Claudia Guerrero
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.- El Presidente Andrés Manuel López Obrador citó ayer a sus tres ‘corcholatas’ en Palacio Nacional y las colocó bajo el «ojo de Dios».
La Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum; el Canciller Marcero Ebrard y el Secretario de Gobernación, Adán Augusto López, fueron invitados a la reinauguración del Recinto Parlamentario.
Se trata de un salón neoclásico, abierto en 1829 y que –tras un incendio, en 1872, y una reconstrucción, en 1972– fue remozado recientemente, a petición del Mandatario federal.
Desde ese lugar, donde se discutió y juró la Constitución de 1857, los tres aspirantes rumbo al 2024 escucharon a la presidenta del Senado, Olga Sánchez Cordero, quien hizo un llamado a dejar de lado las mezquindades políticas y la división.
«Otro recordatorio que nos brinda la historia, que se respira en este recinto, es que debemos olvidar mezquindades, mezquindades partidistas», soltó la Ministra en retiro.
«Las metas y los objetivos que tenemos en el horizonte no han sido alcanzados por las generaciones anteriores porque la división, el priorizar el interés personal sobre el bienestar nacional, las contradicciones y la corrupción han sido elementos que han impedido concretar esos anhelos transgeneracionales de democracia y libertad, justicia e igualdad».
En días recientes, los grupos internos de Morena han denunciado que no existe piso parejo al interior de ese partido político.
Simpatizantes de los interesados en la sucesión presidencial han protagonizado confrontaciones públicas, en el marco de la renovación de los máximos órganos de dirección de su partido.
Apenas el domingo pasado, disidentes de varios estados del País realizaron una asamblea de la Convención Nacional Morenista en la que denunciaron que esa fuerza política se está convirtiendo en un partido de Estado, con las mismas características del PRI, con uso y abuso de recursos públicos y programas, cooptación de posiciones por parte de las cúpulas y «chapulineo» en los cargos.
Ayer, los tres aspirantes escucharon el llamado de Sánchez Cordero. Permanecieron serios, sentados en sillas forradas con terciopelo rojo, justo atrás del Presidente López Obrador.
Durante toda la ceremonia, sobre sus cabezas, siempre estuvo el «ojo de Dios», un símbolo masónico que así fue explicado por la historiadora de Palacio Nacional, Carmen Saucedo Zarco:
«Tenemos el ‘ojo de Dios’, está en un triángulo y con un gran resplandor, ¿qué simboliza? La vigilancia divina», explicó.