Dalia Gutiérrez
Agencia Reforma

MONTERREY, NL.-Mientras el mundo entero sigue luchando contra el virus que causa el Covid-19, otros organismos microscópicos que infectan a los seres humanos han aprovechado la oportunidad y se han vuelto más fuertes a los medicamentos que antes los destruían.
El fortalecimiento de bacterias ante estos fármacos, llamado resistencia a los antibióticos, tiene en alerta a las organizaciones de salud, científicos y comunidad médica internacional, pues representa una amenaza para el bienestar de la población.
Aunque el problema no es nuevo, se ha agravado durante la pandemia por el uso indebido de antibióticos para tratar el Covid-19 y la saturación de los hospitales.

I. ESCENARIO ALARMANTE
Antes de que Alexander Flemming diera nombre en 1928 al primer antibiótico conocido por la humanidad, la penicilina, la mayoría de las personas en el mundo moría por enfermedades infecciosas como tuberculosis, tétanos o fiebre tifoidea.
Tras aquel descubrimiento, la medicina tuvo la posibilidad de combatir a las bacterias que infectan a los seres humanos y aparentemente controlarlas.
Pero su falta de regulación; así como uso excesivo e inapropiado ha provocado que las bacterias muten y se vuelvan resistentes a los fármacos.
«Después de 100 años de usar los antibióticos, tenemos un problema de resistencia muy grande», señala Susana De la Torre Zavala, investigadora del Instituto de Biotecnología de la Facultad de Ciencias Biológicas de la UANL.
«Lo que estamos viendo es que está empezando a revertirse esa gran ganancia de controlar a los seres vivos microbianos que nos infectan».
La Organización Mundial de la Salud ha publicado listas de bacterias ultrarresistentes. Para algunos, los tratamientos ya son muy limitados.
El estudio «Global burden of bacterial antimicrobial resistance in 2019» revela que ese año murieron 1.2 millones de personas por esta problemática.
«Si no se toman medidas», advierte la OMS, «en el escenario más alarmante la cifra podría aumentar a 10 millones de muertes al año para el 2050».
Pero la solución no es tan simple como buscar nuevos fármacos, dice De la Torre Zavala.
Los antibióticos están en la naturaleza y no se han descubierto nuevos. Además, pocas farmacéuticas se interesan en invertir en un costoso proceso que no ven redituable.

II. EN LA ERA COVID
A inicios de la pandemia, poco se sabía sobre tratamientos efectivos para atender la enfermedad.
Esto ocasionó en la población un consumo de diferentes productos o fármacos en espera de una cura milagrosa. Muchas personas utilizaron antibióticos, aunque desde el principio se indicó que el virus no puede ser combatido con este grupo de medicamentos.
«Un ejemplo es el uso de la azitromicina, que desgraciadamente se sigue utilizando hoy en día», dice Michel Martínez, Jefe de la Unidad de Vigilancia Epidemiológica y Líder del programa Covid-19 de TecSalud.
Incluso, destaca, sigue habiendo médicos que prescriben antibióticos de forma errónea.
También ocurrió que al inicio de la pandemia se pensaba que los pacientes que llegaban al hospital por Covid-19, también tenían coinfecciones por alguna bacteria y que, por lo tanto, necesitaban antibióticos para su tratamiento desde el inicio.
Hoy, destaca Martínez, se sabe que sólo una cantidad muy mínima de casos lo requieren.
«Desgraciadamente, sigue habiendo muchas instituciones y médicos que prescriben antibióticos para Covid-19», indica.
«Todas estas cosas son las que van generando un mayor grado de resistencia bacteriana que conlleva a una mayor morbimortalidad en los pacientes y un coste económico elevado para el sistema sanitario».
Otro aspecto que ha contribuido al incremento del problema es la saturación de los centros de salud, lugares donde circulan bacterias ultrarresistentes.
Los pacientes hospitalizados, sobre todo aquellos conectados a ventilación artificial, son más vulnerables a infectarse con alguno de estos patógenos. Con el incremento de antibióticos, la resistencia también aumenta.
«Que los pacientes estén intubados es una condición que favorece el desarrollo de infecciones», explica Elvira Garza, profesora en la Facultad de Medicina del Hospital Universitario e integrante de la Red Temática de Investigación y Vigilancia de la Farmacorresistencia (INVIFAR).
«Los hospitales son un medio en el que se manejan muchos antibióticos, de tal manera que eso favorece la selección de bacterias resistentes».
Se trata de algo muy difícil de controlar y que ocurre desde hace muchos años, aclara, pero las mismas condiciones de la emergencia sanitaria han exacerbado el problema.
También se ha hecho común, incluso desde ante de la contingencia sanitaria, que personas que desean automedicarse con antibióticos acudan al médico de algunas farmacias para que se les extienda una receta sin consultar y puedan comprar ahí mismo el medicamento.

III. LA REALIDAD EN MÉXICO
El impacto de la pandemia en México fue analizado en el estudio «Increment Antimicrobial Resistance During the Covid-19 Pandemic: Results from the Invifar Network», realizado por el INVIFAR.
A partir de una comparativa entre el segundo semestre del 2019 y 2020, encontraron incrementos de hasta el 100 por ciento en bacterias causales de infecciones graves.
Por ejemplo;
– S. aureus, asociada a infecciones en la piel y neumonías, incrementó su resistencia al oxacillin del 15.2 al 36.9 por ciento.
– K. pneumoniae, capaz de provocar infecciones potencialmente mortales, aumentó su resistencia a los carbapenémicos del 7.3 al 14.6 por ciento.
Otras dos bacterias con prioridad crítica por su resistencia son, de acuerdo con la OMS:
– A. baumannii, que causa infecciones que comprometen pulmones, sangre e infecciones postquirúrgicas.
– P. aeruginosa, asociada con infecciones en sangre, pulmones, vías urinarias y heridas quirúrgicas.

¿CÓMO AYUDAR?
– Infórmate con tu médico de la función y uso de los fármacos
– Toma medicamento sólo cuando sea necesario
– No te automediques
– Sigue el tratamiento de antibióticos completo
– No le pidas al médico que te recete antibióticos, si él no lo considera necesario
– Lleva un estilo de vida saludable

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