Las bicicletas modificadas no son sólo un lujo o un placer, sino que son una parte importante de la cultura de los pachucos. Una persona dedicada de lleno a esta actividad llega a invertir hasta 30 mil pesos en armar una de estas “rilas”, que se vuelve un objeto de colección sobre ruedas.

Quienes pilotean una de estas bicicletas se distinguen a la distancia, ya que la altura de la bicicleta es muy distinta de las comunes, sus manubrios son largos, el asiento está casi a ras del suelo, su cuerpo es largo y estilizado y el conductor va con su atuendo pachuco o cholo, abre plaza por donde sea que se aproxime.

Lázaro Martínez tiene más de 30 años involucrado con este movimiento, aunque toda su vida creció en este ambiente por su padre, desde que vivían en Los Ángeles. Para él, quienes se dedican a esto deben tener dinero, buscar quién quiera enlaminar la bici, ponerle las válvulas de aire y luego el acabado con pintura.

En su colección tiene una bici miniatura, una enlatonada dorada, una amarilla, un triciclo y otras más; cada una tiene su propia personalidad. El límite es el ingenio del propietario, que la mayoría de las veces llega muy lejos.

Podría decirse que cada pachuco es el diseñador de su propia bicicleta; comienza de ceros, las piezas se consiguen en diferentes lugares, aquí el cuadro, allá las llantas, ésta tiene un faro y aquélla unas aplicaciones en los rines de las llantas.

“Una cosa que para mí era un sueño: le puse válvulas electrónicas como los coches Low Rider, porque también ellos tienen su historia, también nacieron en la época; porque el cholo no es una moda, es una cultura”.

Cada pieza es muy costosa y más para quienes las buscan de marca, aunque también pueden armarse de partes de otros vehículos, incluso de autos o motocicletas; lo importante, dijo Lázaro, es que el propietario quede conforme con la fusión de partes.

Aquí en Aguascalientes hay varios clubes que organizan exposiciones y rodadas, y de muchas formas se hacen visibles en la ciudad; es imposible que pasen desapercibidos, no sólo por lo colorido o las formas especiales de sus bicicletas, sino también por la forma de vestir de cada uno de ellos.

Si bien ésta es una cultura que viene de los años 50, hay muchos jóvenes interesados por este movimiento y para ellos es importante reivindicar la imagen del cholo, porque no son aquéllos que no tienen trabajo, delinquen o se drogan, más bien son personas con una vida productiva.

Esto ha logrado que haya mayor aceptación de las personas hacia esta cultura, que para Lázaro nunca ha sido una moda, siempre ha sido una forma de vivir, nunca ha molestado a nadie y a él no lo molestan, lo dejan transitar en cualquiera de sus bicicletas.