Ojala alguna autoridad le pusiera un freno a la contaminación visual que genera la oferta milagrosa del Tarot, que ha convertido el mobiliario urbano en un amplio aparador de pésima imagen; prácticamente todo lo que está a la vista del público se ha convertido en blanco de estas prácticas y quizá no sería tan difícil dar con los responsables de ello, pues con tantos teléfonos a la vista parece cuestión de voluntad, a ver si hay quien se anima.