Quienes fueron elegidos para gobernar y legislar, si son creyentes en Jesucristo, esfuércense por demostrar los criterios y las actitudes del Evangelio en su forma de vivir y de servir. No se trata de hacer proselitismo, sino de promover los valores que dan vida al pueblo, como la justicia, la verdad, la solidaridad, la defensa de los pobres y la promoción de los marginados.
Así lo señaló el P. Carlos Alvarado Quezada, quien consideró que los gobernantes deben dedicar tiempo a su formación integral y religiosa, para que sean mejores servidores de la comunidad.
Recordó que en reunión que tuvieron con los obispos, todos los candidatos presidenciales recientes se declararon católicos, cuando les preguntaron al respecto. También quien resultó ganador, aunque éste dijo que siendo de raíz católica, se declaraba cristiano en su sentido más amplio. No que pertenezca a alguna denominación evangélica, sino para ser aceptado también por los protestantes.
Asimismo, comentó que el Papa Benedicto XVI señaló con preocupación la notable ausencia en el ámbito político, de voces e iniciativas de líderes católicos de fuerte personalidad y de vocación abnegada que sean coherentes con sus convicciones éticas y religiosa.
“Es cierto que hay testimonios de católicos ejemplares en la escena pública, pero se nota la ausencia de corrientes fuertes que estén abriendo camino al Evangelio en la vida política de las naciones. Y esto no quiere decir hacer proselitismo a través de la política. Hay muchos que se confiesan católicos, pero en sus actos hay escasa coherencia con las convicciones éticas y religiosas, propias del magisterio católico; hay otros que viven de modo tan absorbente sus compromisos políticos que su fe va quedando relegada a un segundo plano, empobreciéndose, sin la capacidad de ser criterio rector y de dar su importancia a todas las dimensiones de vida de la persona, incluso a su praxis política”.
Finalmente, apuntó que no faltan quienes no se sienten reconocidos, alentados, acompañados y sostenidos en la custodia y crecimiento de su fe, por parte de los pastores y de las comunidades cristianas, como ellos mismos lo han manifestado.