RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

La semana pasada el diputado del Partido Verde Ecologista de México, Sergio Augusto López Ramírez, fue protagonista de una nota que alcanzó nivel nacional por la ligereza en que se manifestó en la tribuna más alta de nuestro Estado. Para la alocución que dirigiría esa mañana a sus compañeros diputados, se inspiró, según lo manifestó él mismo, en un dicho del “Filósofo de Güémez”. El Filósofo de Güémez fue el Dr. Ramón Durón Ruiz, tamaulipeco él. Esa mañana se estaba discutiendo el derecho a la vida, desde la concepción hasta la muerte natural y el diputado subió a la tribuna a defender ese derecho a la vida, sin embargo, fue muy desafortunada y prosaica su intervención. La comparación que hizo el diputado fue burda y vulgar y para acabarla de completar, hasta con una seña obscena. En lo personal nunca había visto una participación del diputado del Partido Verde en la tribuna, ahora sí que como pudiera haber dicho el Filósofo de Güémez: “Porque nunca he ido a una sesión al Congreso”. Pero de cualquier manera uno se informa por diferentes medios sobre el trabajo legislativo y las participaciones en tribuna de los diputados y el viernes 12 de este mes el Congreso local fue noticia nacional por la participación de este diputado. La mayoría de los medios de comunicación dieron a conocer la nota, incluido el video de la participación de López Ramírez que trataba de convencer a sus compañeros diputados que el bebé en gestación que llevan las mujeres no es de ellas. ¡Es una vida!, Dijo con énfasis el diputado en la sesión en donde al final de cuentas se aprobó la Ley contra la legalización del aborto. Los medios nacionales hicieron “garras” al diputado. La avalancha de críticas se le vino encima, con justa razón. Los columnistas más importantes, así como las cadenas más importantes de radio y televisión sacaron la nota y la población la vio probablemente sin mucha sorpresa pues la gran mayoría de representantes populares son así, faltos de cultura y civismo. Y lo estamos viendo ahora que está en su apogeo en todo el país la selección de candidatos a diputados federales, diputados locales, alcaldes, regidores, gobernadores, etc. Y un ejemplo clarísimo de la política en México es la aberrante selección de MORENA de Félix Salgado Macedonio como su candidato al gobierno de Guerrero, luego de que tiene varias acusaciones por ¡violaciones a mujeres! Y él tan campante. Los partidos políticos no han aprendido de los errores, muchos de ellos gravísimos, de sus representantes populares, pues a pesar de todos sus actos de deshonestidad en todos los sentidos, los siguen postulando. Aberrante es el sistema político mexicano actual que de golpe y porrazo mandó al diablo el postulado revolucionario que incluso le costó la vida a Francisco I. Madero de “Sufragio efectivo, no reelección”. Los voraces políticos mexicanos a la chita callando fueron cambiando ese axioma y con la finalidad de hacerse eternos en los cargos de elección popular, lograron ir cambiando la Constitución para poder eternizarse en los cargos, tal es el caso de Sergio Augusto López, que lleva varios trienios en el Congreso y que aún sin terminar el actual ya está presto a ocupar una curul federal en la próxima legislatura. Lo interesante de esto es que el dueño del Partido Verde en Aguascalientes nunca ha logrado una victoria en las urnas, pues siempre ha sido diputado por la vía plurinominal, o sea que ha gozado de las delicias del sistema político que se originaron con la Ley LOPPE cuyo padre fue Don Jesús Reyes Heroles en el sexenio de José López Portillo. Hasta antes de esa ley los partidos opositores al PRI no tenían muchas posibilidades de acceder a las cámaras parlamentarias, tanto locales como federales. Pero esa ley permitiría que los diferentes partidos políticos accedieran a las cámaras con base en un porcentaje de los votos obtenidos, aunque no ganaran la elección, asegurando así la presencia de todos los partidos en las cámaras. Y a partir de ahí, la Cámara Baja que tenía sólo 186 diputados se aumentó a 400. En la actualidad la voracidad de los políticos mexicanos la tiene en ¡500 diputados!, lo cual es una carga muy pesada económicamente hablando para el país, y la mayoría de diputados sólo son comparsas que inclinan la cerviz ante la línea que les marcan sus dirigentes, pero nunca en beneficio de los electores de sus distritos.

Y precisamente hoy estamos viendo cómo se reparten el pastel los mandamases de los partidos, observamos que los zánganos de la política son los que ocupan las primeras posiciones en las listas plurinominales, para que, como el diputado aguascalentense que hoy es noticia a nivel nacional, obtengan una curul sin hacer campaña. México no cambia ni cambiará. Quienes creían que López Obrador vendría a reivindicar el sistema político mexicano, empezando por su partido, deben estar muy desilusionados. Los que desde un principio sabíamos cómo “masca la iguana” no podemos llamarnos sorprendidos y el ejemplo de Félix Salgado Macedonio, que, contra viento y marea, pero que con la bendición del “Peje” va a llegar al Gobierno de Guerrero, nos indica que todo está cambiando para que todo siga igual. Sergio Augusto no es más que un afortunado de la política que a pesar de sus decires seguirá pegado a esa ubre legislativa. La verdad no tiene la culpa el indio, sino quién lo hace compadre. Lo de López Ramírez sí fue de pena ajena.