Ricardo Vargas

Se están cumpliendo ya prácticamente tres meses desde que en México comenzamos a preocuparnos por el tema del coronavirus, dada su rápida propagación y su alto índice de mortandad. Con el inicio del mes de abril, entramos en una “emergencia sanitaria” en la que el Gobierno Federal canceló clases y suspendió las actividades que fueran no esenciales, casi quince días después de que instituciones privadas como el Tec de Monterrey hicieran lo propio. No se otorgaron realmente apoyos económicos importantes al sector empresarial, quizá por la falsa creencia de que el empresario mexicano es rico, y de que la empresa pequeña y mediana es lo suficientemente fuerte como para sobrevivir más de 30 días cumpliendo con todos sus gastos fijos sin recibir ingresos. Esto llevó a que dentro de la población económicamente activa (PEA), definida por el INEGI como aquel conjunto de personas que tienen empleo o que están buscando empleo, cerca de 12 millones de personas perdieran definitiva y temporalmente su empleo. La caída en el empleo es brutal, y no lo hemos dimensionado.

Junto con esto, se viene un problema fuerte en actividad económica. Naturalmente, en meses como abril, mayo y junio, donde el consumo registraba niveles importantes, impulsado por turismo y por inversión fija, la contracción se ha vuelto mucho más evidente. El Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE por sus siglas) registró una caída anualizada durante abril de (-)19.7%. En niveles, se posicionó prácticamente en el mismo lugar que registramos en febrero de 2010. Es decir, solamente en el mes de abril la actividad económica se contrajo casi un 20% respecto al mismo mes del año pasado, y mostró el mismo nivel que hace más de 10 años. Falta información de mayo y de junio, que quizá sea no tan diferente.

El problema realmente inquietante no es la caída, ni la pérdida de los empleos o de la capacidad de ahorro en inversión, sino el tiempo que tardaremos en recuperarnos de esto. Digo que no es la crisis en sí, porque sin duda es un fenómeno mundial y ajeno a nosotros, que ha afectado a todo el mundo, pero ante la ausencia de medidas realmente útiles para enfrentar la crisis, lo preocupante será lo que tardemos en recuperarnos.

En el tema de contagios no hay nada positivo, pues cada día la tasa de crecimiento de las nuevas personas infectadas es mayor, al igual que las personas fallecidas a causa del COVID. Raúl Rojas, matemático de la Universidad Libre de Berlín, estima que como consecuencia de los retrasos que se tienen en el registro de los datos, y una subcaptura de los números reales de contagiados y fallecidos, deberíamos agregar un factor de ajuste a todas las cifras que el Gobierno Federal reporte diariamente. La estimación resulta en que para los contagios, debemos multiplicar la cifra por un factor de 1.3 para tener una cifra realista de los contagios confirmados. Y en el tema de decesos, este factor de ajuste es de 2.8 para las cifras oficiales diarias.

Por último, y a causa de que las pruebas se hacen en cantidades raquíticas, tenemos que multiplicar por 30 el número de casos de contagios, para llegar a una cifra aproximada de los casos nuevos en el país. Con esto, al 23 de junio tuvimos en el país más de 65 mil fallecidos acumulados, y más de 5.7 millones de contagios acumulados.

¿Entonces por qué parece que ya superamos esta crisis sanitaria?

La respuesta es muy sencilla y tiene que ver con las necesidades básicas de los individuos. Después de 2 meses de encierro, los ahorros se acaban, los empleos se pierden, y entramos en una etapa de preocupación y desesperación. Habrá quien diga que el encierro o la cuarentena se hizo muy temprano, que debía ser apenas ahora que hay muchos más contagios, pero la realidad es que nunca sabremos qué momento era el ideal. Ciertamente la reactivación económica es necesaria, pues como ya lo he comentado en este espacio, la mitad de la gente en nuestro país es pobre, y la mitad de la gente que trabaja no tiene acceso al seguro social. No podemos darnos el lujo de encerrarnos y seguir percibiendo ingresos, pero eso no quita el problema del COVID.

No hemos, para nada, superado el peligro que tiene consigo el coronavirus, pero igual o más peligrosa es la crisis económica que atravesamos. Apreciable lector, salga y genere ingresos, pero por favor sea responsable. Si nos cuidamos a nosotros, nos cuidamos todos. Use cubrebocas.

 

Soy economista del Tec de Monterrey, Campus Monterrey y tengo un par de años escribiendo artículos de opinión. Escríbame. rvargas@publimagen.mx          @1ricardovargas