Por Juan Pablo Martínez Zúñiga

1ª Función
“HASTA EL ÚLTIMO HOMBRE” (“HACKSAW RIDGE”)
Un hombre que se niega a matar en una guerra es una paradoja que se antoja insoluble, pero ocurrió durante la Segunda Guerra Mundial cuando el soldado Desmond Doss se rehusó a siquiera tener en sus manos un arma por sus convicciones religiosas (era un Adventista del Séptimo Día) pues creía que la forma más adecuada de servir a su país durante la conflagración bélica era como paramédico, lo que le valió la burla e incluso corte marcial en la milicia yanqui hasta que mostró su valor al rescatar 75 soldados de una muerte segura sin disparar un solo tiro. Tal dicotomía resultó irresistible para Mel Gibson, quien atraído por personajes sometidos a enormes actos de violencia física y emocional para encontrar la gracia (“Corazón Valiente”, “La Pasión de Cristo” e incluso “Apocalypto”), logra recuperar con firmeza su imagen de director adaptando al cine esta historia en “Hasta el último hombre”, cinta que sorprende tanto por la formalidad con que retrata la vida de este singular joven como la ausencia de maniqueísmos chocantes o sobrevaloración de atributos patriotas o morales. El filme narra cómo el escuálido y optimista Doss (correctamente interpretado por Andrew Garfield) sobrelleva una vida familiar turbulenta debido al alcoholismo y violento temperamento de su padre (un excelente Hugo Weaving), producto de su servicio en la Primera Guerra Mundial, hasta que decide enlistarse como paramédico y asistir a las fuerzas armadas en el frente japonés. La relación con sus compañeros e incluso con su sargento (VinceVaughn) marcha bien, hasta que se resiste a empuñar un fusil. Después de varias tribulaciones -incluyendo el mencionado proceso penal donde sale bien librado gracias al apoyo de su padre- logra acudir al campo de batalla en Okinawa donde sobrepondrá el horror de la guerra ante su fe para realizar su acto heroico. La verdadera proeza está en la dirección y guión de la película, pues todo se narra con mucha sobriedad y si bien termina siendo una oda al valor y creencias personales, nunca se edulcora o ablanda demasiado para terminar en el gesto convaleciente de una asombrosa historia real. “Hasta el último hombre” es, sin duda, el mejor trabajo como director de Gibson, quien ha madurado su mirada más allá de sus relatos manipuladores previos para, ahora sí, hacer algo de cine auténtico, con un manejo del drama medido y convincente. Muy recomendable.

2ª Función
“TALENTOS OCULTOS” (“HIDDEN FIGURES”)
Lo más curioso con respecto a este filme es que de haberse estrenado pocos años atrás no se hubiera valorado como ahora. “Talentos Ocultos” es una cinta bien dirigida por Theodore Melfi y fortalecida por sus trío de actrices principales -Taraji P. Henson, Octavia Spencer y Janelle Monáe- que adquiere relevancia por su contenido de temática racial en una era done el espectro de la segregación resurge con la velocidad y voracidad de un rubio presidente con ínfulas fascistas, además de revelar un capítulo de la historia poco conocido sobre el papel que desempeñaron las mujeres afroamericanas en el programa espacial desarrollado por John F. Kennedy y la NASA a principios de la década de los 60’s. La cinta focaliza su trama en tres mujeres, Katherine G. Johnson (Henson), Dorothy Vaughan (Spencer) y Mary Jackson (Monáe). La primera es un prodigio para las matemáticas, lo que le permite ingresar a la zona de cálculo de la NASA coordinada por el adusto pero justo Al Harrison (Kevin Costner) donde la resolución de ecuaciones y fórmulas es fundamental para encontrar el modo de poner un hombre en el espacio. Por su parte, Vaughan posee una mente analítica que le permite coordinar a un grupo de jovencitas negras que fungen de analistas (o “computadoras”) para procesar los datos matemáticos que les envía Harrison para desarrollar los métodos de construcción y elaboración de los cohetes y cápsulas espaciales, mas su empeño y dedicación se verán obstaculizadas por Vivian Mitchell (Kirsten Dunst), jefa inmediata de Vaughan quien minimiza sus avances e incluso le niega el rango de supervisora, aun si cumple las funciones de una. Mientras tanto, Jackson posee grandes facultades para la ingeniería pero no logra ingresar como tal a la NASA por carecer de cierto rango académico al que no logra acceder por tratarse de estudios que sólo se imparten en universidades para blancos. Las tres deben lidiar tanto con las dificultades que representan sus actividades, las cuales las alejan de sus familias y seres queridos, como con la segregación institucionalizada presente incluso en instalaciones científicas como esa. Escena clave en el filme es aquella donde vemos al personaje de Henson literalmente correr casi un kilómetro para poder acudir a instalaciones sanitarias porque en el edificio donde trabaja no hay baños para la raza negra, bajo la lluvia y sacrificando tiempo en su actividad numérica sólo porque no puede evacuar su vejiga debido a políticas racistas. El director Melfi establece un balance muy logrado entre la exposición de tales elementos raciales y la presentación de las protagonistas como piedras angulares del programa espacial y no tanto como mártires de la causa igualitaria, lo que dota de ligereza y amabilidad a la historia. Bien contada y francamente entretenida, “Talentos Ocultos” es un filme muy oportuno en el tiempo de #BlackLivesMatter.
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