Enrique Osorio
Agencia Reforma

GUADALAJARA, Jalisco.- ¿Qué tiene que pasar para que las mujeres en Jalisco vivan sin miedo?
Denunciar, tener medidas de protección y contar con un Pulso de Vida no basta para «Catalina»: lo primero que le dijeron en el Ministerio Público en El Salto fue que tenían que agredirla o hasta matarla para investigar.
Ella usa un nombre falso por temor a sus agresores, vecinos de una casa dúplex que compró en Juanacatlán en 2017.
Desde el tercer día en que se mudó, comenzó a recibir insultos por tener discapacidad en una pierna y un hijo con autismo.
Por eso ella se sintió identificada con el caso de Luz Raquel Padilla Gutiérrez, quien fue asesinada pese a que contaba con medidas de protección a su favor -de acuerdo con el Gobernador Enrique Alfaro- y sintió más angustia por las similitudes que comparte con ella.
«Lo que tenía que hacer yo era medicarlo para que mi hijo durmiera y que no sintiera el ruido», contó «Catalina».
Además, le llenaban de excremento su auto, le aventaban tierra, le escupían, todo porque el vecino se sentía dueño de la finca que ella llegó a habitar.
«A los dos meses que yo ya tengo viviendo ahí me dijo que me voy a arrepentir y que me iba a morir, y me enseñaba, siempre cargaba una navaja, delante de mis hijos (entonces de 10 y 16 años)».
En su primer intento de denuncia, la agente del Ministerio Público de atención temprana en El Salto, Sara Gabriela Eng Goon Garayzal, la hizo llorar, según la queja 141/2018/IV de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos en Jalisco.

«Me dijo que me dejara de chismes, me dijo literal: ‘no le hicieron nada, ¿la golpearon?, no, ¿la mataron?, tampoco, pues yo necesito que ellos cumplan sus amenazas, que usted esté muerta, para nosotros como funcionarios poder trabajar sobre su caso'», relató «Catalina».

Nunca supo de una sanción contra la funcionaria, sólo que le ordenaron no llevar su caso y finalmente le abrieron la carpeta 4843/2017.
Las medidas de protección no impidieron que el vecino intentara golpearla con un pico, acusó en una ampliación de la denuncia.
Por la violencia diaria, ella tuvo problemas de salud y en 2019 su médico le recomendó mudarse. Pero el agresor la siguió hasta el sitio donde le dieron asilo.
En Fiscalía le llegaron a decir que le girarían medidas de protección para «hacerle el favor», porque no le habían hecho «nada grave».
Apenas en diciembre pasado, un juez vinculó a proceso al sospechoso y su pareja, pero enfrentan cargos en libertad.
Ella tiene medidas que vencen en diciembre, y un Pulso de Vida de la Policía de Guadalajara. La batería no dura mucho y el botón no siempre funciona.
«Ya sé que el mundo ideal no existe, yo vivía antes de él en un mundo tranquilo, tenía paz, podía salir libre a la calle.
«A raíz de que tengo el Pulso de Vida y que tengo esta denuncia es ser víctima y me vuelvo presa, estás a medias tranquila en tu casa, con el temor», lamentó tras cinco años de lucha por volver a su hogar.
El miedo se reavivó por el caso de Luz Raquel.