Por J. Jesús López García

América es el segundo continente más extenso después de Asia, con una multiplicidad y variación en lo referente a la flora, a la fauna y al clima. Desde hace siglos, experimentó la aparición de una nueva población que alteró la vida y las costumbres de los habitantes primigenios de origen asiático, que arribaron por vez primera al territorio americano de modo constante y permanente desde hace miles de años. Quizá sea por ello que en las ciudades, los poblados y las villas se perciba una cierta brisa consanguínea.

La experiencia del encontronazo de los amerindios y los recientes allegados seguramente produjo un shock. Sin embargo, ambos llegarían a desarrollar un nuevo mundo que, por las características propias y singulares del territorio, crearía evidentes singularidades. Esto representa las considerables variaciones culturales entre los asentamientos de la América hispánica, así como algunas características sociales, lingüísticas y, por supuesto, arquitectónico-espaciales que hermanan a las poblaciones en su heterogeneidad.

Con las multicitadas Ordenanzas de Descubrimiento, Nueva Población y Pacificación de las Indias, o simplemente conocidas como las Ordenanzas de Felipe II, emitidas antes de finalizar el siglo XVI, se trató de llevar a cabo un considerable esquema de planificación. El propósito era establecer una estructura espacial y demográfica en una monumental porción de tierra que en ese momento se encontraba en un activo proceso de exploración, conquista y colonización, incluso en ocasiones las tres acciones en conjunto, a veces de modo separado. Estas Ordenanzas giraban instrucciones e instauraban premisas sobre asuntos muy variados, pero siempre aludían al cometido inherente de estabilizar y poblar el vasto suelo. Iban desde «¿cómo hacer la guerra a los pueblos hostiles?» hasta cómo diseñar y trazar el urbanismo que habría de abrigar a un reciente establecimiento, además de constituir ciertas pautas en la construcción de sus fincas.

Si bien es cierto que el resultado de la aplicación de las Ordenanzas fue el no ser aplicadas en un gran porcentaje, también se puede decir que, en una práctica general, estableció cuantiosos lineamientos que hoy nos parecen evidentes, al menos en los denominados «centros históricos» de las ciudades.

El trazo ortogonal, la disposición de las plazas principales, el lugar de los edificios principales, tal el caso de los templos religiosos, los servicios que la villa debía procurar para sus moradores y hasta algunas reglas elementales para el levantamiento de las fincas domésticas son algunos de los lineamientos establecidos. A la larga, éstos serían útiles para la constitución de varios de los rasgos que habrían de definir a las metrópolis y a su arquitectura en el continente americano.

En Puebla, Morelia o Ciudad de México, por citar algunas urbes, se aprecia la majestuosidad de la planificación. Sin embargo, en el caso de capitales como Aguascalientes, el esquema ortogonal no fue posible a causa de los diversos arroyos que cruzaban (algunos lo hacen aún) el asentamiento. De cualquier manera, en la medida de lo posible, las diversas ciudades trataron de adecuarse a lo establecido en las Ordenanzas. Con el paso del tiempo, continuaron llegando nuevos allegados a los recientes establecimientos. Con ellos, trajeron sus tradiciones y costumbres sociales y culturales, así como sus prácticas arquitectónicas y urbanas. Sin embargo, como aconteció hace centurias, la configuración de nuestras ciudades seguirá realizándose conforme a los aires de una familia, cada vez más extendida.

Para ejemplificar lo descrito, la plaza principal y también jardín de Rincón de Romos, Aguascalientes, se encuentra «cercada» por una banda de fachadas alineadas al paramento. Esto hace evidente tanto los materiales como los sistemas constructivos locales, como los gruesos muros de carga. Dada la utilización de elementos naturales como la madera y la piedra, los vanos se avenían a una dinámica vertical. La plaza, como es de suponerse, también cuenta con un templo principal en uno de sus costados. En otro de ellos, resalta el perfil de la finca de la Presidencia Municipal.