Noé García Gómez

El 8 de octubre se inició formalmente el proceso electoral en Aguascalientes, donde el domingo 5 de junio de 2022 será el día de la elección para elegir al sucesor de Martín Orozco Sandoval, titular del Ejecutivo del Estado. Por lo que trataré de puntualizar diversos aspectos relacionados con el proceso electoral venidero que me parece adecuado tener en cuenta.

Será la primera vez que se elija solamente al titular del Ejecutivo sin elecciones concurrentes de diputados o ayuntamientos. Esto es importante por dos razones:

  • Al interior de los partidos, en una negociación entre aspirantes, las candidaturas a diputados, presidentes municipales y miembros del ayuntamiento, servían como una válvula de escape para compensar a los equipos. Hoy no, es prácticamente lo que en ciencia política se podría ubicar en un “dilema del prisionero”, donde la decisión que tome uno de los aspirantes tendrá un efecto en el adversario, que pudiera desencadenar en una “suma nula”. Cuando había más posiciones en juego, este dilema normalmente apaleaba a que el perdedor tenía alguna compensación con otras candidaturas, hoy no, hoy parece que el ganador o ganadora se lleva todo y el perdedor o perdedora pierde todo, –o bueno– se lleva alguna promesa, que en política las promesas han perdido mucho valor.
  • En la campaña abierta tendrá un efecto en la operación de las estructuras de proporción y electorales. Quienes conocen de estas estructuras, saben que tradicionalmente las elecciones de gobernador tomaban como base y soporte los equipos de campaña de los candidatos en los distritos y municipios, desdoblando los esfuerzos de organización y campaña electoral. El esfuerzo que imprimían esos equipos, por el interés directo que tenían al estar en juego su elección misma, generaba batallones electorales en esas zonas territoriales que se desdoblaban en las elecciones. Hoy los expertos en organización tendrán un gran reto.

Por otro lado pareciera que se dejaron de lado los métodos democráticos de consulta partidista para elegir al candidato o candidata, que tradicionalmente se usaban como era; la elección por medio de la militancia o algún órgano partidario, donde normalmente se conocía la correlación de fuerzas, y basado en eso los aspirantes podrían desarrollar una estrategia de convencimiento o “coacción” de los integrantes y así, saber con una certeza el resultado; hoy se ha optado por algo que la clase política está convirtiendo en algo cada vez más subjetivo: “las encuestas” ¿Por qué digo que las encuestas se están convirtiendo en algo subjetivo? Aunque pareciera una afirmación temeraria, cuando son un método estadístico; lo digo porque últimamente nos encontramos con que un resultado puede ser distinto conforme a qué casa encuestadora lo levante, quién financió o contrató a la casa encuestadora, y finalmente el tipo de instrumento que se utilice, por ello podemos tener que si se levantan cinco encuestas en el mismo marco temporal podrían tenerse 5 resultados distintos; y esto, cuando se tienen dos o más candidatos fuertes, más que ayudar, complica la designación.

Por último, ante todo lo anterior se apelaría a alturas entre los aspirantes, madurez y oficio político, para dejar de lado la soberbia, ego o la visceralidad, algo que parece –desde la barrera–, en este momento, muy difícil de lograr.

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