Luis Muñoz Fernández

En una entrevista reciente a propósito de su último libro, una recopilación de sus columnas quincenales en El País Semanal de febrero de 2019 a enero de 2021, al escritor Javier Marías se le preguntó si, dado que suele escribir sobre la ineptitud de los políticos, queda todavía alguno que no le haya decepcionado. Su respuesta fue la siguiente:

“Decepcionar no sé si es la palabra, porque no es que hubiera puesto grandes esperanzas en casi ninguno. Al revés, se han cumplido mis peores expectativas. En este momento todos los partidos están en manos de gente muy mediocre por decirlo suavemente”.

Al margen de que Javier Marías no se caracteriza precisamente por la benevolencia de sus juicios -que son, por otro lado, bastante certeros- y de que en esta entrevista se refiere al panorama político español, podríamos suscribir lo que dijo si el país aludido fuese el nuestro. Basta observar con serenidad y cierta objetividad lo que ocurre en los diversos escenarios que van desde lo nacional hasta lo municipal. Desde luego, hay algunas excepciones.

Por eso resulta muy interesante recordar un librito titulado “El político”, escrito por José Martínez Ruiz, “Azorín” (1873-1967), miembro de la llamada generación del 98, que reunió a un grupo de escritores, ensayistas y poetas que se vieron muy afectados por la crisis moral, política y social que desencadenó la derrota de España en manos de los Estados Unidos, con la consiguiente pérdida para aquella de Puerto Rico, Guam, Cuba y las Filipinas.

La obrita en cuestión contiene 46 máximas dirigidas a los políticos con el propósito de ofrecerles algunos consejos o guías para que se desempeñen de la mejor manera posible. Al final, el autor reconoce que los consejos podrán ser útiles y producir los mismos resultados siempre y cuando las circunstancias de las experiencias pasadas en las que se basan sean lo bastante parecidas a las del presente, advirtiendo que el tiempo transcurrido puede hacerlos obsoletos. Los consejos van desde el cuidado de la salud y la forma de vestir y hablar, hasta la elección del momento y el lugar del retiro.

“El político” es el polo opuesto a lo que predican los actuales asesores de imagen, tan caros a los políticos de hoy, pues Azorín enseña a fortalecerse por dentro y a forjarse con solidez y sensibilidad como un ser humano al servicio de sus semejantes, en lugar de construir una fachada atractiva para captar votos y simpatías tras la cual sólo hay vacuidad, frivolidad, ignorancia y ausencia de virtudes. Resuenan en sus escasas ochenta y tantas páginas los ecos de Baltasar Gracián, Nicolás Maquiavelo y Diego de Saavedra Fajardo. Transcribiremos y comentaremos algunos fragmentos la semana próxima.

Comentarios a: cartujo81@gmail.com

 

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