Han pasado los tres primeros meses (el primer trimestre) del ciclo escolar 2023 – 2024 y es preciso reflexionar sobre las siguientes interrogantes, en relación con la aplicación de los nuevos programas de estudio -2022- de la educación básica: ¿los docentes están trabajando en colegiado?, ¿hay claridad del programa analítico y de su desarrollo en las clases?, ¿se están afrontando los problemas escolares y los de la comunidad de conformidad con lo que se establece en los nuevos programas?, ¿se están desarrollando los proyectos de manera apropiada?, ¿los ejes articuladores ocupan una parte importante en el proceso enseñanza-aprendizaje?, ¿la planeación didáctica se sustenta en los procesos de desarrollo de aprendizaje –PDA- del programa analítico?, ¿los aprendizajes se están evaluando de manera formativa?, ¿hay participación de los padres de familia, de instituciones, de organismos sociales y demás integrantes de la comunidad, en los procesos educativos de los alumnos?

Si todo lo anterior se está llevando a cabo adecuadamente y con fundamento en los nuevos programas y se van observando avances y buenos resultados, se puede decir que la reforma está funcionando de manera satisfactoria; pero si no es así, entonces habrá que analizar y reflexionar qué aspectos necesitan reforzamiento o reorientación, y qué partes, de plano, requieren volver al estudio original del programa para su correcta interpretación y aplicación en los salones de clase. En el entendido de que de la correcta aplicación del nuevo programa y de sus resultados positivos depende la validación de la Nueva Escuela Mexicana, de lo contrario, seguirá imperando la rutina de siempre.

¿Quién o quiénes deben saber cómo están funcionando los nuevos programas de la educación básica? Todos los responsables del sistema educativo estatal: las autoridades del Instituto de Educación deben saber lo que está pasando, académicamente, en todas las escuelas de la entidad; personal de los Sistemas de Asesoría y Acompañamiento a las Escuelas – SisAAE – deben conocer la situación que guardan las instituciones del área geográfica de su competencia; los supervisores deben tener la noción de los avances, estancamientos y retrocesos en las escuelas de su zona; los directores de su respectiva institución; y los docentes deben estar conscientes de qué alumnos, del grupo bajo su responsabilidad, están aprendiendo y avanzando conforme la planeación diaria, y quiénes tienen problemas de aprendizaje, así como saber qué hacer con éstos para su regularización. Si a cada actor educativo le consta y tiene información fidedigna de lo que está sucediendo en las escuelas bajo su respectiva responsabilidad, con base en esos datos puede intervenir de manera consecuente y efectiva para la mejora continua del proceso enseñanza-aprendizaje. Las cosas que se están haciendo bien hay que consolidarlas para mayores y mejores aprendizajes; pero en lo que hay dificultades, habrá que buscar las causas o factores que limitan los avances con el fin de poder reorientar las actividades y las estrategias con miras de superar aprendizajes. Por ejemplo, si hay dudas o confusiones en el programa analítico, difícilmente habrá un buen desarrollo y avances del programa 2022, entonces habrá que precisar qué, cómo y para qué se diseña el programa analítico; si hay dificultades en el desarrollo de los proyectos, entonces el reforzamiento y los apoyos diferenciados deben ser en este rubro; o si no se ha entendido con claridad cómo aplicar los ejes articuladores en el proceso enseñanza-aprendizaje, entonces habrá que acentuar los esfuerzos al respecto para poder hacer realidad la inclusión educativa, el pensamiento crítico, la interculturalidad crítica, la igualdad de género, vida saludable y hasta para la comprensión lectora, entre otros propósitos.

Este primer trimestre ha sido una transición de los programas anteriores hacia los nuevos programas 2022; por lo tanto, es preciso reflexionar, con datos en las manos, ¿cómo se está llevando a cabo esa transición?