Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

La Secretaría de Educación Pública dio a conocer, en marzo de 2014, los 10 perfiles que se van a evaluar a los docentes en su desempeño profesional. Estos rasgos fueron integrados en el cuadernillo de la sexta sesión ordinaria de los consejos técnicos escolares (del ciclo escolar 2013-2014), con el subtítulo de “los perfiles, los parámetros e indicadores de la práctica docente”. En aquel entonces, la indicación fue que estos puntos se analizaran en los plenos de los consejos con el objetivo de incorporarlos en la mejora de las prácticas profesionales en los salones de clase y, en su oportunidad, para la evaluación del desempeño docente.

Debido a que en los consejos, generalmente, se trata una gran cantidad de asuntos, en la mayoría de los casos no alcanzó el tiempo para abordar la temática en cuestión y, lamentablemente, después no se volvió a tocar este asunto; perdiéndose 10 valiosos meses que bien pudieron aprovecharse para avanzar en el dominio y la puesta en práctica de los perfiles que la SEP ya estableció para la evaluación del desempeño docente. Ahora se tiene que recuperar ese tiempo, con esfuerzos adicionales, para lograr avances tanto en el entendimiento como en el manejo de estos perfiles, hasta lograr que sean parte fundamental en el diario quehacer de la docencia.

¿Qué son los perfiles?, y ¿cuáles son los que ha establecido la Secretaría de Educación para la evaluación? Los perfiles son las características o las cualidades que un docente requiere para su eficaz desempeño profesional. Y para ello, la SEP ha señalado, en la primera dimensión, los siguientes: que el docente conozca a sus alumnos en su desarrollo físico, psicológico, emocional; así como en sus fortalezas intelectuales y debilidades; en lo que les interesa y les resulta indiferente; en lo que se les facilita y se les dificulta; en lo que les agrada y desagrada; en lo que les da alegría y provoca tristeza; en lo que les da seguridad y miedo; y que los conozca, también, en su situación familiar, social, económica y cultural. Por otra parte, que sepa cómo aprenden los alumnos; y para tal fin, hay investigadores que sugieren la detección de alumnos con tendencias de aprendizaje auditivas, visuales y kinestésicas; y otros autores recomiendan conocer a los alumnos en su inteligencia comunicativa, lógico-matemática, musical, espacial, cinética, intrapersonal e interpersonal. Y el tercer perfil, de la primera dimensión, consiste en que el docente sepa qué deben aprender los alumnos; es decir, que el maestro, como profesional de la educación, sepa seleccionar los contenidos esenciales de los programas de estudio para la formación efectiva de sus alumnos.

¿Para qué necesita, el maestro, conocer el desarrollo de los alumnos y saber cómo aprenden? La educadora del Jardín de Niños, el docente de primaria, y el de secundaria, debe conocer a sus respectivos alumnos para poderlos guiar de conformidad con lo que cada uno necesita en los procesos de aprendizaje; por ejemplo, si a unos alumnos se les dificulta leer, y a otros se les facilita; a éstos se les deben señalar actividades a realizar para que avancen, en sus estudios, conforme su propia velocidad; mientras el maestro, de manera más cercana, brinda atención personalizada y pertinente a los alumnos que tienen dificultades en la lectura, con miras de que éstos también avancen pero con sus ritmos de aprendizaje. Para ello, en unas ocasiones formará equipos con los alumnos avanzados y otros equipos con los que aprenden con cierta lentitud, para brindar a éstos más y mejores atenciones; y en otras ocasiones integrará equipos mixtos, con la estrategia de que los alumnos más avanzados apoyen a los que tienen dificultades en los estudios; pero siempre bajo el monitoreo y cuidado del docente para asegurar que todos aprendan y avancen según sus posibilidades. De igual modo, al distinguir los estilos de aprendizaje de los educandos, esto permite al docente atenderlos según sus potencialidades; toda vez que los auditivos aprenden tan sólo escuchando la explicación verbal del docente sobre un tema, o escuchando la lectura de un texto; en cambio, los visuales, para aprender, necesitan ver u observar en el pizarrón figuras representativas, gráficas, láminas, diapositivas o dibujos alusivos a los temas de estudio; y los kinestésicos necesitan manipular los objetos de aprendizaje para entenderlos bien. Por ello, conociendo a sus alumnos, el docente debe planear las actividades, organizar el grupo, desarrollar las clases y evaluar los aprendizajes, según las características de sus alumnos. Y para conocer a éstos, es necesario aplicar instrumentos de valoración como tests, cuestionarios, entrevistas, observaciones, entre otros; y sistematizar la información.

No es casual, entonces, que la Secretaría de Educación establezca estos perfiles; pues de éstos depende, en gran medida, el éxito inicial de los educandos en sus aprendizajes. Por tanto, el maestro tiene que incluir, de ya, estos rasgos en su práctica docente de todos los días, para bien de él mismo y de sus alumnos.