroes instantáneos, van aprendiendo sobre la marcha y surgen errores que los matizan como seres humanos falibles pero con determinación. La dirección de Cornish remite mucho a lo que hizo en “Attack the Block”, ya que todos se vulneran en situación de peligro dando cabida a correctos sentimentalismos y momentos de humor, la mayoría por parte del joven Merlín, quien sabe lo que hace a la vez que se fascina por este mundo moderno sin caer en los clichés al respecto. Buenas actuaciones, historia bien contada y momentos emocionantes. “Nacido para ser Rey” lo tiene todo para que sea una de las películas familiares más eficaces en cartelera durante este período vacacional.

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