Jesús Eduardo Martín Jáuregui

(El año de la peste.- Película de Felipe Cazals de 1979. Una terrible enfermedad es detectada en México, el Dr. Brennan diagnostica que se trata de una epidemia y da aviso a las autoridades, pero éstas no oyen sus advertencias. Poco tiempo después, la epidemia es un hecho consumado. Ante la evidencia, el gobierno controla la información para evitar el pánico, organiza brigadas represivas disfrazadas de fumigadores y prolonga las vacaciones escolares. Los habitantes, fingen no darse cuenta y tratan de divertirse, mientras la ciudad se llena de cadáveres. Filminlatino.)

La medida de inundar las zonas bajas de Tabasco para “salvar” a Villahermosa plantea aspectos éticos y jurídicos que merece la pena analizar si bien sea someramente.

Ya casi nada me sorprende del presidente López Obrador, ni sus contradicciones, ni sus mentiras, ni sus promesas incumplidas, ni sus baños de pureza, ni sus autoinmolaciones, ¡vamos! Ni siquiera sus ceremonias chamánicas irrespetuosas para los pueblos indígenas a los que tanto dice respetar, sin embargo su espontánea confesión de haber ordenado librar a la ciudad de Villahermosa de la posible inundación optando por la inundación de tierras bajas ocupadas por comunidades indígenas a las que calificó de “pobres”, ha suscitado una ola de comentarios y simulacros de debates, que, lamentablemente en redes sociales no pasan de ser intercambios de adjetivos descalificativos a partir de los creyentes y los apóstatas del Peje.

El asunto es de la mayor relevancia, implica una decisión que involucra consecuencias graves cualquiera que sea la opción que se elija. Recuerda la figura lógica de la argumentación llamada dilema, llamada también silogismo cornudo, porque cualquiera que fuera la elección conduciría al mismo resultado. En el caso no sería el mismo sino similar con resultados catastróficos de cualquier manera. Al presidente le gusta jugar a las condicionales contrafácticas: “si no hubiera hecho eso hubiera sido peor”, “tuvimos que optar por el mal menor”, “de no haberlo hecho hubieran muerto por los menos doscientos inocentes” y expresiones por el estilo que aparentan razonamientos. En lógica las condicionales contrafácticas no pueden usarse porque finalmente es imposible saber realmente qué hubiera pasado. El pueblo sabio lo dice: “El hubiera no existe”.

Los antecedentes son relevantes. En la región que comprende Chiapas y Tabasco hay un sistema de cuatro presas que funcionan para crear energía eléctrica que, según datos de la propia CFE sólo se aprovechan al 20% de su capacidad generadora. Para operar requieren tener un almacenamiento suficiente de agua. En otras épocas estimar la aparición de huracanes y la posibilidad de precipitaciones pluviales tenía un alto margen aleatorio. En la actualidad es posible con semanas de anticipación detectar la gestación de esos fenómenos meteorológicos. Los encargados de operar el sistema debieron tener la información y debieron desfogar las presas en previsión de las lluvias que se presentarían sin duda, toda vez que no ha terminado la temporada de huracanes. La CFE no lo previno y las presas, particularmente la Peñitas se llenaron y su vertedero ocasionó llenar las otras del sistema, alguien tomo la decisión de abrir las compuertas de Peñitas y alguien tomó la decisión de cerrar la compuerta de la presa Macayo y desviar el agua de su curso natural que le daría salida hacía puerto Paraíso lo que pondría en riesgo las zonas bajas de Villahermosa y terminaría inundando la tantas veces inundada área donde se construye la refinería de Dos Bocas.

Seguramente la disyuntiva ética es complicada. Lo que sí estoy seguro es que la decisión no se toma cuantitativamente. Las vidas no se suman ni se tasan en una balanza. Alterar lo que podría ser el desfogue natural de la corriente es un acto de voluntad que tiene consecuencias culposas o dolosas.

El Gobernador de Tabasco acusó directamente a uno de los intocables de la 4T, Manuel Bartlett, otro de los indeseables en EE.UU., quien fiel a su estilo cínico contestó la imputación con una carcajada. Ya se sabe que esa es la respuesta favorita del régimen ante la presencia de la violencia y la muerte.

El presidente hizo un primer sobrevuelo en la región siniestrada y desde un lugar seco manifestó su preocupación y su apoyo para sus paisanos. Las críticas fueron terribles y tuvo que hacer una segunda visita custodiado por el ejército en que en locaciones bien seleccionadas se apreciaban zonas inundadas, justificó el no mojarse y asumió la responsabilidad de haber inundado las zonas pobres para salvar Villahermosa.

¿Se justifica la decisión presidencial? No. Tanto la Ley General de Protección Civil como su Reglamento establecen los mecanismos, por cierto bastante ágiles, aunque en buena medida dependientes del Fondo para Desastres Naturales, desaparecido a instancias de AMLO, en ellas se señala que deberán tomarse en cuenta las vulnerabilidades de la población en condición de riesgo. Eso significa, en mi opinión, que los habitantes de Villahermosa son menos vulnerables que los indígenas habitantes de las zonas bajas y pantanosas del estado. El acceso a bienes, medicamentos, auxilio logístico, albergues, transporte, etc., no tiene punto de comparación. El riesgo de los indígenas, su vulnerabilidad debieron ponerlos en primer lugar de la atención del gobierno, alertarlos, evacuarlos y dándoles prioridad, no sacrificarlos.

Ominosamente rondará la duda. ¿De verdad movió a AMLO “salvar” a Villahermosa y dejar “después” a los pobres? ¿O la auténtica motivación fue evitar la enésima inundación de su obra consentida “Dos Bocas”.

Como cereza del pastel, el presidente anuncia un decreto para el manejo del sistema de presas en el que intervenga Protección Civil. Algo que ya está legislado, pero por lo que se ve el Director Jurídico de Presidencia debe estar muy ocupado en las denuncias y poco en los desastres.

(Los Apaga-Cienfuegos.- Los principales jefes del estado mayor del ejército fueron colaboradores directos del general Cienfuegos, imposible pensar que no estuvieran implicados o al menos conocieran los manejos del general de cuatro estrellas, pero el golpe a la imagen del cuerpo militar ha sido terrible y lo sería mucho más si se le hubiera procesado y sentenciado. Nada cuesta pensar que, para dejar a salvo la dignidad de su principal soporte [el ejército], AMLO M.R. haya negociado con Trum (sic), eso podría explicar la reticencia a felicitar a Biden y el retorno a México del general. )

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