Por Juan Pablo Martínez Zúñiga

1ª Función
“LA LA LAND: UNA HISTORIA DE AMOR” (“LA LA LAND”)
La verdadera proeza de este filme no yace en su triunfo sin precedentes en los Globos de Oro o sus múltiples postulaciones para el Oscar, sino en lograr mantener una estructura narrativa centrada en los personajes sin caer en la vulgaridad o banalidad del espectáculo marca Broadway para mostrar un absoluto respeto por sus personajes y sus acciones. “La La Land” es primero cine antes que un producto musical y eso refleja la madurez que su joven director Damien Chazelle ha alcanzado en su corta pero sólida carrera. Imbuida de constantes referencias al cine musical más icónico de Hollywood mientras alaba plásticamente a aquellas producciones francesas de los sesenta dirigidas por el maestro Jacques Demycom (“Los paraguas de Cherburgo”), la cinta localiza su propia fuente de inspiración mediante un guion (también del propio Chazelle) que realiza diversos actos de equilibrio entre el homenaje y la voz propia, creando un universo donde los personajes deambulan entre el onirismo confitado y la seriedad que revisten sus acciones. El cada vez más enfocado Ryan Gosling encarna a Sebastian, un músico que sueña con interpretar el mejor jazz y abrir su propio bar dedicado a este melancólico género. Por su parte, Emma Stone es Mia, una chica de carácter dispuesto y emprendedor que lucha por ser actriz. Ambos acuden al llamado de sus respectivas ambiciones en la ciudad de Los Ángeles (cuyas iniciales -L.A.- son las que dan pie al título de la cinta), encontrando mediante algunas experiencias adversas que es difícil sobresalir en un contexto cultural donde todos buscan lo mismo. Sin embargo, el destino cinematográfico querrá que ambos se conozcan y a partir de ese momento la cinta dedicará todo su esfuerzo narrativo en mostrar la evolución de su unión como pareja a la vez que procuran atender el cumplimiento de sus metas profesionales. Esto, que en otras manos pudiera caer en la rutina, logra destellar interés y humanidad gracias a las excelentes interpretaciones de Gosling y Stone, quienes cuidan cada matiz de sus personajes hasta percibirlos como personas y no arquetipos, mostrando las bondades y virtudes en un enamoramiento que funciona como catarsis en una ciudad que difícilmente adopta extraños, y rasgos individuales que los muestran como los imperfectos seres que a fin de cuentas son al priorizar sus intereses sobre los del otro, por lo que los números musicales, cuidados y muy melódicos, no son más que la proyección imaginaria de sus propias fantasías, deseos y frustraciones, haciéndose más orgánicos y concretos que la mera explosión rítmica coreografiada. No hace falta ser un melómano para disfrutar de este filme, y todo aquel que detesta los musicales encontrará sorpresivamente que la película derrumba todo prejuicio al respecto al brindar una fábula sobre la realidad en la persecución de los sueños y la felicidad que, supuestamente, aprehende el apego por un ser humano. Universal y delicada, “La La Land” es la cinta que redefine el género musical al darnos cine antes que entretenimiento, y eso es música para los ojos de cualquier cinéfilo.

2ª Función
“FRAGMENTADO” (“SPLIT”)
Parecía imposible, pero el justamente vituperado director M. Night Shyamalan ha logrado superar su bache creativo y de forma gradual muestra que el talento siempre ha estado ahí, tan solo se extravió un poco en una (muy prolongada) borrachera de ego. El año pasado, su cinta minimalista titulada “Los Huéspedes” ya mostraba señas del regreso al discurso formal y más concreto del otrora consentido de Hollywood por filmes como “El Sexto Sentido” y “El Protegido”, pero ahora con “Fragmentado”, Shyamalan puntualiza los elementos que pretende explorar como director en términos narrativos y los fundamenta en una exploración sencilla pero eficaz de personajes a la vez que muestra un retrato empático sobre el abuso y el fortalecimiento emocional de quienes lo padecen. El actor inglés James McAvoy es el estelar de la cinta interpretando a Kevin Wendell Crumb, un hombre afectado por un severo desorden de personalidad múltiple (23 en total) que rapta a tres chicas para confinarlas en un intrincado sótano. Al inicio, los motivos de Kevin son misteriosos, pero éstos comienzan a desvelarse conforme sus distintas personalidades comienzan a aflorar y éstas se relacionan con las adolescentes, señalándoles que una nueva identidad está por emerger, llena de ira y fortaleza que sólo pueden identificarla como La Bestia, y ellas son su sagrado alimento. La cinta, además de integrar fluidamente una línea de suspenso al mostrar los esfuerzos de las secuestradas por liberarse a la vez que lidian con los diferentes rasgos psicológicos que brotan de Kevin (incluyendo una mujer fría y dominante llamada Patricia, un niño de nueve años que revela diversas facetas de su mente al confiar en las jóvenes y Barry, el líder de las personalidades quien se muestra inteligente y mesurado, entre otros), éste trata de encontrar alivio a su problema mediante una experta y avejentada psicoterapeuta llamada Dra. Fletcher (Betty Buckler) quien ve en Kevin no sólo el culmen en el desarrollo de este desorden psicológico sino además una posible cura. Los aspectos más interesantes de la trama yacen en una de las chicas raptadas, Casey (la convincente Anya Taylor-Joy), quien se nos revela mediante flashbacks como un ser herido y dañado profundamente por abusos familiares y que podría tener la clave para contener al abusado y dañado Kevin antes que La Bestia domine por fin. Una carrera contra el tiempo que disemina interés por sus personajes y una ejecución muy correcta por parte de Shyamalan, por lo que “Fragmentado” no volverá locos a la audiencia como con sus anteriores trabajos y deja claro que aún falta mucho por ver de este director hindú.

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