Martha Martínez y Claudia Salazar
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.-No dudaron en calificarlo como uno de los momentos más delicados en la vida del PRI. «A mí qué me dicen si tengo nueve décadas en esto», soltó con sorna Jorge de la Vega Domínguez, presidente del tricolor en 1988, cuando la conflictiva elección presidencial que le dio el triunfo a Carlos Salinas.
Fue un comentario que provocó alguna sonrisa en medio de un ambiente que se cortaba con un cuchillo.
Once ex presidentes del PRI regresaban al edificio de Insurgentes Norte para leerle la cartilla a Alejandro Moreno. Desde De la Vega hasta Claudia Ruiz Massieu, quien le entregó la dirigencia a Moreno en 2018, tras la derrota electoral con Andrés Manuel López Obrador. O Dulce María Sauri, quien dirigía el PRI en 2000, cuando les ganó Vicente Fox. O Manlio Fabio Beltrones, quien dejó el cargo de presidente partidista cuando perdieron elecciones estatales. Roberto Madrazo, dirigente partidista contra el foxismo; Pedro Joaquín Coldwell, Beatriz Paredes, Carolina Monroy, José Antonio González Fernández; el mexiquense César Camacho y hasta Humberto Roque Villanueva. También llegó el coordinador de los senadores priistas, Miguel Ángel Osorio.
La historia viva del PRI de los últimos 60 años, incluido Augusto Gómez Villanueva, ahora decano de los legisladores, colega generacional de Jorge de la Vega, con 92 años de edad, y quien fungía como secretario general del PRI cuando Porfirio Muñoz Ledo era el presidente del partido. En ese entonces, la época del echeverrismo, Alejandro Moreno, Alito, todavía ni nacía.

Debe renunciar
Ocho de esos 11 ex presidentes le dijeron a Alito, en su cara, que tenía que renunciar a la presidencia del PRI, tras la debacle electoral del domingo 5 de junio.
La reunión de cinco horas de duración fue tensa y franca, según versiones de varios de los asistentes. Todos los ex presidentes hablaron para enumerarle los daños causados al partido bajo su gestión: aumento de rechazo social; debacle electoral; una militancia desanimada que se aleja de la organización; concentración de facultades en la presidencia del partido y exclusión de otras expresiones.
Todo ello agravado por la andanada de un Gobierno que usa, según dijeron algunos, todos los instrumentos del Estado para afectar a sus contrarios. Aún más, dijeron, que usa medios ilegales para acosarlos.
Mencionaron los audios filtrados por la Gobernadora de Campeche, Layda Sansores, y le recriminaron a Moreno que, independientemente de que sean ilegales, no han sido desmentidos totalmente en su contenido, particularmente su conversación con el senador Manuel Velasco, que consideraron como dañina para su imagen personal y del partido.
Los ex presidentes argumentaron el deterioro de la confianza interna hacia la dirigencia, no sólo por los resultados electorales sino por el acaparamiento de su parte de las posiciones legislativas, del Comité Ejecutivo Nacional, del Consejo Político Nacional y de las dirigencias estatales.
En el salón Presidentes de la sede nacional del tricolor, denunciaron también amenazas en contra de dirigencias estatales que no se alinean a la presidencia de Moreno.
Ejemplos vivos de qué hacer ante la adversidad, varios ex dirigentes reseñaron sus experiencias. Manlio Fabio Beltrones recordó su propia situación, cuando de manera voluntaria renunció al partido tras perder siete gubernaturas en las elecciones de 2016.
En respuesta, Alito rechazó renunciar anticipadamente y reiteró que concluirá el periodo para el cual fue electo por la militancia.
Tras la negativa, los ex dirigentes le reviraron que ni siquiera considerara una reelección, porque eso implicaría nuevamente el acaparamiento de las candidaturas en las nueve entidades que estarán en juego en 2024 y en el Congreso de la Unión.
Moreno prometió entonces que no se quedará al frente del partido «ni un día más, ni un día menos» del 19 de agosto de 2023, cuando concluye su periodo estatutario.
Pero vino de nuevo la puya. La renovación de la dirigencia en 2023 debería dejar el campo abierto para que un nuevo liderazgo gestione acuerdos y políticas rumbo a la sucesión presidencial de 2024. Su retiro en 2023, si fuera el caso, no puede condicionar la postura del PRI frente a la sucesión presidencial.
Alito prometió no postularse para la candidatura presidencial de 2024 y ofreció apertura al interior del instituto político; reconoció, además, que es necesaria la redistribución del poder al interior de la organización.
No obstante, omitió dar fechas para llevar a cabo los ajustes en el CEN, el Consejo Político Nacional y las dirigencias estatales.

Daña al PRI
Alito insistió en que él fue electo legalmente y nadie lo impuso; que los estatutos del partido avalan su permanencia hasta agosto de 2023. Pero le reviraron al decirle que un asunto era la legalidad y otro la legitimidad.
«Debes valorar de manera personalísima si tu permanencia daña al partido y lo que podemos aportar a la alianza» opositora, le comentó un ex dirigente. Unos son los ciclos estatutarios y otros los ciclos políticos, le insistieron.
De ahí que lo emplazaran a un nuevo encuentro en el que responda sobre su reflexión de mantenerse o no en el cargo y de plantear la propuesta de renovar el Consejo Político, convocar a una Asamblea Nacional para modificar los estatutos y permitir la apertura en el PRI y definir una convocatoria para la renovación anticipada de la presidencia tricolor.
En la mesa fue puesto el tema de la alianza. Le insistieron en que debe haber otros actores en ese acuerdo político opositor.
Alejandro Moreno escuchaba y respondía, pero su vigor fue declinando conforme avanzaba el encuentro y advertía que la mayoría de los ex dirigentes le pedían su retiro.
Alguien terció y quiso minimizar la presión. «Ustedes no son la militancia. Como no lo son las corrientes», expresó.
Beatriz Paredes precisó, según refirieron testigos, que podía pensarse que «hacia adentro del PRI no representemos mucho, pero hacia afuera sí representamos algo». Recordó lo ocurrido con la Corriente Democrática de Cuauhtémoc Cárdenas, cuando dentro del PRI se minimizaba su fuerza «y a la hora en que salieron del partido tomaron otra dimensión».
Alguien más le recordó al campechano que en el proceso de elección interna que le dio su cargo, dos cuadros importantes del tricolor renunciaron a la organización: José Narro e Ivonne Ortega.
«Debes reflexionar si tu permanencia suma o resta al partido», le insistieron.
De las fuentes consultadas ninguna recuerda una reunión de esa naturaleza; ni por la franqueza, ni por la dureza, ni por todo lo ahí expresado. «Se admitió que era uno de los peores momentos que vivía el PRI», dijo uno de los asistentes.
Afuera a Alito lo esperaban sus incondicionales, los líderes de sectores y dirigentes estatales que él convocó por si las cosas se complicaban. Salió de su largo encuentro con ex presidentes y acudió con los suyos, que le aplaudieron lo que sus antecesores le negaron.
El campechano solicitó a los ex presidentes una foto con él al centro y la difusión de un comunicado para expresar unidad.
Rotundamente le dijeron que no. Y ni «selfies» hubo.

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