Jorge Ricardo
Agencia Reforma

OMETEPEC, Guerrero.-Hay cosas que parecen reales. La oscuridad, por ejemplo. Los comisarios de Huajintepec, Cruz Verde, La Ladrillera, Huixtepec, La Catalina, La Guadalupe y La Concepción esperan con una manta contra la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y sus dedos rascando la suela de sus huaraches a que llegue el Presidente Andrés Manuel Lopez Obrador para denunciar la falta de luz.
“Bienvenido Señor Presidente, pedimos su intervención para solucionar el grave problema de energía eléctrica”, dice la manta con la que marcan su grupo en la entrada al Tecnológico de Ometepec, bajo un sol de 34 grados. Entre las manos llevan los folders sucios de tanto andar de un lado al otro durante cinco años con la misma queja.
“Se va la luz, señor, y ya no podemos hacer nada porque a veces se va en las tardes y está todo oscuro. Ahorita no ha llovido, no ha hecho trueno, no ha hecho nada y no tenemos luz, si queremos hacer una llamada ahorita no puede entrar a nuestro pueblo la llamada porque la antena funciona con luz”, dice Domingo Emiliano Ruiz Valdez, campesino de 56 años que parecen 76, cubrebocas azul, una playera gris, rascándose el cabello casi a rape.
“Los productos comestibles se descomponen provocando muchísima pérdida que ninguna dependencia nos repone”, dice el oficio que saca de una bolsa, con siete sellos y dirigido a López Obrador. Sus teléfonos están escritos a manos para que el Presidente les llame.
“Mi esposa hasta me dejó abandonado allá en Huajintepec. Yo soy quien estoy haciendo mis alimentos porque tengo una niña que estudia la prepa y no puede hacer la tarea porque la luz se va y mi esposa se vino con ella a vivir a Ometepec”, agrega Gabriel Aguilar Navarrete, un peón de milpa de 62 años. “No sé cómo voy a pagarle al Presidente ese favor, yo le pido a él que nos ayude, yo llego del campo y no hay luz, mi casa abandonada. A esa hora empiezo a juntar la lumbre, a juntar la leña porque todo está oscuro, cómo me pongo de triste yo al ver eso”, insiste.
Medio millar de pobladores han esperado varias horas al Presidente a un lado de la carretera. Han llegado vendedores de camisetas impresas con la foto con la que la revista The Economist definió a López Obrador como un falso mesías, pero aquí tienen la leyenda de “Mejor líder que nunca”, también están los vendedores de helados y de algodones de azúcar, trabajadores de la salud que piden su basificación y un grupo de beneficiarios del programa “Sembrando Vida” que quiere darle gracias al Presidente por el apoyo.
Lo real parece la devoción. La de la señora Cira Domínguez de la Cruz, 78 años, 58 de ellos trabajando gratis como partera empírica en el IMSS, el cabello blanco, el cuerpo recio.
“Cada vez que nacía uno, mi corazón alegre porque vi un ser que con el tiempo iba a ser un licenciado, un maestro, un doctor”, dice doña Cira que tuvo cinco hijas y cinco hijos, uno discapacitado, uno sólo licenciado, pero se lo mataron hace cuatro años cuando estudiaba una maestría en Chapingo. Esta aquí para pedir ayuda por el recibo de la luz por 7 mil 346 que le llegó. Trae los papeles y el corazón brincándole de gusto porque le quiere agradecer a López Obrador.
“Con los 5 mil de mi pensión que me dieron en abril, compré cinco marranitos y ya los engordé, ya los engordé, él se ha hecho querer así”, presume, asomada a la calle. Ya viene el convoy presidencial.
Los pobladores rompen filas, rodean la camioneta, le pasan flores, hojas, folders, una mujer destapa tubos de confeti y serpentinas y los avienta sobre la camioneta, y el Presidente saca el brazo y se deja tocar. Detrás del tumulto, un hombre en muletas intenta sin que lo pueda saludar.
Sobre la cancha de basquetbol del Tecnológico, no todo es tan real. López Obrador realiza un acto en privado sobre los programas sociales. Sin transmisión por televisión ni internet ni público por la veda de la consulta del 1 de agosto sobre si aplicar o no la ley en hechos del pasado. Afirma que respeta la veda, pero enumera todos los apoyos que entrega su gobierno. Tantas becas, tantas pensiones, tantos campesinos beneficiados. Pide a sus colaboradores que atiendan las demandas de quienes están afuera y lo pararon en el camino, y después, al hablar de la supuesta privatización de la educación, hace campaña y viola la ley.
“Sólo por esa razón se debería de juzgar a los Presidentes del periodo neoliberal por privatizar la educación”, expresa. No parece que a ninguno de sus seguidores les interese. “¡Lo bendecimos, lo bendecimos, bendito seas!”, le grita una mujer aferrada a la ventanilla cuando va saliendo hacia Ayutla de los Libres, a tres horas de ahí. Allá promete de nuevo, sin que se lo pidan, sin que la Constitución se lo permita por ahora: “Ya quedamos de que no va a haber reelección, por principio, por convicción, no debemos alentar esa posibilidad”.