Además de la vigilancia que mantiene la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) en las casas de empeño, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) aplica un nuevo impuesto de 5% a esos negocios, al tener que pagar el gravamen por la ganancia en la venta de los bienes dados en prenda que no sean recuperados y posteriormente se pongan en venta.

En estas condiciones se reduce la ganancia que de siempre habían gozado, luego de que el deudor prendario no rescataba los artículos que dejaba como garantía, carga que se agrega a la que pagan anualmente a los tres niveles de gobierno por ejercer su actividad.

El impuesto se producirá en la fecha que el bien dado en prenda sea vendido al público en general, en estas condiciones los que pagarán el impuesto serán las personas físicas o empresas que se dediquen en forma habitual o profesional a la venta u operaciones de mutuo con interés y garantía prendaria no regulada por leyes y autoridades financieras.

La base del tributo es la diferencia entre el monto del avalúo, que sirve para otorgar el crédito solicitado, y el monto de la enajenación del bien otorgado en garantía.

Las casas de empeño están reguladas por la NOM-179-SCFI-2007 de servicios de mutuo con interés y garantía prendaria y que la Ley Federal de Protección al Consumidor protege a los consumidores que acuden con estos proveedores, por consiguiente las casas de empeño deben tener registrado su contrato ante la Profeco.

Hay quienes miran en las casas de empeño una salvación, ya que en un momento de apuro encuentran el apoyo económico que requieren, pero otros los consideran negocios leoninos por los intereses que cobran, aun cuando conocen las reglas del juego desde el momento que realizan la entrega de la prenda y reciben el dinero.

Aunque la idea es que en esos lugares de empeña de todo, la mayor parte de las prendas son joyas, principalmente de oro, por las que se prestan entre el 70 y 80% de su valor y que son fáciles de revender en caso de que el pignorante no las rescate, no obstante sólo el 25 o 30% no las recupera.

De la misma manera, numerosas personas acuden a esos lugares a comprar bienes y lo hacen por dos cuestiones básicas: salen más baratos y porque, en el caso de las joyas y otros artículos de oro, pueden ser utilizados como reserva personal o familiar para en caso de necesitar empeñarlas o venderlas.

La Condusef recomienda que si la única opción que hay para obtener algún dinero es empeñar los artículos se debe tomar en cuenta el lugar al que se recurre, por lo que no se debe empeñar las cosas con la primera casa de empeño a la vista, sino que antes se debe comparar la que ofrezca más liquidez por las prendas, esto es, un porcentaje mayor del avalúo, a un menor costo o tasa de interés más baja, por lo que la sugerencia es acudir al menos a tres de esos negocios antes de hacer el empeño.

En el medio hay negocios que están regulados y otros funcionan como empresas privadas mercantiles, del mismo modo otras son Instituciones de Asistencia Privada (IAP) que no tienen fines de lucro, como Nacional Monte de Piedad, Montepío Luz Saviñón y la Fundación Rafael Dondé.

La diferencia entre unos y otros, precisa Condusef, es que el costo del dinero, pues mientras en aquellos el Costo Anual Total (CAT) es de 250%, en el caso de las IAP es de 120%, de acuerdo a datos de la Profeco, asimismo, en las casas de empeño privadas cobran intereses conforme a los días que permanezca la prenda bajo su custodia, en cambio con las IAP es por meses.

Lo irrefutable es que la Secretaría de Hacienda sabe obtener recursos de donde sea y en este caso encontró que las casas de empeño debe pagarle 5% de la ganancia que obtienen por la venta de artículos no recuperados, al mismo tiempo la Profeco mantiene una inspección constante para determinar que se ajusten a la ley, lo que a pesar de esas exigencias debe de ser un negocio muy rentable, tan es así que en el caso de Aguascalientes hay un buen número en centros urbanos y comunidades rurales.

