Hay dos propósitos para evaluar a los alumnos: uno es para calificar su aprovechamiento y el otro es para detectar deficiencias en los aprendizajes, para luego tratar de superar éstas. La inmensa mayoría evalúa para la calificación (medición muy limitada) y son muy pocos los que evalúan con el fin de identificar debilidades de aprendizajes para fortalecerlas. Desde luego, esta es la mejor forma de evaluar, porque lo aprendido se consolida y las deficiencias o rezagos se superan, con base en una retroalimentación sistemática. Por esta razón a este procedimiento se le denomina «mejora continua»; y de la mejora continua es donde surge la calidad de la educación o la excelencia.

Luego entonces, si las autoridades del Instituto de Educación quisieran elevar la calidad educativa en las escuelas bajo su responsabilidad, primero, tendrían que aplicar una evaluación con la intención de conocer y entender el estado que guardan los aprendizajes de los estudiantes de Aguascalientes; en un segundo momento, deberían analizar los resultados de la evaluación y detectar deficiencias; para luego, estructurar y poner en marcha un proyecto con el firme propósito de superar, gradualmente, las debilidades académicas. Las acciones y las estrategias de superación, serían sistemáticas e invariablemente con la participación de los maestros. De esta forma y con el paso de los días, paulatinamente, se estaría avanzando hacia la mejora continua, es decir, hacia la calidad de la educación. Y, ¿por qué las autoridades del Instituto de Educación no realizan una evaluación con miras de mejorar la educación en el estado? La anterior titular del Instituto de Educación reconoció, en privado, que «la educación (básica) andaba muy mal en la entidad», pero no hizo nada serio para subsanar deficiencias académicas. El actual titular del Instituto, la semana pasada reconoció, públicamente, que «hay severa crisis en español y matemáticas», en otras palabras, que hay bajísimo nivel de aprendizaje en las mencionadas materias instrumentales (aunque la crisis es en todas las asignaturas). Ahora bien, si la autoridad intuye o se da cuenta de que el aprendizaje es de muy bajo nivel, ¿por qué no realiza una evaluación seria y con base en los resultados estructura y pone en marcha acciones específicas con el fin de superar las deficiencias que se detecten? ¿Es por temor, por inseguridad, o por simple comodidad? Hasta el momento, lo que queda claro es que prefiere «nadar de muertito» y que los docentes, los directivos y los estudiantes resuelvan los problemas de aprendizaje por arte de magia.

Por parte de la federación, ya se sabe que no le interesa evaluar para mejorar la educación; prefiere politizar la educación, ignorar la situación que guardan los aprendizajes de los estudiantes de educación básica, que nadie se dé cuenta de las deficiencias, esconder los datos de la realidad para poder declarar, a los cuatro vientos, que «andamos requetebién». ¡Qué desencanto! Cuando se esperaba una profunda transformación educativa por el bien de los estudiantes y de la sociedad en general, una transformación como la que se canta en la eterna campaña política, una transformación académica que se requiere para modernizar a México; y en su lugar, sólo está ideologizando la educación, retrocediendo en los resultados, sembrando rencores y desintegrando el espíritu de la unidad nacional. Con la agravante de que tanto la ideologización como la desintegración de la unidad nacional seguirán imperando y afectando a la educación del país en la próxima administración. Que nadie se sienta engañado con los sesgos políticos que se están dando en la educación. Los padres de familia tienen el derecho inalienable de manifestar el tipo de educación que quieren para sus hijos, pero tienen que decirlo y actuar en consonancia.

¿Por qué este gobierno no evalúa? Porque su intención no es mejorar la educación.