El Obispo Juan Espinoza Jiménez hizo un llamado a reflexionar sobre el nivel de misericordia que se vive día a día hacia si mismo y los demás, si se hacen las cosas por obligación o por amor, si se despilfarra la gracia que Dios da o se le sacas provecho a favor de la sociedad.
Agregó que la misericordia es la experiencia de sentirse acogido, restaurado, fortalecido, curado y animado. Ser perdonado es vivir la experiencia aquí y ahora lo más parecido a la resurrección, el perdón es pasar de la muerte a la vida, de la angustia de la culpa a la libertad y a la alegría.
Durante la celebración eucarística en la Catedral Basílica, el prelado exhortó a los fieles a abrir el corazón a Dios para recibir su presencia y su amor, su misericordia, porque los seres humanos a veces son jueces muy duros y se olvidan de Dios, lo confunden y El Creador reacciona con amor, porque él no es como nosotros, el no castiga, es diferente.
El prelado explicó las tres parábolas o símbolos de la misericordia, porque a veces los seres humanos vivimos todas ellas al ser como son las ovejas negras, la moneda perdida y el hijo pródigo.
“Dios invita a todos a cambiar, que nadie se pierda, que nadie viva en la tristeza y en el pecado, creando ídolos o llenándose de vanidad y dando rienda suelta a las pasiones, despilfarrando las cosas que Dios da y otras veces sucede que te la pasas rezando mucho y haces muchas cosas, pero te falta amor, pues lo haces sin alegría y sin gusto”.
Agregó que el hijo pródigo y el hijo mayor son ejemplos de que necesitan conversión, alegría y que requieren acercarse entre sí, y hacer una fiesta para manifestar esa misericordia entre sí y con los demás.