Víctor Hugo Granados Zapata

El pasado lunes, durante las conferencias mañaneras el secretario de Educación Pública Esteban Moctezuma comunicó que las clases para este ciclo escolar serán a través del sistema de “Aprende en Casa 2”. La idea es proyectar el mismo modelo del ciclo anterior a través de la televisión, internet, radiodifusión y libros de texto, con el único cambio de añadir una nueva materia. En pocas palabras, no se cambió nada.

En esta misma conferencia, el titular de la SEP iba acompañado de los directores de las cuatro televisoras más importantes de México, entre ellos los líderes de Televisa (Emilio Azcárraga), TV Azteca (Benjamín Salinas), Milenio (Francisco Gonzáles) e Imagen (Olegario Vázquez), quienes firmarían un convenio de colaboración con la SEP para transmitir las clases en toda la República, bajo una “cuota social” de 450 millones de pesos. La finalidad del convenio es asegurar que la transmisión pueda abarcar la mayor parte del territorio nacional e invertir un poco más en la elaboración de las clases que se van a reproducir a partir del 24 de agosto.

La idea de implementar un sistema híbrido, como señalaron hace algunas semanas, se podría dar dependiendo del color del semáforo epidemiológico de cada Estado, mientras que éste no esté en verde, la educación deberá sujetarse al Aprende en Casa 2. En cuanto al tema de la educación en comunidades rurales e indígenas el plan sigue exactamente igual, lo único que mencionaron al respecto es que se buscará expandir la cobertura de las radiodifusoras para que llegue a todas las comunidades lejanas del país.

Por otra parte, la SEP busca implementar un programa llamado “Rechazo Cero”, en el que se busca ampliar la cobertura de la educación superior abierta que ofrece dicha secretaría, esto con la finalidad de combatir el rezago que pueda generarse en este rubro. Dichas medidas tienen su lógica, puesto que aproximadamente 1.4 millones de estudiantes no van a continuar con su educación en diferentes niveles de educación (sobre todo estudiantes de secundaria a bachillerato) según cifras del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

¿Es la falta de oferta educativa la que hace que los estudiantes decidan abandonar sus estudios? Este debate es muy complejo, puesto que hay que preguntarse qué tanto va a bajar la cobertura escolar desde el sector privado, cuántos estudiantes piensan emigrar al sistema público y qué tanto puede extenderse la cobertura pública (sin tomar en cuenta que la calidad de este último está siendo criticada por las transmisiones en televisión). Lo anterior sin contemplar a aquellos estudiantes del sistema público que no van a concluir sus estudios.

El panorama se ve peor de lo que se esperaba y la SEP se ve escasa en soluciones, lo que nos lleva a una nueva pregunta ¿Qué papel jugaran los institutos locales de educación? En el caso de nuestro Estado, el Instituto de Educación de Aguascalientes se ha dado la tarea de invertir en materiales para las clases en línea (repartir “tablets”, apoyar a las familias con escasos recursos para contratar servicios de internet, etc.) y aventurarse a implementar el sistema híbrido para bachilleratos e instituciones de educación superior. Dicha medida ha sido criticada por el riesgo al que pueden estar expuestos los estudiantes, pero al mismo tiempo los costos que se tienen al continuar con la educación en línea (ampliar la brecha educativa, impulsar el abandono escolar y el rezago) son muchos y desde el IEA se busca aminorar dichos efectos negativos de la forma más eficiente.

Estos tiempos orillan a que nuestros gobernantes tomen decisiones difíciles, solo hay que recalcar que nunca se había vivido una pandemia y una crisis económica al mismo tiempo en la historia de nuestro país. Aquí habría de preguntarse qué es más conveniente, que los estados sigan el mismo modelo y asumir los costos a mediano plazo para la educación (SEP) o arriesgarse a implementar un sistema que busque aminorar dichos daños (IEA) pero con el riesgo de aumentar el número de contagios. Desde la ciudadanía solo nos queda seguir las indicaciones de las autoridades y ser más responsables en cuanto a realizar actividades no esenciales. Mientras que el semáforo siga en rojo, los gobiernos no podrán tomar más (y mejores) decisiones y quienes serán los principales afectados de esto son los millones de estudiantes en su educación.