Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

Los niños con discapacidades, o como también se les denomina con capacidades diferentes, inicialmente eran atendidos de manera separada al resto de los alumnos, pero en planteles que también eran del sistema escolar oficial. El argumento era que estos niños requerían atención especial y especializada; funcionando de esta forma por muchos años. Pero con el paso del tiempo, la filosofía de la inclusión, que ponía énfasis en la justicia social y en un trato igualitario para todos, hizo que los niños con requerimientos de educación especial fueran integrados a las demás escuelas donde estudiaban los alumnos en general.

Sin embargo, con el objeto de evitar errores en la distribución y en su formación, se hizo una valoración de estos niños y sólo se incorporaron, a las demás escuelas, aquellos que tenían deficiencias superficiales y con posibilidades de aprender junto con los demás alumnos; y los que presentaban deficiencias profundas o severas continuaron siendo atendidos en escuelas especiales hoy conocidas como Centros de Atención Múltiple (CAM). El propósito fundamental de estos Centros era y es enseñar nociones básicas y un oficio, el que fuera  más idóneo a las capacidades y habilidades de cada niño, para ser un ciudadano útil a sí mismo y que pueda insertarse a la vida social. Importa destacar que los niños de algunos CAM tienen atención médica permanente.

Los niños con capacidades diferentes, que fueron incorporados a las escuelas en general, algunos tuvieron seguimientos a través de equipos conformados por profesionales en comunicación, terapia de lenguaje, psicología, trabajo social y en ciertos casos en medicina. Estos trabajadores integraban las USAER (Unidades de Servicio y Apoyo a Escuelas Regulares). Las funciones originales de las USAER eran: valorar las aptitudes físicas e intelectuales de los niños con el fin de hacer las adecuaciones curriculares del grado que cursaban, y orientar a los maestros titulares de los grupos para la atención pertinente de estos niños con capacidades diferentes; así como para llevar seguimientos en los avances de sus aprendizajes; entre otras obligaciones.

Lamentablemente, por la enorme cantidad de escuelas en las que se adscribieron los niños con capacidades diferentes, el personal de las USAER no fue suficiente para atender a todos los que requerían apoyo. Ante este orden de cosas, se hizo el intento de ubicar a cada integrante de las USAER en las escuelas de alguna zona con la encomienda de atender, individualmente, dos o tres escuelas. Esta dispersión del personal, hizo que la atención de los niños también se dispersara y se fueran desvaneciendo los servicios, hasta llegar a la irrelevancia en muchos casos.

Hoy, la realidad de los niños con discapacidad, incorporados a las escuelas en general, preocupa; preocupa porque en su inmensa mayoría, ciertamente, ahí están en las aulas, pero su atención es casi nula, en virtud de que los maestros titulares de los grupos no han sido capacitados para brindarles la atención pertinente y el personal de las USAER es insuficiente. La filosofía de la inclusión es buena y deseable, pero el tendón de Aquiles de este propósito es la falta de recursos. La Secretaría de Educación dio la orden de distribuir a los niños con capacidades diferentes en todas las escuelas, pero no soportó con recursos necesarios tal disposición; y, hoy en día, los recursos son aún más escasos por los recortes, particularmente, en educación especial y porque la educación, en general, no es prioridad. Pero que quede claro, los directores y los docentes hacen su mejor esfuerzo para brindarles atención; no obstante, estos esfuerzos no están siendo suficientes porque los niños con requerimientos de educación especial son los que necesitan más apoyos especializados y de manera permanente. Tenerlos, únicamente, en los salones no es suficiente; por lo que las autoridades deberían pensar seriamente en estos niños.

 

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