Luis Muñoz Fernández

El libro “La inesperada verdad sobre los animales” (Anagrama, 2019), de la zoóloga y documentalista del mundo natural Lucy Cooke, es una buena aproximación al fenómeno de los prejuicios, que el diccionario define como “opinión previa y tenaz, por lo general desfavorable, acerca de algo que se conoce mal”.

Cooke dedica su libro a describir, explicar y desarmar los mitos y prejuicios de los seres humanos sobre algunos animales. Consagra un capítulo a cada uno: la anguila, el castor, el perezoso, la hiena, el buitre, el murciélago, la rana, la cigüeña, el hipopótamo, el alce, el panda, el pingüino y el chimpancé. Su trabajo, muy bien documentado, es además una grata lectura en estos días de cuarentena.

Su interés en el tema no es casual. Lucy Cooke es la fundadora de la Asociación de Amigos del Perezoso, mamífero endémico de las selvas húmedas de Centro y Sudamérica que ha cargado sin merecerlo con el sambenito de la estupidez. Fue Gonzalo Fernández de Oviedo Valdés (1478-1557) quien calificó al perezoso como “el animal más torpe que se puede ver en el mundo”. A partir de entonces, los prejuicios sobre este apacible comedor de hojas no hicieron sino crecer.

Y ante esos prejuicios se alzó la voz de Lucy Cooke, que empezó a dar conferencias para desmontar el mito del perezoso, al que considera un prodigio de la naturaleza, perfectamente adaptado para sobrevivir en las condiciones extremadamente competitivas de las junglas americanas. Cooke nos explica que “el secreto de la extraordinaria resistencia de los perezosos es su naturaleza letárgica… un auténtico modelo de vida hipoenergética… con ingeniosas adaptaciones de ahorro de energía perfeccionadas a lo largo de muchos milenios”.

El lema de la Asociación de Amigos del Perezoso, “Ser veloz está sobrevalorado”, tiene el plus de remitirnos al movimiento “Slow” (lento), corriente cultural a favor que tomemos el control de nuestro tiempo para disfrutar de las cosas verdaderamente importantes de la vida como pasear, cultivar el afecto de nuestros semejantes y comer serenamente. No todo debe ser trabajar.

Pienso que en estos días de confinamiento, el perezoso nos puede brindar valiosas lecciones. Su lento discurrir por las copas de los árboles nos enseña que, obligados hoy a desplazarnos lo menos posible, tenemos al alcance de la mano la oportunidad de replantearnos nuestro acelerado modo de vida. Pensemos si merece la pena correr tanto. Yo no lo creo.

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