RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

En Cuernavaca, Morelos, estamos viendo una guerra política verdaderamente encarnizada, sucia y muy rudimentaria, porque si bien la información periodística puede tener algunos errores u omisiones, lo que se alcanza a entender de esta actitud del Congreso de dicho estado, es que no queda muy clara la diferencia entre un juicio de procedencia, un juicio político, y un juicio judicial. Aparentemente todo se deriva de la acusación de un abogado que representa, obviamente, a una parte contraria no definida, que es el abogado Carrancá, según dicen algunas informaciones periodísticas; y entonces no se entiende claramente porqué el Congreso Estatal del Estado libre y soberano de Morelos tiene porqué acatar la petición de un abogado que no representa el interés del ministerio público. Un juicio de procedencia equivale a un juicio de desafuero, pero no es para juzgar a un señor, es para juzgar una situación de la cual se derive la procedencia, o improcedencia, de retirarle la protección constitucional a un presidente municipal para que pueda ser juzgado por una autoridad competente; autoridad competente que no puede ser el abogado Carranca, y que tampoco se entiende si es por haber incumplido el requisito de residencia. ¿Qué tiene que ver el Tribunal Superior de Justicia de Morelos con un delito aparentemente de orden electoral? Creo que ahí hay una enorme mano negra, en donde el señor Rodrigo Gayosso Cepeda, hijastro del gobernador Graco Ramírez le está moviendo el tapete al ex futbolista. Y ya lo ha dicho Cuauhtémoc, que entre Graco y Gayosso están haciendo todo lo posible por hacerlo a un lado.

No creo que Cuauhtémoc sea el temible enemigo político que dice ser lo suficientemente fuerte para que le tengan tanto miedo como para echarlo a un lado, porque estorba en una posible sucesión para el gobierno del estado. Pero lo que sí creo es que hay un gran desaseo en el manejo de todo este procedimiento, sobre todo porque ya había intervenido hasta la Suprema Corte. En este enredo jurídico-político nadie va a salir bien librado, porque lo único que estamos viendo es cómo se puede jugar con las instituciones. Es evidente que el Congreso del estado de Morelos es un Congreso porfirista, porque como decía Don Porfirio Díaz: “Esos pollos quieren su maíz”. Y creo que ya lo lograron, pero también esta catástrofe por la que atraviesa Cuauhtémoc, que aparece inerme ante los medios, que no sabe exponer ni su caso ni su defensa, ni el origen del asunto político y que tiene un viejo disco de 45 revoluciones, rayado, que repite el bien de la gente y lo bueno que él es, cosa que estaría por discutirse y por verse; esto le pega de frente a la figura política del milenio, que son los independientes, porque para cualquiera de quienes no quieren, o no ven con buenos ojos, las candidaturas independientes, podrán decir: “Ahí está el más famoso de los independientes, el más conocido, el hombre que ha llevado la bandera de México y ha llenado de orgullo a la selección nacional, aunque pierda, pero miren nada más ese señor en las que anda, está peor que el Bronco”. Por eso para los promotores de la independencia electoral esto termina siendo un golpe de rebote. Para la institucionalidad y estabilidad política del Estado de Morelos esto es una muestra gravísima del subdesarrollo político de ese Estado, y mire usted que hablar de subdesarrollo político de un Estado de la república mexicana es hablar ¡de lo que está más debajo de lo de abajo! Esto es un sainete impresentable. No se sabe si sea responsabilidad de Graco Ramírez lo que está pasando, pero sí debería ser su responsabilidad actuar políticamente para que estas cosas no pasaran. Porque un gobernador tiene muchas herramientas para conducir y para hacer política. Graco sí sabe hacer política. Cuauhtémoc no sabe hacer política ni va a aprender, ya no está en edad. Lo que sí estamos viendo es que lo único cierto que dijo Cuauhtémoc Blanco es: “Yo veo cómo progresa Puebla, Monterrey, Guadalajara y mientras tanto Cuernavaca está hundida en el pantano de la degradación política desde hace mucho…mucho tiempo”.

LA CULTURA DE LUTO: FALLECIÓ RAFAEL TOVAR Y DE TERESA

La madrugada del sábado 10 de diciembre falleció Rafael Tovar y de Teresa, lo cual fue una notable pérdida para  el gobierno, por su calidad de Secretario de Estado, pero es una pérdida en general para este país porque se trata de un hombre cuya trayectoria en el servicio público fue siempre impecable, no se le supo ¡jamás! una desviación en su línea de conducta, en ningún sentido; fue un hombre responsable, respetable, respetado, y logró armonizar los intereses no siempre sutiles de los elementos que conforman las áreas de la creación en México, el Patrimonio Nacional Cultural, y también la responsabilidad de fomentar la creación, la conservación, la promoción, la divulgación de obras culturales de actos que tienen que ver con la definición nacional, con la identidad y con el conjunto de las cosas que todos hacemos y que se llaman en un término amplio y envolvente: la cultura.

Rafael Tovar y de Teresa fue un hombre que construyó muchas cosas interesantes, una de las que hizo fue el escenario en donde fue el homenaje que el gobierno de la república le rindió en el Centro Nacional de las Artes.

La manera como él desarrolló su trabajo debería terminar con esa vieja polémica de quién es el propietario de la cultura. La cultura nacional no tiene propietario. Tendrá en algunos casos la responsabilidad del gobierno para su conservación, para su promoción, para su divulgación, etc. La cultura es un hecho de todos. Es un acumulado histórico que nos pertenece a todos los mexicanos, y solamente un hombre con buena sensibilidad puede entender, armonizar intereses y permitir que todos los grupos participen. La cultura no tiene propietario, no es el gobierno el dueño de la cultura. La cultura es propiedad de todos los mexicanos. De los que la crean, de los que la disfrutan de los que participan en ella, y ese es el ejemplo, la herencia, que deja, como Torres Bodet, Vasconcelos, Ignacio Manuel Altamirano, Justo Sierra y como tantas personas que en este país han hecho de la consolidación de la identidad nacional un elemento imprescindible de la cultura.

El gran intento de Rafael Tovar y de Teresa, ya como primer secretario de cultura en los tiempos modernos, fue arrebatarle a la burocracia justamente este patrimonio que es de todos los mexicanos, poniendo por delante los valores de la cultura y no el esquema de la burocracia. Un tema muy difícil.

Ahí, en la Secretaría de Cultura, hacía falta un hombre que tuviera conocimientos culturales, capacidad de negociación y, sobre todo, tacto. Por eso no nos extraña que un diplomático haya estado ahí para hacer las cosas como decía que se tenían que hacer. Un puño de hierro envuelto en un guante de terciopelo.

Por último, estimado lector, reciba mis mejores deseos para que esta Navidad  le envuelva alegremente junto a los que más quiere y que el Año Nuevo le signifique progreso pero sobre todo esperanza. ¡Felicidades! Nos leeremos, Dios mediante, hasta el domingo 8 de enero.

 

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