René Urrutia De La Vega

Uno de los grandes, verdaderamente grandes temas pendientes cuando hablamos de combate a la criminalidad, de seguridad pública o ciudadana, y de violencia, es el de la prevención. Pero ¿qué es prevención? O ¿qué significa prevenir? Permítaseme utilizar una definición de la Real Academia Española, que me parece que da una respuesta más que adecuada a este cuestionamiento: “Preparación y disposición que se hace anticipadamente para evitar un riesgo o ejecutar algo”.
Bajo esta definición, y si la aplicamos al tema de seguridad pública o ciudadana, entonces la prevención es algo que debería prepararnos anticipadamente para evitar la violencia y los delitos o, como decimos los penalistas, los eventos antisociales, que finalmente son los que generan en la sociedad una percepción de inseguridad y un daño significativo al tejido social que impide su adecuado desarrollo en condiciones de bienestar y armonía.
La prevención en México no es algo que podamos presumir de que haya dado resultados, yo puedo decir, sin temor a equivocarme, que los niveles de violencia e inseguridad que actualmente tenemos y que son verdaderamente alarmantes, por decir lo menos, se deben a que durante demasiado tiempo ha fracasado generalizadamente el modelo de prevención, es decir, no hemos sabido llevar a cabo una estrategia que precisamente evite anticipadamente que los riesgos se conviertan en eventos antisociales y si a ello le agregamos los altos -altísimos- niveles de corrupción a los que hemos llegado, tenemos la fórmula perfecta para estar en la situación tan grave en que nos encontramos.
Pero, entonces ¿qué es lo que se debe hacer en materia de prevención de la violencia para lograr niveles de seguridad aceptables? Contestar esta pregunta no es tarea sencilla, pero tampoco es algo que no pueda resolverse y tiene que ver con atender las causas de esa violencia y de la inseguridad, con voltear el enfoque real a entender qué es lo que está volviendo a nuestra sociedad cada vez más agresiva y carente de valores, en entender que debemos centrar nuestra atención en estrategias y acciones integrales y de largo plazo y que los resultados, si lo hacemos bien, los vamos a ver dentro de décadas, pero que si no empezamos ya a hacer cosas de una forma diferente, van a seguir pasando esas mismas décadas ni que hayamos avanzado. No pretendo pintar un panorama desolador o fatalista, no es necesario, la situación y la falta de resultados nos pintan una realidad peor de lo que yo pueda plantear ahora, pero también hemos dicho, y no me cansaré de hacerlo, que sí se pueden hacer cosas que nos lleven a tener una realidad cada vez mejor.
Prevención es atender temas como educación, bienestar económico y social de las personas y de las familias, desarrollo integral de las comunidades, atender las necesidades básicas de nuestra gente y empezar a desarrollar nuevas generaciones de personas con un adecuado desarrollo de la personalidad y de la salud física y mental, por supuesto, en llevar a cabo acciones y estrategias que verdaderamente redunden en la disminución de los altos índices de corrupción, a partir de una educación basada en la cultura de cumplimiento de la norma con valores, por poner algunos ejemplos.
Esto solo se va a lograr si empezamos de una vez por todas a cambiar los paradigmas y hacer las cosas de forma distinta; en buena medida, si los ciudadanos empezamos a tomar el toro por los cuernos y nos decidimos a exigir más y a participar más, si nos hacemos responsables de lo que ocurre a nuestro alrededor y empezamos a ocuparnos de nosotros mismos, pero también del prójimo, si empezamos a hacer vida en sociedad sin egoísmos, entendiendo que el bienestar de uno solo no nos sirve de nada.
La prevención es algo indispensable para lograr disminuir los índices de inseguridad y violencia, mientras no entendamos eso y sigamos apostándole al combate a la delincuencia con armas y policías sin obtener resultados, ni siquiera las funciones o las estrategias en materia de inteligencia serán suficientes mientras no les demos un enfoque de prevención para el diseño de una correcta política criminal.

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