Jesús Eduardo Martín Jáuregui

Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra?

¿Hasta cuándo Catilina, abusarás de nuestra paciencia?  Marco Tulio Cicerón.

Ayer, apenas unas horas después de que con bombo y platillo se anunció el inicio del registro en la página de internet gob.mx , el registro se saturó, al menos eso indicaba el anuncio que apareció allí mismo, diciendo que estaban aumentando la capacidad y haciendo las correcciones necesarias para que no sucedan interrupciones.

El hecho lamentablemente no es un hecho aislado, de alguna manera recuerda la expresión de aquel personaje, me parece que de Héctor Suárez: “Una tras otra, una tras otra…”. Se une a toda una serie de desaciertos, imprecisiones, embustes, etc., que se han sucedido por parte de las autoridades federales desde el inicio de este terrible Calvario que ha sido la pandemia de la COVID-19. Excluyo con toda intención y creo que con fundamento a las autoridades estatales y municipales que, de alguna manera se han visto arrastradas por la vorágine de ocurrencias, indecisiones y contradicciones de las otras. No quiere decir que no hubieran podido hacer más, por supuesto que hubieran podido, pero la timoratez, la ignorancia y los intereses, inclinaron la balanza hacia el menor esfuerzo.

El anuncio oficial fue que ayer se empezaría el registro de los viejos que quisieran vacunarse. Me chocan los eufemismos, especialmente ese de “la tercera edad”. Uno se pregunta entonces por qué desde la semana pasada, quizás mas tiempo, empezaron las llamadas telefónicas por parte de la Secretaría de Bienestar, preguntando por los “adultos mayores” (¡otro eufemismo!) para registrar si tenían la voluntad de vacunarse, registrando su nombre, su CURP y otros datos personales y anunciando, ¡Sí! ¡anunciando que aquí en Aguascalientes la vacunación empezaría esta semana y que, incluso, se haría a domicilio. Si el registro oficial empezaría ayer ¿Qué sentido tuvieron las llamadas? Atendiendo a aquel certero método llamado la navaja de Ockham, habría que descartar primero la explicación más simple y más probable. Se trató de una estratagema con tintes electoreros. ¡Una auténtica burla! ¡Lucrar con la esperanza! ¡Con la esperanza de los ancianos mexicanos! Las cosas por su nombre.

¿Era previsible que el programa de registro fallara? Por supuesto. Ante el panorama oficial de más de 150,000 muertes, ante el pronóstico científico de que podrán llegar a 250,000 en el próximo mes de mayo, ante la evidencia de que existe un subregistro en todo el mundo y más en México, ante la descorazonadora actuación del gobierno y las inexactitudes (por no llamarles mentiras) de sus informaciones, era natural esperar el interés por registrarse lo más pronto posible. Con una capacidad limitada de registro y una capacidad limitada de respuesta, la invitación a un registro general era seguro que rebasaría las posibilidades del sistema. No se necesita ser muy listo, maticemos, se necesita ser un poco más listo que nuestras autoridades para pensar, por ejemplo, en que una institución, el INEGI, que tiene la información, los recursos y la infraestructura necesarios, podría fácilmente elaborar un programa tomando en cuenta diversos factores: los nombres, el rango de edad, las vulnerabilidades, la capacidad económica, etc., para realizar un registro escalonado que, en unos cuantos días podría completarse sin contratiempos, para estar preparados para cuando arriben la vacunas. La ineptitud o lo que es peor, la sobrestima es tal, que no les permite ver más allá de sus narices, ni siquiera dentro de las propias instituciones gubernamentales, salvo que, también AMLO piense que habrá que desaparecer el INEGI por caro e ineficaz y sustituirlo por los honrados siervos de la nación.

Si no fuera dramáticamente disparatada la composición de las brigadas de vacunación sería como para ponerse a reír a mandíbula batiente. Cada brigada estará integrada por doce personas. Un médico y una enfermera, cuatro miembros de las fuerzas armadas, cuatro siervos de la nación representantes de organismos del gobierno encargados del reparto de becas y promociones públicas y dos voluntarios. ¡En qué cabeza cabe! México que tiene el tristísimo segundo lugar en número total de muertes por la COVID-19, tiene el primer lugar en muertes del personal médico y paramédico, por la falta de equipo, por la falta de preparación y por la falta de infraestructura. ¿A quién se le ocurre exponer a diez personas menos capacitadas, preparadas y equipadas que el personal médico al riesgo de contagio en las brigadas de vacunación? La visión populista parece concebir la brigada como una oportunidad de propaganda política sin parar mientes en la eficacia y menos aún en los riesgos.

Hace muchos meses el presidente (la chiquíscula es intencional, amigo corrector) anunció como un gran logro personal (no del país) haber logrado el acuerdo con el Presidente de Argentina, con el apoyo (but of course) de la creación del innombrable, Carlos Slim, para producir y distribuir la vacuna de Astra Zeneca, lo que nos permitiría ponernos a la cabeza de la vacunación no sólo en Iberoamérica sino en el mundo. Ante los resultados dudosos de las primeras pruebas de esa vacuna y los resultados esperanzadores de Pfizer, el mundo volteó los ojos hacia esa vacuna, que tenía el inconveniente de requerir ultracongeladores. El subsecretario de salud, dijo entonces que la Pfizer no era opción para México por carecer de la infraestructura. Meses después el presidente anunció la compra de millones de dosis y se conoció que había una red universitaria de ultra congeladores y se empezó a aplicar, pero, la vacuna “comprada” a Pfizer no llegó. La “contratada” a Astra Zeneca no ha llegado, aunque entre otros países Brasil ya recibió dos millones de dosis. Inexplicablemente el presidente renunció a demandar a Pfizer por incumplimiento, inexplicablemente lo “contratado” con Astra Zeneca no ha llegado y anuncia que se aplicará una vacuna que no ha terminado satisfactoriamente su periodo de prueba y por lo mismo no tiene la aprobación de la Unión Europea y de la FDA.

Pero la vacunación irá, no por la salud del pueblo, sino por la estrategia electoral. Por cierto los contratos de la compra de vacunas han sido catalogados como información reservada y no podrán ser conocidos hasta dentro de cinco años.

Un paso más a la autocracia.

 

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