“La violencia está alcanzando niveles inimaginables y la sociedad en general, se encuentra como en un marasmo anímico y una parálisis moral, desconcertada y desorientada por lo inédito de la situación”, señaló el Obispo José María de la Torre Martín.
Resaltó que hoy más que nunca necesitamos en nuestra Diócesis, a partir del Plan Global de Pastoral que se está generando y que ya está impulsando a los Obispos, un plan de evangelización con el eje transversal de construir la paz, que atienda a las víctimas como los primeros que tienen que recibir acompañamiento.
“En las familias, debe enseñarse a los hijos desde pequeños a que vivan el perdón y la reconciliación, que sea parte de su formación integral; seamos sembradores de paz con los niños y adolescentes de las catequesis, hombres nuevos, familias fuertes y sin golpes a través de la pastoral familiar”.
Añadió que los sacerdotes deben formarse permanentemente para ser constructores de paz, capaces de consolar, dar esperanza y acompañar a las personas en medio de la violencia y las injusticias.
Señaló que esta misión urgente y trascendental de construcción de la paz nos corresponde llevarla a cabo a todos los actores sociales: “Construir la paz es humanizarnos, vencer la cultura de la muerte y recuperar esa relación dialógica, espiritual y trascendente”.
Exhortó a los fieles a aportar ideas que ayuden a replantear la manera de hacer pastoral, y hacer caso a la invitación del Papa Francisco, de ir a las periferias y acercarnos a quienes sufren la violencia. “Dinamicemos nuestras acciones enfocándolas en la Construcción de la Paz, tan necesitada en todo el país”, añadió.
Indicó que hoy más que nunca necesitamos propuestas efectivas para que junto con el Gobierno, las instituciones y las organizaciones, hagamos una plataforma social para el bienestar y desarrollo de todos: “Necesitamos hacernos sensibles al dolor de las víctimas de las violencias, sobre todo del crimen organizado”.
Finalmente, el Obispo aclaró que ante esta dolorosa realidad, la sugerencia específica es que formulemos los mecanismo legales e institucionales que permitan acompañar de forma integral a las víctimas, para brindarles la posibilidad de reintegrarse a la vida comunitaria en las mejores condiciones posibles, buscando que desde un enfoque jurídico en derechos humanos, puedan acceder a la justicia y a la reparación del daño y a la convicción de que nunca jamás se repetirán hechos semejantes.