Jesús Eduardo Martín Jáuregui

(¿PLEITO DE COMADRES?- El Ayuntamiento de Aguascalientes percibe ingresos como nunca antes. Los impuestos derivados de los inmuebles se han incrementado en parte por los avalúos y en parte porque se redujeron sensiblemente las exenciones. El secretario de Finanzas hace unas semanas declaró que los ingresos eran insuficientes, sin embargo se pagó anticipadamente deuda. Ahora una representante federal señala que el endeudamiento del municipio ha alcanzado niveles estratosféricos que lo comprometen por treinta años. El tema es delicado y para bien del futuro próximo político del Estado, convendría que se aclarara fuera de toda duda. ¿Será el propósito sano de transparentar las finanzas municipales, al anuncio de un cisma en el Partido Acción Nacional, o los dos?)

Cuando el presidente José López Portillo luego de un gobierno frívolo y desordenado hizo el anuncio de la “nacionalización” de la banca, que más bien fue estatización, su medida desesperada pareció más una venganza que un avance significativo para el mejoramiento de las finanzas públicas. El encaje legal llegaba a niveles altísimos y la regulación bancaria se realizaba de manera estricta a través de organismos de control que entregaban buenas cuentas a los usuarios y a las autoridades, pero… había que encontrar un chivo expiatorio. Alguien tendría que pagar los platos rotos. Un buen villano por méritos propios lo han sido desde la edad media los bancos y consecuentemente los banqueros.

La medida fue desde luego contraproducente porque, si de algo tenemos certeza los mexicanos, es de la fe del pueblo en la Virgen de Guadalupe, de la falta de aseo de Fernández Noroña y de que las burocracias son pésimas administradoras. Miguel de la Madrid que tuvo que bailar con la más fea hizo, por decirlo en términos taurinos, una faena de aliño para salir del paso, dando marcha atrás a muchas de las medidas populistas del presidente Luis Echeverría (paradigma de López Obrador) y López Portillo que confundió la presidencia con un foro.

Antenoche en un programa de comentarios políticos, Jesús Silva Herzog Márquez recordaba una columna del extraordinario escritor humorista guanajuatense Jorge Ibargüengoitia, que en vísperas de la elección presidencial se preguntaba: ¡Que zozobra! ¿Quién ganará?, cuando que José López Portillo era candidato único. Los ciudadanos que votaron por él seguramente no pensaron estar votando por el presidente más frívolo de la historia de México, excepción hecha de su tocayo José Antonio López de Santa Anna y el actual, que también se las gasta: lenguaraz, irresponsable, mitómano y protagónico. Y desde luego no pensaron votar por la estatización de la banca, ni por tantas otras tonterías como las que encabezó.

Algo similar, sin duda, pasó con la pareja presidencial de Vicente Fox y Sra. Fox. El pueblo que democráticamente votó por un cambio (ojo AMLO, la democracia y la alternancia no empezaron con usted, ni la lucha anticorrupción, ni el combate al feminicidio), seguramente no pensó que estaba votando por una pareja presidencial ni por un gobierno veleidoso y superficial que frustró en buena medida la esperanza que el cambio había hecho concebir. Sospecho que en buena medida, los mexicanos empezamos a tener la certeza de que el problema no es de banderías sino de atavismos, no de partidos sino de programas, no de credos sino de axiología.

¿Por qué se votó al votar por López Obrador? ¿Cuántas personas habrían imaginado su gobierno en la forma en que se está desarrollando? Es claro que se han dado acontecimientos claramente imprevisibles y de difícil conducción como la pandemia. A toro pasado es fácil darse cuenta del pésimo manejo que se hizo de la enfermedad, “atacándola” con una estrategia mediática, con un funcionario de medio pelo que apoyado en su verborrea y en su imagen agradable, suplantó al Consejo de Salud, desdeñó a los organismos institucionales, empezando por la UNAM, se burló del apoyo de los ex funcionarios de salud e hizo caso omiso de científicos que aconsejaron y pretendieron aportar su experiencia y conocimiento. Todo ello con la complacencia, mitad ignorancia mitad prepotencia, y la soberbia del presidente de la República.

¿Alguien votaría por la permanencia del Ejército en las calles? ¿Alguien votaría por la militarización de la policía federal? ¿Alguien votaría por la inacción culposa ante la proliferación de las mafias del narcotráfico y la delincuencia organizada? Y así una larga lista de acciones e inacciones que poco o nada tienen que ver con lo que fueron compromisos de campaña.

El mundo ha cambiado, dice Perogrullo, y sigue cambiando todos los días. China la de Mao, ya no existe, la URSS de Krushev desapareció, Cuba la de Castro ya no es más. El panorama político, ideológico y económico en que se gestó el pensamiento (por llamarlo de alguna forma) de AMLO ha cambiado totalmente y, sin embargo, sigue empeñado en aplicar las recetas que ya probaron ser ineficaces, antipopulares y antidemocráticas.

La iniciativa para modificar la Constitución en materia energética es una muestra clara de su actuar. Luego de que el Congreso federal le negó la aprobación de las reformas legales, lejos de respetar esa voluntad soberana, presiona para cambiar desde la norma máxima el panorama legal de la explotación de la energía, pretendiendo volver a esquemas de control estatal, por lo mismo corruptos e ineficaces, alejándose del papel rector del estado, sin necesidad de pretender ser el protagonista de un fracaso anunciado (p.ej. Gas Bienestar).

¿O qué, los mexicanos habrán votado por el regreso al priismo de Echeverría?

(ACTIVISMO POLÍTICO DEL MINISTRO LELO.- Nunca antes que yo recuerde, al menos desde los tiempos en que el licenciado Benito Juárez lo fue, ningún presidente de la Corte había figurado tanto en los medios con declaraciones, comentarios, entrevistas, pronunciamientos, etc., un día sí y otro también, justificando, promoviendo o apologizando sus criterios y los de la Corte. En tiempos de Juárez, el presidente de la Corte suplía al presidente de la República, por eso Don Benito se trepó a la silla presidencial y sólo la muerte lo bajó. Por el bien de la función judicial los juzgadores deben ser probos, ecuánimes y discretos. ¿A menos que esté en campaña?)

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