MOTOR DE LA SOCIEDAD

Al igual que en todo el mundo, Aguascalientes dedica mañana a festejar a la Mujer, que más allá de los actos tradicionales que tienen lugar es importante tener presente que queda mucho por hacer para que se cumpla el propósito de equidad, que esta palabra no quede en el discurso sino que se refleje en la vida diaria y los 365 días del año.

Se habla mucho de igualdad de género, pero continúa ensalzándose como un éxito que una de ellas ocupe un cargo de primer orden, sea en la política o la administración pública, y lo mismo pasa en las empresas donde se dedican espacios en los medios para informar que es la “primera” en llegar a puestos de dirección, o hacerse cargo de una construcción o estar al frente de una fábrica, pero poco o nada se menciona de la contribución que hacen miles de mujeres en los centros de trabajo, en ocasiones con salarios inferiores a los de sus compañeros.

También se requiere poner mayor atención a los programas y resultados de las campañas contra el cáncer de mama y cervicouterino, a la violencia que sufren en el hogar y el trabajo, al acoso sexual, a la agresión en las calles. Hablar de cifras no ayuda mayor cosa, al ser estadísticas que muchas veces sirven para abultar los expedientes, lo que se requiere son frutos que favorezcan a la mujer y esto se logrará en la medida que unan esfuerzos las dependencias públicas y organismos privados, con un seguimiento puntual.

En lo que se refiere a la cronología del porqué tienen lugar estos actos el 8 de marzo, la ONU presenta en su página oficial datos de suyo interesantes que deben servir como bagaje para mantener la llama de la igualdad en el género humano.

Aunque el Día Internacional por los Derechos de la Mujer y la Paz fue proclamado en 1975 por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), su origen se remonta a 1909, cuando el Partido Socialista de los Estados Unidos declaró el 28 de febrero como el Día Nacional de la Mujer y continuó efectuándose el último domingo de febrero hasta 1913.

En 1910 la Internacional Socialista, en la reunión que tuvo lugar en Copenhague, proclamó el Día de la Mujer, de carácter internacional, propuesta que fue aclamada por más de 100 mujeres procedentes de 100 países, aunque no se estableció una fecha fija para la celebración, pero en 1911, como consecuencia del acuerdo de Copenhague, se llevó a cabo el 19 de marzo en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza, calculándose que hubo mítines con asistencia de más de un millón de mujeres y hombres, planteándose el derecho de voto y de ocupar cargos públicos, derecho al trabajo, a la formación profesional y a la no discriminación laboral.

Entre 1913 y 1914, ante la inminencia de la Primera Guerra Mundial, surgieron movimientos femeninos a favor de la paz y las mujeres rusas celebraron el Día Internacional de la Mujer el último domingo de febrero de 1913, mientras que en el resto de Europa fue el 8 de marzo, para protestar por la guerra o para solidarizarse con las demás mujeres. En 1917, como reacción a los más de 2 millones de soldados rusos muertos en la Guerra, las mujeres rusas se fueron a la huelga en demanda de “pan y paz”, lo que quedó como una jornada histórica que tuvo lugar el 28 de febrero según el calendario juliano utilizado entonces en Rusia o el 8 de marzo, según el calendario gregoriano utilizado en los demás países. Cuatro días después el Zar se vio obligado a abdicar y el nuevo gobierno concedió a las mujeres el derecho al voto.

La ONU efectuó de manera oficial el Día Internacional de la Mujer el 8 de marzo de 1975 y en 1985 se presentó la Declaración y la Plataforma de Beijing, firmada por 189 países, que establece una agenda para materializar los derechos de las mujeres.

En 2014, la 58 Sesión de la Comisión para la Condición Jurídica y Social de la Mujer, se centró en los “Desafíos y logros en la aplicación de los Objetivos de Desarrollo del Milenio para las Mujeres y las Niñas”.

La igualdad de género aparece en 1945 en la Carta de las Naciones Unidas, constituyendo el primer acuerdo que afirma el principio de igualdad entre hombres y mujeres.