La semana pasada, Claudia Sheinbaum se reunió con empresarios de México y Estados Unidos, quienes prometieron a la presidenta 20,000 millones de dólares en inversiones para el próximo año. En esa reunión, Sheinbaum presentó su estrategia de inversión y resolvió dudas sobre las reformas a más de 240 directivos de ambos países.

Es evidente, y lo hemos visto en estas primeras semanas del sexenio de la presidenta, que éste es un proyecto muy ambicioso de gobierno. Y no tenemos nada en contra de que los programas de gobierno sean ambiciosos, salvo por un pequeñísimo problema: ¿Cómo lo van a pagar? Aquí está el problema medular para la presidenta Claudia Sheinbaum, ya que el presidente López Obrador le dejó una hacienda muy, muy escasa. Realmente, están encontrando que no hay dinero para hacer todas las cosas que pretenden o quieren hacer. Por lo tanto, para tener en verdad ese dinero, la economía nacional, que prácticamente se estancó el sexenio pasado en términos per cápita, tiene que volver a crecer. Para crecer, se necesita de la inversión privada, y ahí es donde parece que han encontrado el talón de Aquiles de la 4T. Por un lado, están llevando a cabo acciones que disminuyen el apetito de invertir en México, pero por el otro tienen un discurso asegurando a los capitalistas, tanto nacionales como extranjeros, que no tienen por qué preocuparse, ya que el gobierno otorgará certeza, certidumbre y seguridad para estas inversiones.

En ese evento del CEO Dialogue México-Estados Unidos, tanto la presidenta como el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, no se cansaron de calmar los ánimos en torno a dos reformas en particular: la reforma judicial y la reforma al sector eléctrico. Son dos reformas que tienen preocupado al sector privado. Por un lado, el tema de la reforma judicial, en la cual este gobierno se está embarcando en una aventura que no se ha realizado en ningún lugar del mundo: elegir a todos los jueces, tanto federales como locales, ¡1,680 jueces federales y 5,250 jueces locales! ¿Qué va a salir de eso? Si me pregunta usted, le diré que la imagen la tuvimos hace algunos días en el primer paso para elegir a los jueces, que fue el sorteo, donde la imagen que nos quedó fue la de las bolitas del sorteo cayéndose y un par de funcionarios del Senado agachándose para recogerlas. ¡O sea que la justicia estaba hecha bolitas! Y la justicia está echada al azar, la justicia la están dejando a la suerte. O sea que la vida es una tómbola.

Aquí el tema es que eso tiene muy preocupados a los empresarios. No es que los empresarios confíen mucho en el poder judicial, pero nadie sabe qué va a salir de ese esperpento de reforma que está promoviendo la 4T. ¿Habrá jueces experimentados? Además, todos sospechamos, incluyendo a los empresarios, que quienes acabarán siendo jueces serán personas cercanas a Morena. ¿Cuándo un empresario podrá ganarle un juicio al gobierno? Un juicio fiscal, un juicio laboral… ¡Pues nunca! Porque todos los jueces serán parte del aparato de la maquinaria morenista. Esto le quita certeza, le quita confianza. Y la presidenta dijo: “¡No se preocupen! Yo lo que no quiero es concentrar el poder, sino que haya democracia. ¡Confiemos en la democracia!”.

Lo mismo sucede con la reforma eléctrica. Por un lado, aprueban una reforma eléctrica que le da prioridad a la Comisión Federal de Electricidad y a PEMEX en detrimento de las inversiones privadas, pero al mismo tiempo dicen que no hay de qué preocuparse, que sus inversiones estarán aseguradas.

Para concluir: no se puede tener el pastel y comérselo al mismo tiempo. Aquí, el problema de la 4T es que, por un lado, quieren tener una buena relación con los empresarios y que haya inversiones, pero por otro lado están tomando acciones que, sinceramente, hacen que los inversionistas desconfíen de lo que está pasando en México y originen dudas sobre si invertir o no en nuestro país. Eso sí, el juego de las simulaciones mexicanas: todos sonríen, se dan la mano, anuncian grandes proyectos de inversión, pero al final del día, veremos si esos 20,000 millones de dólares que se anunciaron se hacen realidad. Hay severas dudas en la clase empresarial sobre si el gobierno realmente dará garantías a la inversión, porque hoy en día, esas garantías parecen depender más del compromiso de la presidenta que de las instituciones o las reglas que deberían ofrecer confianza a los empresarios.

TROMPO A LA UÑA

El domingo pasado, hubo necesidad de llevar a mi madre, como a las siete de la noche, a la Clínica del ISSSTE de avenida Universidad, a causa de un problema de infección intestinal de cuatro días. Días antes, la llevé con un médico particular, pero la infección no cedía, y al ver que podía agravarse, incluso por una deshidratación, que en el caso de una persona mayor puede ser grave, decidimos ir a urgencias. Llegamos, y el área estaba a reventar de pacientes que, por diversos motivos de salud, estaban haciendo antesala para ser consultados. Religiosamente aguardamos a que nos tocara entrar con el médico. Pasaron muchos minutos, más de media hora, para que pasara el paciente siguiente. Con sorpresa, me di cuenta de que, de los cuatro consultorios disponibles, sólo uno estaba atendiendo. Pasó el paciente a consulta y se tardó más de media hora. Cuando salió, el médico se tomó casi media hora en salir a llamar al siguiente paciente, que fue una pareja joven con un niño en brazos. Pasó casi una hora para que salieran, y el médico se tardó más de cuarenta minutos en llamar al siguiente enfermo. Y así siguió con esos largos intervalos. Ya se imaginará usted cómo estaba la gente, tanto los enfermos como sus acompañantes. Algunos enfermos empezaron a abandonar la clínica, pues a ese ritmo, saldrían por la madrugada. Mi madre, casi a las 12 de la noche, me dijo: «Ya me cansé» –tiene 87 años–, «mejor vámonos». Yo opté por esperar un rato más. Cuando al fin nos tocó pasar, el médico la revisó y sólo le recetó omeprazol. Dijo que con eso se le iba a quitar. ¡Cómo iba a ser posible si tenía hasta ocho o más evacuaciones al día! Ya el lunes, decidimos llevarla de nuevo con un médico particular.

Mientras esperaba esa noche por la atención, recordé cuando Arsenio Farell Cubillas fue el director general del IMSS. Constantemente salía por las noches, de madrugada, sólo acompañado por su chofer, a las diferentes clínicas del IMSS y llegaba de improviso para checar la atención a la gente por parte de los trabajadores, médicos, enfermeras y recepcionistas. En cada visita se encontraba con una serie de deficiencias en los servicios: mala atención, médicos y personal dormidos sin atender a los enfermos, etc. Ya se imaginará usted cómo les iba, pues don Arsenio era de carácter fuerte y, sobre todo, estricto en el cumplimiento y atención a los derechohabientes. Funcionarios como ese ya no hay.

Salí pensando, la madrugada del lunes, que así ha de ser el servicio médico en Dinamarca, y por lo tanto, era una versión nueva para nosotros de cómo atender a los pacientes. Mejor pagar un médico particular.