Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

Ya se ha iniciado el tercer año de la administración local y el magisterio se pregunta, ¿cuáles son los objetivos y las metas en materia educativa?, ¿qué propósitos y metas se han de alcanzar en cada ciclo escolar?, ¿en qué medida deben disminuirse la deserción  y la reprobación escolares?, ¿en qué grado se ha de elevar la calidad de la educación?, ¿cuál será la rendición de cuentas académicas al finalizar la administración? De estas y muchas otras peguntas, hasta el momento, no hay respuestas o no hay claridad.

Si no hay claridad a dónde se pretende llegar en la educación; si no hay un documento rector que se haya dado a conocer, el cual guíe las acciones y las estrategias para mejorar los procesos educativos y los resultados; entonces se puede inferir o especular que el “barco navega a la deriva, con dirección a voluntad de los vientos”. Ciertamente, los niños y los maestros asisten diariamente a las escuelas; también es cierto que hay planes y programas de estudio, pero sin el proyecto rector, ¿en qué medida puede ser efectiva la enseñanza?, ¿cómo se puede contrastar entre lo que se hace y lo que debería hacerse?, ¿cómo se pueden medir los resultados si no hay propósitos definidos ni metas establecidas en los  aprendizajes? Asistir por asistir a las escuelas es una forma de gastarse el tiempo en cosas improductivas y sin fines concretos. No obstante y ante este orden de cosas, los maestros, individualmentey en soledad, tratan de darle cierto sentido a su diario quehacer;  pero habrá que entender y aceptar que el sistema escolar no se justifica tan solo con esfuerzos individuales y aislados, sino con acciones conjuntas y congruentes de todos los integrantes del sector, bajo la certera guía de la autoridad competente.

El Gobierno del Estado, en cumplimiento a la Ley de Planeación, a los seis meses de haber iniciado su gestión dio a conocer el Plan Estatal de Desarrollo y en este documento se plantearon propósitos en materia educativa. Sin embargo, a decir de los maestro, estos propósitos jamás fueron presentados ni analizados en las escuelas; que es donde los proyectos cobran realidad. Ahora bien, si los propósitos del Plan eran muy generales, es deber de la autoridad educativa poner en blanco y negro esos propósitos, de manera que sean específicos y viables en las escuelas; con metas alcanzables y medibles; y con acciones conducentes a lo que se pretende. De esta forma se evita trabajar por inercia y con simulaciones. También se evita que las evaluaciones del aprovechamiento escolar sean un zigzag: un día aparentemente los resultados son buenos (altos) y al día siguiente son muy bajos. Cuando hay trabajo orientado con un plan bien diseñado, con acciones ordenadas y sistemáticas, los resultados siempre serán ascendentes, de constante progreso; pero cuando los resultados son en zigzag, éstos son producto de la casualidad, del ahí se va.

Aguascalientes es un estado privilegiado en varios sentidos: geográficamente es favorecido; económica y socialmente no presenta grandes dificultades en comparación con otros estados; sus  medios de comunicación son envidiables; su infraestructura escolar es casi completa; en fin, tiene condiciones propicias para lograr los mejores resultados educativos. Con una buena planeación estratégica y, sobre todo, con acciones sistemáticas y perseverantes, los niños, los adolescentes y los jóvenes, que asisten a las escuelas, tendrían una mejor formación. El estado también cuenta con supervisores, directores y maestros, comprometidos  con la educación y capaces de mejorar la enseñanza si cuentan con la guía rectora y los apoyos educativos necesarios.

En fin, Aguascalientes tiene las condiciones propicias para estar en los máximos niveles educativos de manera permanente. Cuestión de dejar la comodidad y entrarle con fe al trabajo de campo, que es en donde están las escuelas, los estudiantes y los maestros.