Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

Se han escrito muchas páginas y se han hecho diversos comentarios acerca de la Reforma Educativa, casi a diario se mencionan acciones que se están realizando para mejorar los servicios educativos; sin embargo, la Reforma Educativa realmente podrá cumplir sus grandes propósitos cuando se desarrolle, a plenitud, el siguiente perfil: Un docente que se reconoce como profesional que mejora continuamente para apoyar a los alumnos en su aprendizaje.

Es un acierto que la Secretaría de Educación ponga en el centro de atención este perfil, o esta cualidad profesional, para poder aspirar a una verdadera transformación del Sistema Educativo. Pero no es suficiente redactar la idea o la intención para que ésta sea un hecho, las ideas y las intenciones sólo cobran realidad cuando son acompañadas con acciones pertinentes y con recursos que aseguren el logro de lo que se pretende. De no ser así, el pensamiento tan sólo queda como un buen deseo. Es de esperar que las autoridades reaccionen y atiendan con lo necesario para que este perfil detone los cambios esperados.

¿Qué pasaría si el maestro pensara que con obtener altas calificaciones, en la institución donde terminó sus estudios, es suficiente para ser un destacado educador y que su preparación, además, es para siempre? Sería un grave error pensar así, porque las ciencias, las tecnologías y la sociedad, experimentan cambios vertiginosos y ser indiferente a estas transformaciones conduce a estancamientos y serviría de muy poco enseñar, en los tiempos actuales y en el futuro, con las rutinas y herramientas anticuadas. En cambio, cuando el docente, el director y el supervisor, como dice el perfil, mejoran continuamente su profesión, entonces las expectativas, en el ámbito educativo, son de grandes transformaciones y de importantes logros. Por esta razón se subraya la importancia especial que tiene el perfil de mejorar continuamente la profesión magisterial.

Ahora bien, ¿por dónde empezar la anhelada actualización? Mientras las autoridades reaccionan y atienden los requerimientos al respecto, el maestro, individualmente y con sus colegas en la escuela, puede empezar (como lo señalan la Secretaría de Educación y el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación) con un análisis y una autoevaluación honesta de su práctica docente: reconocer los logros que ha obtenido en el proceso enseñanza-aprendizaje y las dificultades que enfrenta en su diario quehacer educativo; así como ubicar, objetivamente, en qué aspectos están las dificultades y qué factores las generan. ¿Están en el dominio de los contenidos?, ¿en la planificación de las clases?, ¿en los enfoques didácticos o formativos?, ¿en el diseño de actividades de aprendizaje?, ¿en las técnicas o en las estrategias didácticas?, ¿en los procesos de evaluación?, o ¿en qué otros rubros?

Una vez detectada la debilidad, o las debilidades, el maestro tiene las siguientes opciones: buscar información en diversas fuentes, interpretar los textos y seleccionar las partes que le sean útiles para aplicarlas y subsanar sus carencias; ser un lector permanente de diferentes textos para su cultura general; emplear, con regularidad, la tecnología de la información y la comunicación en el proceso enseñanza-aprendizaje; enriquecer la comunicación oral y escrita para su mejor desempeño profesional; y, entre otras sugerencias, intercambiar experiencias pedagógicas con los compañeros de la escuela y desarrollar un trabajo colaborativo permanente. En la medida en que el maestro vaya superando las dificultades, en esa proporción mejora su práctica docente y también mejoran los aprendizajes de sus alumnos. La cuestión es tener disposición para reconocer las deficiencias y disposición para superarlas. Teniendo esta actitud, hay grandes posibilidades de que se avance en los propósitos académicos de la Reforma Educativa para bien de los niños, los adolescentes y los jóvenes. Como decían las personas sabias de antaño: “Podrá faltar el edificio de la escuela y podrán faltar los pupitres; pero donde hay un auténtico maestro, ahí la educación de los niños está asegurada”. El maestro, pues, y su mejoramiento continuo, siempre marcarán las mejores páginas en la Historia de la Educación.

De los diez perfiles que la SEP ha señalado para efectos de evaluar el desempeño, éste (el que se está abordando) sería el más importante; toda vez que de la disposición a la actualización permanente se despliegan los demás perfiles y los demás aspectos del saber y del quehacer educativo. Falta mencionar y describir los perfiles de las dimensiones 4 y 5, pero esto depende del espacio que pudiera dispensarnos EL HERALDO, medio de información y de comunicación que ha sido muy generoso con las publicaciones anteriores; por ello, se le expresa una enorme gratitud.

 

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