Thelonious Ellison (Jeffrey Wright), apodado «Monk» por compartir primer nombre con el legendario pianista de jazz, es un escritor afroamericano de indudable talento, pero escaso valor comercial. Sus textos han encontrado un selecto nicho entre los lectores que buscan un libro que los rete a nivel intelectual, pero sin alcanzar el éxito monetario anhelado, por lo que ya no logra vender sus manuscritos a las editoriales, las cuales le inquieren absurdamente que «no es lo suficientemente negro», algo que para el locuaz y contestatario autor es una terrible afrenta. Su actividad laboral como profesor de literatura en una universidad también se derrumba cuando una alumna de la Generación de Cristal, quien le reclama el uso de la palabra «nigger», lo confronta y es despedido. Ahora con tiempo libre de sobra, se reencuentra con su familia a quien no ha visto en mucho tiempo y que incluye a su madre Agnes (Leslie Uggams), aquejada por un temprano mal de Alzheimer: su parlanchina y vivaz hermana Lisa (Tracee Ellis Ross), quien fallece al poco tiempo por afecciones cardíacas, y su hermano Cliff (Sterling K. Brown), un buen para nada quien hace poco descubrió que es gay, costándole su matrimonio y todo su dinero. En el proceso, «Monk» se enamora de su vecina abogada, Coraline (Erika Alexander), mientras se deja convencer por su agente para tratar de vender, a modo de broma, un libro que Thelonious escribió bajo el seudónimo de Stagg R. Leigh con todos los clichés y el lenguaje trillado de los barrios negros, además de adulterar la identidad del escritor como un prófugo de la justicia para amarrar la venta. Esta humorada deroga en una venta por 750,000 dólares con la posibilidad de ser llevada al cine, colocando a «Monk» en una encrucijada entre el esperado bienestar económico y la integridad creativa, por no mencionar el riesgo que corre el protagonista si la verdad sale a la luz.

Como si se tratara de un apareamiento en clave naturalista del «Storytelling» (2001) de Todd Solondz y «El Ladrón de Orquídeas» (2002) de Spike Jonze, «Ficción Estadounidense» logra unificar con mucha sabiduría la sátira, el drama, la comedia absurda y una punzante denuncia a la cultura farisaica del mainstream gringo que ha transfigurado a modo de fetiche social la imagen del «negro desposeído, desamparado o mártir», gracias al inteligente guion y dirección de Cord Jefferson, cineasta debutante cuya actividad profesional se curtiera en el rubro de los libretos para series dramáticas de HBO («Watchmen», «Estación Once») y que aquí juega sabiamente con los vetustos y anacrónicos clichés sobre la comunidad afroamericana, su estilo de vida y supuestos sueños de promoción social. La película compone un discurso muy profundo y jocoso en esas líneas a la vez que se mofa inteligentemente de las taras caucásicas que pretenden definir la estampa de la negritud en sus expresiones mediáticas mientras se debaten temas como la integridad y la semiótica de la identidad a través del finamente trazado personaje de Monk, un sujeto de personalidad académica cuyo esgrimeo verbal con cualquiera que se anteponga a su perspectiva produce escenas de franca hilaridad, destacando el momento donde con mesura y cuasi caballerosidad confronta a una escritora de color entregada al cultivo de la prosa complaciente para el mercado blancucho (Issa Rae) quien pasa por un momento de éxito gracias a un libro que explota la visión caucásica sobre los estereotipos de la «opresión negra». La cinta logra mandar su mensaje sin recurrir a momentos estridentes o sangrantes, conteniéndolo todo mediante la mirada del protagonista permitiendo que el espectador llegue y comprenda este núcleo narrativo mientras apreciamos sus andanzas emocionales e intelectuales. «Ficción Estadounidense» ofrece una burla elegante a toda quimera narrativa-social que la comunidad blanca (y en parte también la negra) se han pasado décadas vendiendo como pan cultural caliente.

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