Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

1ª Función
“COCO”
Inevitablemente, en cada ocasión que Hollywood ha aprovechado para retratar nuestra cultura en algún proyecto derivado o creado por anglófonos se siembran sospechas en la mente del espectador nacional, pues aun si sus filmes no están obligados a representar con fidelidad cada detalle de los aspectos sociales y culturales que le son ajenos en aras del entretenimiento o la adaptación a sus cánones narrativos, sí se debe al menos generar dicha representación con mínimos detalles de cordura y cierta deferencia al país que le ha servido como fuente de inspiración. Por varios años México ha nutrido de componentes narrativos a diversas producciones norteamericanas que van desde la caricatura más insolente a la glorificación innecesaria, por lo que resulta admirable que fuera una cinta animada la que proveyera un punto medio al procurar una revisión a detalle de los aspectos más representativos de nuestra idiosincrasia y espíritu festivo mediante el filtro de la celebración de Día de Muertos, y en eso “Coco”, la más reciente cinta de los estudios PIXAR, ha salido muy bien librada, pues como acostumbran, enfocan su atención tanto al desarrollo de personajes, su psicología y motivaciones sin privilegiar a los chistes de flatulencias como a cultivar una historia dimensionada, profunda y matizada con toques de madurez e inteligencia. Sin estar desprovista de la mirada del creador fuereño, “Coco” logra construir su argumento basado tanto en los elementos más emotivos como coloridos de la celebración anual a la muerte a través de los ojos de Miguel, un niño con talento para la música y que adora las composiciones del desaparecido cantautor Ernesto de la Cruz, una curiosa fusión de la aristocracia ranchera de un Jorge Negrete con la simpatía pueblerina de Pedro Infante. Desafortunadamente, la música está vetada en su hogar por órdenes de su madre, quien a su vez heredó tal desdén por su abuela, Mamá Imelda, quien se viera abandonada por el famoso intérprete. Miguel desea conquistar su sueño y al encontrar la negativa de su familia, decide robar la guitarra de De la Cruz en su mausoleo. Tal acto lo transportará a la Tierra de los Muertos, donde deberá encontrar la bendición de alguno de sus parientes fallecidos, ahora esqueletos que llevan una vida de serenidad y paz en dicho lugar, para poder regresar. En su aventura se topará con Héctor (Gael García Bernal), un difunto en desgracia quien ve en el pequeño cantante una oportunidad para reencontrarse espiritualmente con su familia, pues todos los muertos requieren ser evocados en altares si quieren subsistir, y él comienza a ser olvidado…
El director Lee Unkrich (“Toy Story 3”), asistido por el primerizo Adrián Molina, logran confeccionar un relato que trasciende etnias para universalizar el concepto de la soledad, la existencia, la redención y el reencuentro tanto con uno mismo como con los seres queridos mediante una trama sublimada por las emociones más que por la comedia (aunque claro que no se encuentra exento de ésta, cortesía de un xoloitzcuintle llamado “Dante” que logra acompañar a Miguel en su odisea) presentado mediante una plástica casada con nuestra sensibilidad artística, arquitectónica y visualmente a tono con los juegos cromáticos de las fiestas que presenta, al punto de que nuestros sentidos nos engañan creyendo aspirar el perfume de cempasúchil que sirve de puente para el inframundo. El público mexicano encontrará particularmente gozosas las múltiples referencias socioculturales que brotan con atinado ritmo en la cinta, desde El Santo hasta Frida Kahlo, así como el hondo tapiz narrativo que se unifica gracias a sus bien trabajados personajes conducidos a un clímax muy conmovedor. “Coco” esquiva el abismo de la banalidad narrativa para consolidarse como uno de los esfuerzos dramáticos más interesantes de PIXAR, legando uno de los filmes animados que con delicadeza y respeto han sabido interpretar a México más allá del sarape, el taco y la Guadalupana.

2ª Función
“FELIZ DÍA DE TU MUERTE” (“HAPPY DEATH DAY”)
En “Hechizo del Tempo” (“Groundhog Day”–1993), el finado Harold Ramis confecciona un elaborado tramado argumental que parte de un punto relativamente simple: su protagonista vive el mismo día una y otra vez. En este caso, la premisa invita a una reflexión que puede proyectarse a diversos puntos de análisis filosófico o metafísico, desde el eterno retorno nitzscheano hasta los prolongados debates deterministas, validados por una exposición sólida y contundente en cuanto al protagonista y el modo en que encara tan cósmico predicamento. El filme de Ramis brilla por su elocuencia al respecto a la vez que su argumento no se complica más allá de ver a Bill Murray como el estelar padecer y comprender jocosamente la naturaleza de su coyuntura. En el caso de “Feliz Día de tu Muerte”, la premisa es exactamente la misma, el desarrollo muy similar y la conclusión prácticamente idéntica, pero ahora en bis slasher, o sea que en este caso la protagonista, una insufrible estudiante de universidad llamada Tree (Jessica Rothe), vivirá los mismos acontecimientos en un bucle temporal donde será asesinada una y otra vez por un maniático con máscara de bebé hasta que descubra su identidad y el motivo de su impulso homicida. El atractivo de esta idea es suficiente para sostener el interés del espectador, y el director Christopher Landon (“Actividad Paranormal: Los Marcados”) cuaja uniformemente todos los eventos coherentemente, pero la búsqueda de redención de Tree se percibe forzada al presentarse como una vana, hueca e impaciente miembro de una prestigiosa fraternidad que no tiene ojos más que para su apariencia y su celular, lo que pone en jaque a Carter (Israel Broussard), simpático muchacho que se ve atraído por ella. Landon debió tomarse un tiempo extra para trabajar mejor a su protagonista, pues no basta el carisma de Rothe ni la cantidad de veces que debe ser asesinada de diferentes (y totalmente fuera de cuadro) formas para despertar el mismo día y retomar su investigación si lo preferible en una cinta con estas características es que el viaje de la heroína sea uno integral a su gradual transformación existencial para solventar su escollo temporal. Problemas de guión aparte, la cinta sí cumple con su función de entretenimiento a niveles muy básicos, y después de su éxito en taquilla en los E.U., es probable que veamos secuelas donde esta historia se repita, y se repita ad nauseam en cines.

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