Por J. Jesús López García

Un rasgo que comparte la arquitectura correspondiente a los grandes estilos de la historia es la simplicidad de la forma. Acertada o no, de este o de aquel otro estilo, la economía en el delineamiento de los perfiles de los edificios es una de esas cualidades que regresan una y otra vez.

La arquitectura del Movimiento Moderno favoreció al ángulo recto para evidenciar la naturaleza ortogonal del acero y del concreto, los materiales actuales por excelencia. Su antítesis por naturaleza, la posmodernidad, retomó ese ángulo de 90º también, sin embargo lo conjugó con la geometría pura del triángulo y del círculo presentes en frontones y cúpulas de la tradición, así, la simplicidad de la forma es una de las singularidad recurrente en aquellos edificios que tratan de establecer una relación de orden con su entorno.

Las configuraciones rebuscadas y abigarradas producen embeleso, despiertan la imaginación y de alguna manera se relacionan con aquello que a base de seducción trata de atraer, un ejemplo es el Museo Guggenheim de Bilbao. Pero son los de las formas decisivas aquellos edificios que más que fascinar o seducir e incluso convencer, simplemente buscan reflejar la contundencia misma de las instituciones que contienen.

Las formas complicadas y estridentes en la arquitectura exigen mucho esfuerzo, pero lo mismo ocurre con las básicas que en su sencillez exigen soluciones constructivas para resaltar esa simplicidad, de ahí que una esfera, un cubo o un cono perfectos requieren un trabajo incluso más esmerado que aquello profuso en forma y decoración. Las volumetrías de la arquitectura de Louis Isadore Kahn (1901-1974) de una sencillez geométrica innegable se manifiestan en sus edificios “simbólicos” como las bóvedas de cañón corrido del Kimbell Art Museum, los cubos con vanos circulares o cilindros con vacíos triangulares de la biblioteca Phillips Exter Academy.

Para las fincas más “domésticas” la pureza de la forma se disipa adquiriendo composiciones complejas y sin tanta contundencia en su perfil. En las asociaciones de la arquitectura con una manera de implantar ideas, una ideología o una estructura de gobierno, la simplicidad de la forma arquitectónica es un potente mensaje. En una fase arquitectónica en Italia, la sutileza en la mezcla de la tradición y modernidad fue patente, como en el caso de Giuseppe Terragni (1904-1943) moderno totalmente, en donde la monumentalidad simplificada era importante para manifestar el sistema de gobierno con una plástica imponente.

La sencillez transformada en sobriedad refleja la dignidad de las instituciones de mayor jerarquía para una comunidad, los perfiles de sus edificios son sobrios y por tanto de fácil lectura, expresando lo institucional, no requiriendo más que la contundencia de su sede contenedora para establecer con su contexto la importancia de su propia jerarquía, como ocurre con el gran volumen que alberga al Poder Judicial de la Federación en nuestro estado, ubicado en la parte sur de la Avenida Aguascalientes, compuesto de grandes marcos macizos que contienen como en bandas los cintillos vidriados y de sus antepechos que hacen juego con otros edificios posmodernos de perfiles reconocibles en las inmediaciones como lo son el Teatro Aguascalientes, el Museo Descubre o el conjunto del Instituto Nacional de Estadística y Geografía.

En nuestros tiempos en que se encuentra lo positivo en la acumulación, la simplificación nos puede parecer carente de valor, hasta que nos topamos con objetos y inmuebles que en su manifiesta sencillez, ponen un orden a su contexto y manifiestan en su presencia un señorío que solamente se encuentra en la pureza de los volúmenes y en la claridad de sus líneas.