Por Jesús Alejandro Aizpuru Zacarias.

En palabras del difunto Carlos Hank González: «un político pobre es un pobre político», esta frase parece ser un credo para nuestra clase política, la cual, ha arraigado en lo más profundo de su ser el hacer política y el hacer dinero.

Escándalos que van desde el primer mandatario, pasando por miembros de su gabinete, legisladores y ex gobernadores, sin distinción de colores, todos por igual, temen dar a conocer a la ciudadanía que los llevó al poder, a cuánto asciende su patrimonio. La pregunta es ¿Por qué? Seguramente por cuestiones de «seguridad» puesto que es evidente que esas fortunas inexplicables son fruto de su trabajo honrado.

La ciudadanía se indigna, no solo por el hecho de que el Presidente tenga una mansión de millones de dólares, bueno, la primera dama; el hecho va más allá, la gran mayoría de los políticos «prominentes» tienen una riqueza excesiva, que pocas veces, por no decir nunca, son acordes a los ingresos que perciben por su trabajo.

El enriquecimiento y el origen de la riqueza de los políticos, no es un tema nuevo, por el contrario, creo que es tan añejo como la política misma, es por ello que resulta indignante para la sociedad que año con año, elección tras elección, vengan los candidatos y nos pidan el voto, y a cambio nos digan que: «combatirán la corrupción, que acabarán con los saqueos, que ellos no llegaron a la política a hacer dinero, que meterán a la cárcel a los corruptos», etcétera, etcétera, pero al concluir su periodo e incluso antes, nos damos cuenta que su patrimonio ha tenido un crecimiento tan grande, que es digno de ser analizado por parte de los mejores financieros de Wall Street.

El domingo pasado se destapó otra cloaca, si bien esta información ya era conocida, The New York Times logró impactar a tal grado que todos los medios dieron seguimiento a ese reportaje. Lo más trascendente de la información divulgada fue que todos los involucrados forman parte de la clase política mexicana, inclusive los empresarios, a los cuales se les ha ligado en varias ocasiones con políticos de renombre, ya lo dice el adagio popular «las grandes fortunas florecen bajo la sombra de la política».

El hecho de que ex gobernadores tengan lujosas residencias y departamentos de millones de dólares, jets privados, cuentas millonarias en bancos suizos y demás, es sin duda una muestra de la crisis política y social que se vive en nuestro país, las brechas entre las clases es enorme, y esto, es un reflejo del mal manejo de los recursos que nuestros gobernantes han realizado. La distribución de la riqueza es una farsa en este país. Por la mañana un político puede salir y decir que: «una familia puede vivir con seis mil pesos» y al día siguiente puede estar disfrutando del Super Bowl con boletos de más de 2 mil dólares, hasta allá llega el cinismo de nuestros gobernantes.

Es por ello que la sociedad se encuentra asqueada de la clase gobernante, porque día con día corrobora que aquellos que se acercan a la política y llegan al poder, no lo hacen con la finalidad de servir, por el contrario, lo hacen con la finalidad de servirse del pueblo, a costa de lo que sea. Resulta indignante que en el discurso te digan que el zar anticorrupción combatirá con todo el peso de la ley esas prácticas, que habrá «austeridad» en el gobierno, que existirá una verdadera rendición de cuentas, pero en el plano de la realidad te das cuenta que todo es mentira, que simplemente es un show mediático, una comedia, pero sobre todo, una ofensa para todas las familias que viven con 6 mil pesos.

Como es costumbre, agradezco el favor de su lectura y los espero una vez más, la próxima semana.

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