Víctor Hugo Granados Zapata

La infancia es, sin duda alguna, una de las mejores etapas de nuestras vidas. Es en este periodo donde comenzamos a descubrir al mundo a través de uno de los regalos más grandes que nos ha dado la vida: la curiosidad. Cuando uno es niño la imaginación no tiene límites, los parques se pueden convertir en grandes escenarios de aventuras, una pelota de futbol sería una gran aliada al momento de salir, nuestros juguetes nuestros más grandes tesoros y las navidades las recordaríamos por tener esa magia que, con el paso de los años, podría llegar a perderse. Sin embargo, en México existe una enorme desigualdad que no solo afecta a las personas adultas, sino también a las niñas y niños, donde lo que debería ser una etapa llena de diversión y alegría, para muchos se convierte en un gran infierno.
El trabajo infantil en México es uno de los problemas más grandes de la agenda pública, según datos del INEGI, en 2017 hubo 3.2 millones de niñas y niños (de entre 3 y 17 años) que se dedicaban a algún tipo de trabajo infantil, donde 1.2 millones realizan trabajos clasificados como “peligrosos” o con exposición al riesgo. Por si lo anterior no fuese lo suficientemente alarmante, según la Encuesta Nacional de los Niños, Niñas y Adolescentes, durante 2015 “al menos 6 de cada 10 niñas, niños y adolescentes de 1 a 14 años experimentaron algún método violento de disciplina, 1 de cada 2 niñas, niños y adolescentes sufrieron agresiones psicológicas”. Estos ambientes hostiles y complejos también incrementaron a consecuencia de la pandemia, ya que, según el Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia, de abril a mayo del 2020 (inicio de la pandemia) se registraron 2,215 infantes que viven en situación de violencia. Si tomamos en cuenta lo anterior, podemos visualizar de manera más amplia la vida tan difícil que llevan millones de NNA en todo el país, algo que nos debería tener bastante preocupados ¿qué es lo que podemos hacer para cambiar esto?
Gran parte de estos problemas derivan, evidentemente, de la enorme desigualdad que vivimos en México, sin embargo, existían diferentes programas que impulsaban el combate al trabajo infantil y al mismo tiempo promover su ingreso a la escuela, ese era el programa de “Prospera”. El objetivo principal de dicho programa, según la página oficial de Segob, era mejorar la garantía de los derechos sociales de las personas en situación de pobreza, fortaleciendo principalmente “la alimentación, salud y educación”. Los apoyos que brindaba dicho programa iban desde becas educativas, útiles escolares, apoyo alimentario a las familias, estos condicionados a que los NNA estuviesen inscritos en la escuela. A la par de este programa también existía el de “Escuelas Tiempo Completo”, que consistía en brindarle apoyo alimentario a los NNA durante su estancia en la escuela (desayuno y comida), con la ayuda de las familias y los docentes. El impacto que tuvo este programa fue muy bueno, Unicef realizó un trabajo de evaluación a dicho programa, donde identificó que su implementación trae consigo la promoción de mejores hábitos alimenticios, así como también abre oportunidades para que se puedan ampliar las estrategias de Sistemas Alimentarios.
Los ejemplos anteriores sirvieron como un primer paso para tratar de mejorar la infancia en México, sin embargo, este año se eliminó el programa de Escuelas Tiempo Completo y desde el 2020 el de Prospera (traspasando su presupuesto al programa de becas para el bienestar, según los PEF para 2020 y 2021). Esto es algo triste, dado que en ambos programas se podía aprovechar a las escuelas para trazar una línea de intervención que permitiera al estado apoyar, de manera más efectiva (o al menos sentar las bases para ello), a los NNA. Esto es un golpe muy duro para los infantes que viven en situación de pobreza, sobre todo porque el nuevo programa de becas se dispersa sin ningún tipo de condicionamiento por situación socioeconómica (es decir, cualquier persona que cumpla con la edad requerida o que sea estudiante la puede solicitar).
Aprovechando que celebramos el día de los niños, reflexionemos un poco sobre lo anterior y busquemos alternativas para mejorar la infancia en nuestro país. Regresemos los programas que apoyaban a la primera infancia y busquemos sentar las bases para una niñez más sana y próspera, exijamos mayores intervenciones en materia de seguridad infantil y sobre todo cumplamos con el mandato constitucional de darle prioridad a las NNA (4° constitucional, principio del interés superior de la infancia), por una infancia más sana y feliz.